Federico Gama

En su serie Cholos de Nezayork, Gama retrata el mundo de las pandillas de Nezahualcóyotl.

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ago. 6 2014, 3:00pm

Todos hemos visto el famoso meme de San Juan Cholo donde un joven indígena con un paliacate en la frente y una playera de la virgen de Guadalupe nos dice que no nos pasemos de verga, pero pocos saben que esta foto es parte de la obra de Federico Gama (1963), fotógrafo mexicano, quien ha dedicado gran parte de su vida a documentar las culturas alternas en nuestro país, esas que si no fuera por el ojo de Gama habrían quedado ocultas o simplemente ignoradas.

Hace un par de semanas nos vimos para platicar sobre su incursión en el mundo de las pandillas en Nezahualcóyotl y su serie Cholos de Nezayork.

VICE: ¿Cómo comienzas en la fotografía?
Federico Gama:
Entré a la fotografía por casualidad. Realmente quería dedicarme a la pintura y a la escultura. Trabajaba tallas y formas tridimensionales desde muy chavo. Ése era mi camino seguro.

Por azares del destino, cuando quería entrar a la Escuela Nacional de Pintura y Escultura hubo un cambio en los planes de estudio y se conviertieron en estudios universitarios, por lo que yo necesitaba estudiar la preparatoria.

Dejé de estudiar tres años y me fui a la vagancia. Yo vivía en Tacubaya y durante este tiempo fue cuando entré a la pandilla; yo era muy agresivo y sabía boxear. Era el jefe de la banda de los Vikingos, siempre traía a cinco o seis chavos a mi mando. Justo cuando entré a la prepa, me pasaba algo muy curioso, uno pensaría que un chavo banda que entra a los 18 años cuando la mayoría tienen 15 llegaría de gandalla, era tierra fértil para ser un porro. Habría sido muy fácil seguir en el desmadre pero me daba miedo entrar. No me daba miedo enfrentarme a otro cuate, andar en balaceras o en madrizas campales, pero sí me daba miedo estudiar.

Después entré a estudiar comunicación. Nunca había agarrado una cámara, fue hasta el final de la carrera cuando pensé en probar, y a partir de ese momento no he dejado de hacer fotografía.

Para mi la cámara fue un descubrimiento muy importante. Estaba el movimiento estudiantil en la universidad. Yo era muy de izquierda, bueno sigo siéndolo. En ese momento era representante de los estudiantes de mi escuela. Comencé a hacer fotos de las manifestaciones. La primera que me tocó es la del 1 de mayo del 86. Las hice sin ningún conocimiento de técnica ni de nada, el día estaba nublado, así que no necesité moverle mucho y todas salieron bien. Desde ese momento todo fue fortuito hasta que terminé la carrera. Después comencé a escribir sobre artes plásticas y fotografía en el periódico El Financiero. Les pedí que me dejaran hacer foto, pero me dijeron no, que yo escribiera. Así que tuve que dejar de escribir y me dije a mi mismo, "hasta que no viva de la fotografía no voy a hacer otra cosa". Ahí fue cuando asumí mi profesión como fotógrafo documental.

Entonces fuiste pandillero, ¿Cómo se refleja esto en tu trabajo?
No me di cuenta sino hasta que escribí la introducción de mi libro "Mazahuacholoskatopunk", y empecé a hacer una recapitulación de por qué carajos hice esto. Ahí me di cuenta de cómo fue mi relación con el barrio, y de quién era yo. Mi trabajo es casi autobiográfico porque me voy encontrando a otros jóvenes que de alguna manera pasaron por esto o están pasando por el mismo proceso por el que yo pasé.

¿Cuál es el tema de tu obra?
Son tres temas: la identidad, la vestimenta como forma de expresión y las migraciones culturales.Trato de ligar mis proyectos de manera que cuando termino uno, el siguiente ya está enrolado. Uno me obliga a hacer el otro y los voy haciendo de manera mecánica.

¿Cómo llegas a los cholos de Neza-York?
Estaba trabajando un proyecto en Tepito sobre el tatuaje. Busqué un perfil, gente que de alguna manera estuviera vinculada con la cárcel. Fui a Tepito porque esos cuates tienen una relación muy estrecha con la prisión. Pronto me di cuenta que lo que estaba haciendo era muy de catálogo. Mientras hacía las fotos me di cuenta que había historias. Observé que la gente se tatúa algo por una idea, aunque después es más interesante el diseño o la propuesta. Así comienzo el proyecto Historias en la Piel.

Fue durante este proceso cuando me encuentré a un cholo de Neza . Me llamó la atención, así que le pedí que me contactara con la banda para poder hacer fotos con ellos. Fue muy difícil porque los cholos son muy cerrados. Con los que comencé a trabajar estaban armados, pero traían unas ideas muy interesantes.

Más adelante conocí a otro chavo que realizaba sólo tatuajes cholos, así fue como comencé a meterme en este mundo, a conocer sus clicas y sus barrios. Esa fue la parte difícil.

