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¿Qué tan seguro es compartir tu cuenta de Netflix o de HBO Go?

El impulso detrás de nuestra disposición para compartir nuestras contraseñas de Netflix o HBO Go con otras personas podría estar mentalmente pre-programado.

por Sarah Emerson; traducido por Paola Llinás
17 Noviembre 2018, 3:30pm

Imagen: Shutterstock 

Artículo publicado originalmente por Motherboard Estados Unidos.

Internet está lleno de preguntas sobre los protocolos para compartir contraseñas ¿Quién tiene custodia del acceso a Netflix? ¿Es correcto usar la cuenta de HBO Go de la antigua pareja de la madre de tu amigo?

Actualmente, el 74 por ciento de estadounidenses comparten cuentas de streaming y cuentas on-demand como Hulu y Uber, de acuerdo a un estudio de 2018 por el Country Financial. Este año, un estudio diferente realizado por la firma de medios Magid, encontró que el 35 por ciento de millennials comparten contraseñas para servicios de streaming como Netflix.

Compartir contraseñas es un fenómeno que se da constantemente, entre parejas románticas, amigos, familiares, e incluso extraños. Pero a medida que mejores prácticas de seguridad se vuelven necesarias, y con buenas razones considerando los recientes escándalos de privacidad, ¿por qué tantas personas salen del paso y se vuelven tan flexibles cuando se trata de sus accesos?

"Compartir entre individuos es un fenómeno muy antiguo", le dijo a Motherboard Cait Lamberton, una profesora asociada de mercadeo e investigadora de comportamiento del consumidor en la Universidad de Pittsburgh.

"Es un impulso que probablemente está mentalmente programado, solo es más sencillo actualmente. Con información, [como el contenido con paywall], a lo que uno está renunciando no es necesariamente escaso", dijo Lamberton.

Numerosos estudios han probado la pregunta: ¿Compartir nos hace más felices? Gastar dinero en otros, compartir comida e incluso emociones puede mejorar nuestro estado anímico, según sugieren investigaciones. Eso pasa porque el altruismo, que es en ocasiones "contrario a nuestro propio interés individual", podría estar asociado con las regiones cerebrales asociadas con el procesamiento de recompensas y el placer, según neurocientíficos que han investigado tal comportamiento.

Lamberton teorizó que las amenazas de privacidad relacionadas con compartir contraseñas se sienten abstractas, "y no son particularmente motivantes". Pero el resplandor cálido de enganchar a alguien con acceso a HBO es "muy tangible".

Independientemente, la ciberseguridad importa cuando, digamos, las plataformas filtran información de los usuarios. Muchos adultos reutilizan sus contraseñas a pesar del estallido de filtraciones de datos en la historia reciente. Y mientras puede que no te importe que tu acceso desechable a Yahoo esté comprometido, si utilizas la misma cuenta de correo y contraseña para tu perfil bancario o para tu cuenta de PayPal, los hackers pueden comprometer esas cuentas y también aprovecharse de datos obtenidos en otra filtración. Es por eso que necesitas usar un gestor de contraseñas, y nunca reutilizar el mismo acceso y contraseña para múltiples cuentas en simultáneo, especialmente si estás compartiendo esa información con seres queridos en forma de un acceso a Netflix.

No existe actualmente ningún estudio sobre los efectos neutrales de compartir contraseñas. Pero evidencia anecdótica ofrece muchas otras razones por las que lo hacemos.

Rosalind Wiseman, autora del libro Queen Bees and Wannabes, que se enfocó en adolescentes y su uso de la tecnología, lo redujo a pura presión de grupo. En relaciones románticas, “la respuesta es la misma: si estamos en una relación, tienes que darme lo que sea", le dijo Wiseman al New York Times.

Un estudio de 2011 hecho por el Pew Internet and American Life Project encontró que el 30 por ciento de los adolescentes activos en Internet han compartido una contraseña con alguien; "una señal de confianza e intimidad", anota. Las chicas y los jóvenes mayores también son más propensos a compartir sus contraseñas.

