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Peleas de carneros en Túnez

Es como la Liga de Campeones, pero con chivos.

por Venetia Rainey
17 Abril 2012, 2:15am

En el tercer piso de un edificio de concreto, en una de las zonas desoladas de Túnez, hay seis hombres y 12 carneros que quieren ser escuchados. Los hombres me intentan explicar que las peleas de carneros son uno de los deportes más viejos y populares en la República Tunecina, pero los gladiadores parecen querer arruinar la historia. Los animales, encadenados e inquietos, llenan la habitación con sus balidos. Es chistoso, suena como si estuvieran ladrandado, rebuznando y eructando al mismo tiempo.

“Es una larga tradición en mi familia”, dice Alí, un joven regordete de 26 años con unos jeans apretados y una chamarra verde chillante. "Está en nuestra sangre". Hay peleas de carneros todos los domingos en la capital tunecina, pero la pelea de hoy es el equivalente a la final de la Liga de Campeones.


Armando, el Maradona de los carneros tunecinos.

“Así como Diego Maradona ganó el Mundial de futbol, hoy Armando se convertirá en el campeón de su deporte", alardea Alí, mientras agarra por el cuerno a su carnero blanco, a quien bautizó con el nombre de Maradona. "Hoy lo verás, se mueve como un artista. Incluso le di un estilo especial". Me señala la espalda rapada y los único mechones de pelo anaranjados que tienen sobre ella.

Los seis hombres le sonríen a Armando con aprobación. Él les devuelve la mirada con una expresión inescrutable.

Las peleas de carneros se toman muy en serio en Túnez. La mayoría de los equipos cuentan con un doctor, un entrenador y un caballerizo. Los campeones requieren de una dieta especial y mucho ejercicio, y suelen correr dos o tres kilómetros al día. La gente se refiere a los animales como atletas, y se les compara con los jugadores de futbol y boxeadores más famosos. Cuando les digo que no me parecen tan agraciados ni hábiles como estos últimos, los dueños sólo agitan la cabeza con incredulidad.



El oponente de Alí es un hombre más viejo y pequeño, con una actitud más filosófica frente a la pelea a pesar de que su carnero tiene menos experiencia. "Claro, tengo miedo por mi carnero. Lleva tres años conmigo y ahora es como uno de mis hijos". Salim hace una pausa para limpiarse la tierra de los ojos. "Pero lo hacemos para complacer al público. Por eso prefiero las peleas largas, para que las personas puedan apreciarlo".

Por suerte para Salim, las peleas rara vez resultan en la muerte. A diferencia de los perros y los gallos, los carneros no pelean hasta la muerte, así que depende de cada animal si decide darle de cabezazos al otro hasta que se rinda o simplemente lo empuja fuera del cuadrilátero. Las peleas duran entre cinco y diez minutos, hay un jurado y un réferi, cuyo trabajo es separar a los animales cuando sus cuernos quedan enredados.



La tensión que se produce justo antes de cada choque es como si alguien estirara una liga al límite frente a tu cara. Los animales se alejan lentamente uno del otro, sin dejar de verse. Entre más se alejan, más aumenta la tensión, y más impresionante es el choque. Los dueños permanecen cerca de sus peleadores durante toda la pelea, motivándolos con pellizcos y palabras de aliento.

Dada la ausencia de muertes sangrientas y el poco dinero que hay en juego, sería normal pensar que se trata de un fenómeno único de Túnez. Sin embargo, este deporte se practica en lugares tan diversos como Indonesia, China, Nigeria y Yemen, y en ciertas ocasiones tiene un aire más oficial.



Conforme la multitud se acumula en un campo de futbol por la tarde, queda claro que el principal objetivo de este deporte es socializar. Es un espectáculo muy tunecino. Los adolescentes en motocicletas pasan a toda velocidad junto a los padres con sus hijos, mientras los más viejos se pelean por las sillas de plástico.

Veinte minutos más tarde, Armando está herido y se aleja nerviosamente de su contrincante. El duelo terminó. Alí se lleva a su carnero abatido del lugar, mientras Salim recibe un pequeño trofeo plateado de los jueces, sus brazos se elevan victoriosos hacia el cielo.



"¿Te sientes mal porque el otro carnero terminó tan mal?", le pregunto. "¿Es un deporte cruel?"

“Los carneros salvajes pelean entre ellos”, dice Salim, acariciando la cabeza de su campeón. "Nosotros sólo los organizamos, los alimentamos, los limpiamos. Tienen hasta un doctor que cuida de ellos. ¿Cómo va a ser eso cruel?"

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