El cholo es como una caricatura de sí mismo o como un espejo de la cultura en Los Ángeles, así que cada vez que les quería hacer una foto posaban como si fueran gángsters del este de LA. Yo no quise pelearme con esta idea y fue muy interesante para mi replantear la manera en que se hacía el foto-documentalismo en donde tú no debes de tocar nada ni mover nada del personaje. Yo les preguntaba cómo querían aparecer en la foto. Yo controlé la iluminación, los fondos, pero ellos decidían cómo salir en sus retratos. Eran fotografías documentales, pero finalmente el discurso estaba integrado entre el fotografiado y el fotógrafo.

¿En qué año fue?
Comencé justo el 2 de noviembre del 96.

¿Cómo te ganaste su confianza?
Lo difícil era que ellos supieran qué onda conmigo, que yo no los iba a traicionar, y que ellos no me iban a traicionar tampoco. Sobre todo en la foto en la que me están apuntando con las pistolas. Es muy simbóloca. Esos cuates igual le tiran, me matan y no pasa nada. Pero ya había un nivel de confianza en donde yo sabía que ellos no me iban a disparar y ellos sabían que yo no iba a denunciarlos. A mí me interesan los procesos culturales por los que están pasando, las ideas que tienen y sus prácticas cotidianas. También me tocaron momentos en los que decían: vamos y les pegamos a unos para que les tomes fotos; yo jamás iba a hacer eso. Me tocó que a un chavo le dieran un balazo, entonces tomé fotos. Pero no iba a provocar situaciones de ese tipo, porque te amarras de más, te enganchas. Ética y moralmente no tiene ningún sentido.

Cuando voy con un grupo, no me visto como ellos, ni quiero mimetizarme. He visto mucha gente, sobre todo antropólogos, que se visten con pantalones de manta y cosas así como para generar empatía. Yo creo que desde el momento en el que comienzas a compartir cosas con ellos, como fumar mota o embriagarte, corres el riesgo de que te golpeen, porque ya eres igual.

Cuando les comencé a tomar fotos me decían que sólo del brazo, que no querían que les tomara la cara. Luego regresaba con la foto impresa en papel y me pagaban 3 pesos por la impresión; a mi no me interesaba venderlas, sino que ellos entendieran que estábamos estableciendo una relación profesional. Si se las hubiera regalado, ellos hubieran entendido otra cosa y hubieran cuestionado mi intención.

¿Me puedes contar un poco de la balacera que se suscitó a partir de tus fotografías?
Fue por el 98 o 99. Fuimos al canal 11 para hablar del fenómeno de las bandas. Yo estaba trabajando este proyecto. Abordaríamos el tema en términos muy generales, Yo hablaba de cómo era la situación del día: estos chavos tienen el control de los barrios, y son 50 o 60 bandas masivas. No son como en el oeste de Los Ángeles que son como 8 o 10 los de la pandilla, aquí pueden ser 50 ,100, 200, 500. Dije que si el narco se diera cuenta de esto, los iba a utilizar como vendedores, por lo que había que tener cuidado con la situación. Hablar de eso en televisión ocasionó que a mi cuate le fueran a disparar a su casa. Me habló y me dijo: se puso cabrón en el barrio, está muy caliente el asunto.

Pasaron dos años y él seguía amenazado. Sintió la mala vibra, la agresión y no sabía en qué momento iba a estallar. Mejor se fue.

Son cosas que tienes que mediar y respetar, porque si no el siguiente eres tú. Y eso es neto, estos chavos sí matan.

¿Sigues teniendo relación con alguno de ellos?
Prácticamente no. Es muy fácil para ellos localizarme o encontrarme. De hecho de repente me dicen por Facebook: Oye Gama, ven a hacerme unas fotos, ahora estoy en esta onda, ¿por qué no vienes? Pero a veces se me complica y no puedo contestar. Ya son señores. Del 96 a la fecha ya pasaron casi 20 años. Ya es otra cosa, ya tienen familia, algunos se fueron a Estados Unidos y muchos otros fallecieron.

¿En qué estás trabajando actualmente?
Estoy trabajando en dos proyectos de manera paralela, uno sobre la marcha gay. En el otro, voy a fotografiar por doce años el día doce del mes doce durante doce horas. Creo que cuando termine se va a llamar "Doce D, El Peregrino". No soy católico, ni soy devoto de la Virgen de Guadalupe, pero me interesa saber por qué la gente está ahí. Lo que estoy haciendo es retratar chavos que tienen que ver con culturas juveniles o tribus urbanas.

Considero que la Virgen de Guadalupe es un eje de identidad de muchas manifestaciones en las que he trabajado y de la cultura del país. Ahí van cholos, emos, Mazahuacholoskatopunk, darquetos, punks skatos, casi de todas las tribus urbanas, todos con su imagen de la Virgen de Guadalupe. Llevo siete años, me faltan cinco pero ese proyecto ahí estará.

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