"Yo estaba muy mal económicamente y no tenía mi propia suscripción a Netflix; una ex me dio su acceso, que a su vez provenía del novio de una amiga", me dijo una fuente anónima. "Usé el Netflix de ese chico por años antes de que se volviera inteligente, o que simplemente cancelara su suscripción".

Compartir contraseñas también puede subvertir el control de información, o en contenido que está escondido detrás de un paywall, bien sea entretenimiento, música, o publicaciones científicas.

Algunos de los editores académicos más reconocidos, por ejemplo, presumen márgenes de ganancias de 30 a 40 por ciento, más altos que Google o Amazon, como resultado de tarifas elevadas y trabajo voluntario. Un estudio estimó que el 73 por ciento de artículos académicos de habla inglesa —de los 114 millones de artículos que han sido publicados en línea— son sólo visibles con una tarifa o suscripción.

En la academia, un movimiento de acceso abierto ha ganado tracción rápidamente. Y aunque compartir contraseñas no es un principio fundamental, muchos académicos han burlado los paywall de otras formas; suministrando copias de PDF de sus artículos, publicando en repositorios de acceso abierto como arXiv, o en un caso extremo, realizando investigaciones piratas para convertirlos en gratuitos para todos.

"Muchos de nosotros que proveemos trabajo sentimos que guardar [información académica] detrás de un paywall es injusto", dijo Lamberton. "Cuando las compañías crean barreras al acceso, y hacen ganancias masivas como fruto de esas barreras, entonces las personas sí sienten que es injusto".

Compartir contraseñas podría costarle a los servicios de streaming 550 millones de dólares en 2019, dijo la firma de investigación de mercadeo Parks Associates. Como respuesta, compañías como Netflix y Hulu ahora limitan el número de streams concurrentes. (Sin embargo, el presidente de Netflix, Reed Hastings una vez denominó al fenómeno "algo positivo". Y el presidente de HBO, Richard Plepler dijo que era un "vehículo de mercadeo impresionante" sin desventajas).

¿Deberíamos sentirnos mal por aprovecharnos gratuitamente de las cuentas? "La ética y la moral son cuestiones que quedan en manos de las personas por sí mismas", le dijo a Motherboard Katharine Trendacosta, una analista política en la Electronic Frontier Foundation.

Pero la ley respecto a compartir contraseñas, específicamente el Computer Fraud and Abuse Act, es increíblemente vaga, y puede ser interpretada en una variedad de formas. Podría ser utilizada para combinar todas las maneras de compartir contraseñas—aplanando el problema al equiparar "compartir una contraseña de Netflix con una contraseña bancaria", dijo Trendacosta. La ley anti-hacking Computer Fraud and Abuse Act, o CFAA, también puede incluir términos o violaciones de servicio, y porque estos acuerdos son extremadamente difíciles de leer, y son actualizados frecuentemente, los usuarios podrían no entender las consecuencias de sus acciones.

"No creo que alguna vez podamos llegar a sentirnos mal", dijo Lamberton. "Todavía tenemos la idea de que cuando compramos algo, se convierte en nuestro para hacer lo que queramos".

Afortunadamente, reglas rápidas y rígidas para la acción de compartir contraseñas son fáciles de idear. Y un buen número de estas plataformas ahora permiten dos o tres perfiles de usuario.

Si tienes que compartir tus credenciales, haz esa contraseña única, y sé consciente de la información que las personas pueden ver una vez han accedido. Una vez le has dado tu contraseña a alguien, ya no tienes control sobre ella, así que no la regales a menos de que estés cómodo con esa contraseña y todo lo relacionado con su posible violación.

"Muchas de estas plataformas son experienciales", dijo Lamberton. "Y realmente lo único que queremos es compartir nuestras experiencias con otras personas".