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Es surreal que Salvador Dalí haya sido un fascista que golpeaba mujeres

​En su constante búsqueda de fama y fortuna, el amado pintor surrealista "abusaba" de sus admiradoras de 19 años y apoyaba al dictador español Francisco Franco.

por Lauren Oyler
15 Octubre 2015, 3:00pm

Este artículo fue publicado originalmente en Broadly, nuestra plataforma dedicada a las mujeres

Los recuerdos duran para siempre, aunque de forma errática. Ese es el mensaje del cuadro que pintó Salvador Dalí en 1931 llamado La persistencia de la memoria y es lo que nos enseña el legado del pintor surrealista. Los chicos adolescentes que algún día van a dirigir corporaciones multimillonarias babean por Dalí y su elevación teórica de la aversión al arte sin considerar el hecho de que era un ser humano narcisista y cruel.

Al conocer su historial de escándalos de abuso sexual y doméstico, robo intelectual y racismo explícito, la gente se pregunta constantemente si es posible separar el arte del artista. El mensaje implícito en esta pregunta, que en general se expresa como un alarde filosófico, es: ¿no podemos simplemente disfrutar nuestras canciones pegajosas, pinturas de relojes y oraciones bien escritas sin tener que pensar en el sufrimiento que provocaban sus creadores? En el caso de Dalí —un hombre desagradable que practicaba la necrofilia, maltrataba a los animales y a las mujeres, era fascista, avaro y estaba obsesionado con él mismo— es algo imposible.

Salvador nació en una familia de clase media en España en 1904 y era increíblemente ambicioso desde una edad temprana, según su autobiografía La vida secreta de Salvador Dalí. "A los seis años quería ser cocinero", empieza con modestia. "A los siete quería ser Napoleón. Y desde entonces, mi ambición no ha dejado de crecer". Este libro de casi 400 páginas ilustra, de forma literal y figurada, cómo un hombre creó un método para hacer arte llamado "paranoia crítica", el cual consiste en tener acceso al subconsciente y desarrollar las fantasías, deseos y recuerdos que en él se encuentran para conservar tanto la cordura y como la locura al mismo tiempo. Y después pintar lo que se ve.


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En mi opinión, es ilógico tratar de separar la personalidad y el comportamiento de Dalí de sus pinturas porque su obra trata sobre las inquietudes (masturbación, necrofilia) que menciona en su autobiografía; le temía a los genitales femeninos (hasta que conoció a su musa, Gala) y prefería masturbarse frente a un espejo. Las piezas como Cráneo atmosférico sodomizando a un piano de cola están cargadas con simbolismo sicológico: ¡la muerte es una chaquetota mental para los artistas! (También dijo al periodista británico Mick Brown que "no creía morir de ninguna forma") Algunas de sus travesuras contra la autoridad son interesantes. Por ejemplo: una vez condujo un Volkswagen cubierto de hierba por todo París; en otra ocasión dio un discurso en un traje de buceo y casi se muere. Otras acciones, a menudo al servicio del arte, fueron muy crueles: cuando Dalí colaboró con Philippe Halsman (que también escribió un libro sobre el bigote de Dalí) para crear la icónica foto Dalí Atomicus, el proceso requirió 28 intentos, lo cual habría estado bien de no ser porque cada intento significaba lanzar tres gatos al aire y aventarles cubetas de agua. (Además, Dalí tenía un ocelote como mascota llamado Babou, lo cual no es muy ético.)

"Dalí Atomicus", Philippe Harsman, 1948. Foto vía Wikipedia Commons.

El pintor amado también fue violento. En su autobiografía, Dalí describe cómo a los cinco años de edad empujó a un niño de un puente colgante; a los seis, pateó a su hermana de tres años en la cabeza "como si hubiera sido una pelota". Pero no era por la falta de consciencia de la niñez. La crueldad de Dalí continuó conforme creció; cultivaba admiración sólo para asquearse de aquellos que terminaban admirándolo. Durante su adolescencia, jugó a una chica que estaba enamorada de él por cinco años, la besaba y tocaba para excitarla y después se negaba a darle más. Cuando tenia 29 años, atacó a una chica que comentó lo bellos que eran sus pies descalzos —"es verdad que su insistencia en ese asunto me resultó estúpida"— y sus compañeros tuvieron que "separarla, sangrando", de sus garras.

Pero espera, ¡hay más! Justo cuando expulsaron a Dalí de la universidad, el poeta francés André Breton también lo expulsó del Grupo Surrealista de París por ser un pendejo en la política. Dalí se negó a adoptar el espíritu del Marxismo y expresó su simpatía por Hitler, aunque según Eric Shanes en su biografía Vida y obras maestras de Salvador Dalí, lo de Hitler sólo era "porque el pintor deseaba ofender a Breton". En ese caso, se podría decir simplemente que su actitud era horrible. Sin embargo, más tarde se confirmo la postura fascista de Dalí cuando dijo que el dictador Francisco Franco era "el héroe más grande de España" (estaba a favor de los campos de concentración y fue responsable de la muerte de entre 200 y 400 mil personas) y pintó el retrato de su hija montando un caballo. Según Brown, quién pasó un fin de semana completo con Dalí en 1973, años después, el artista confesó que estaba de acuerdo con un sistema ideal de gobierno con las siguientes características: "¡Un rey que gobierne el país con fuerza y acabe con la anarquía! Un gobernante, el más autoritario posible, con una corona decorativa y simbólica para que salga en todas las portadas de todas las revistas".


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Breton bautizó a Dalí con el apodo de "Avida Dollars" por su codicia, un apodo bien merecido. En la década de los 70, Dalí pidió 100 mil dólares por hora para actuar como "el emperador del universo" en Dune, el proyecto ambicioso y fallido de Alejando Jodorowsky. En la década de los 80, poco antes de la muerte de Dalí, se descubrió que cometió incontables fraudes al inundar el mercado del arte con su firma. Lo que hacía era firmar hojas en blanco para que los falsificadores imprimieran imitaciones de sus pinturas y pudieran venderlas.

Con tantas cosas en su contra, me pregunto: ¿era real? No sabría decirlo. Queda claro que, en parte, el objetivo de La vida secreta de Salvador Dalí es generar una discusión de recuerdos falsos y fantasiosos; algunos diseñados para volverse famosos. Los análisis literarios de preparatoria señalan la consciencia evidente que imprime Dalí en el tono de su autobiografía: Los títulos de los capítulos ("Autorretrato anecdótico", "Falsos recuerdos de la infancia", "Verdaderos recuerdos de la infancia") son autorreferenciales y el título imita la forma de describir los escándalos de alguien más. Sin duda, en la reseña (negativa) que escribió George Orwell sobre el libro, dice que la "maldad" de Dalí, ya sea real o imaginaria (aunque real por su peligrosa influencia), era una estrategia corriente del artista para acercarse y superar a Napoleón. Tal vez, hasta cierto punto, su bigote peinado hacia arriba era una herramienta, no solo para verse extravagante, sino para que lo reconocieran en todos lados. Después de todo, cuando se bajó de un auto en Barcelona, en la calle de Las Ramblas, "respondió a los aplausos y gritos de 'maestro' de los transeúntes saludando con la mano al estilo de la realiza", describe Brown.

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