Cultura

Las drogas psicodélicas pueden sanar células cerebrales

“Este es el primer estudio que apoya la hipótesis de que los psicodélicos son capaces de alterar la estructura neuronal”, según el Dr. David Olson, líder de la investigación.

por Sergio Pérez Gavilán
25 Septiembre 2018, 7:02pm

Artículo publicado por VICE México.

Hace un par de meses, después de andar un poco triste, le pregunté a 3 científicos, un neurólogo, un psiquiatra y una especialista en neurociencia si es posible morir por culpa de un desamor. En él, la Dra. Karla Rojas, neurocientífica, me explicó brevemente cómo funciona el cerebro en cuanto a los neurotransmisores como serotonina y dopamina, es decir, las sustancias que segrega nuestro cerebro para hacer conexiones relativas con las emociones, y cómo las recibimos o interpretamos. Un déficit en la producción de cualquiera de éstos neurotransmisores, según me comentaba Rojas, es uno de los síntomas más comunes de la depresión o choques traumáticos que impiden el "flujo libre” para hacer nuevas conexiones que nos permiten estar sanos emocionalmente.

Un nuevo estudio sobre neurotransmisores, sinapsis cerebral y plasticidad podría mostrar que la salida a esos déficits se podría encontrar en las drogas psicodélicas. Los fines terapéuticos, ceremoniales o religiosos de las experiencias psicodélicas es una constante que ha aparecido incontables veces en la historia de las civilizaciones índígenas —mexicanas y de otros lugares del mundo—, siempre anclados a que pueden transformar la percepción del individuo que las consume, sobre el mundo que lo rodea y de sí mismo.

Después de décadas de prohibición que han limitado el acceso, estudio y uso científico de compuestos como el DMT, LSD o anfetaminas (DOI), ahora existen estudios científicos que pueden hacer frente a los usos y fines que pueden tener en medidas controladas dichos compuestos. Un ejemplo de dichos estudios, usando una muestra de 14 personas con trastornos depresivos, probó de manera constante que éstos cambiaron su percepción política a partir de el uso controlado de la psilocibina —compuesto psicoactivo en los hongos alucinógenos—, convirtiendo ideas autoritarias o fascistas en posturas más liberales o en pro del medio ambiente, por ejemplo. Y ahora, según una investigación publicada por la Universidad de California, liderada por el Dr. David Olson, también se puede apreciar cómo es que a nivel neuronal las sustancias psicodélicas pueden generar o recrear actividad en el córtex prefrontal del cerebro, región cerebral encargada de regular las emociones.

El estudio titulado “Los psicodélicos promueven la plasticidad neural estructural y funcional”, publicado en Cell Reports se buscó resolver los efectos que tiene a nivel neuronal sustancias como el LSD, DMT y DOI, y si de manera similar a la Ketamina podrían funcionar como un estimulante de conexiones neuronales para generar sinaptogénesis, es decir, puentes entre neuronas en el sistema nervioso central y spinogénesis donde nacen estructuras que ayudan a soportar los impulsos eléctricos entre las sinapsis cerebrales, y neuritogénesis o, en términos muy básicos, la creación de neuronas en desarrollo.

En los resultados del estudio se lee: “Aquí, reportamos que, como la ketamina, los psicodélicos serotonérgicos son capaces de incrementar robustamente neuritogénesis y/o spinogénesis tanto in vitro como in vivo. Estos cambios en la estructura neuronal son acompañados por incrementos de sinapsis, tanto en número como función, según medido por fluorescencia microscópica y electrofisiología. (...) Nuestros resultados resaltan el potencial terapéutico de los psicodélicos e, importantemente, identifican muchos caminos para la química medicinal en desarrollar compuestos que promuevan la plasticidad y sean seguros, efectivos y rápidos para tratar depresión y desórdenes relacionados”.

Para llevar acabo su experimento, el equipo del Dr. Olson usó pruebas in vitro e in vivo, sobre células cerebrales de humanos, ratas y moscas, encontrando que las sustancias consistentemente aumentaron conexiones cerebrales en cada uno de los sujetos de investigación. “La ketamina ya no es nuestra única opción”, comentó Olson. “Nuestro trabajo demuestra que hay un número de distintos andamios químicos capaces de promover la plasticidad como la ketamina, proveyendo oportunidades adicionales para la medicina química”.

Tal y como se dice en el estudio, la relevancia de probar científicamente —y en ámbitos controlados— los efectos de estas drogas puede comenzar a desmitificar su uso y aproximación histórica: “Siempre se había asumido por evidencia indirecta que los psicodélicos promueven plasticidad neural funcional y estructural. Los datos presentados aquí proveen evidencia directa de esta hipótesis, demostrando que los psicodélicos causan cambios estructurales y funcionales en neuronas corticales”. En cuanto al lapso de tiempo que las drogas actuaban sobre el cuerpo de los sujetos, también se probó que los cambios son más duraderos que el tiempo que la sustancia está activa. Resaltando especialmente el caso del DMT, donde sus efectos duran tan sólo 15 minutos, el equipo logró probar que los cambios generados en la actividad neural de las ratas eran más duraderos y persistentes que el efecto, incluso notando el incremento de espinas dendríticas y neuronas piramidales 24 horas después de la dosis.

Nada de esto significa o prueba que consumir cualquier droga psicodélica vaya a sanar a un individuo de una depresión, o que lo pudiera hacer más inteligente por “recuperar” conexiones neuronales perdidas. Lo que sí es un enorme avance en la historia clínica de los tratamientos e investigaciones con drogas psicodélicas, es la cercanía nunca antes vista de poder terminar con la satanización de estos compuestos y acercarnos al potencial terapéutico de su consumo responsable.


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