Los problemas que enfrentan los migrantes deportados de vuelta en México

En la capital mexicana, los migrantes expulsados de Estados Unidos luchan para adaptarse y subsistir.

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28 Marzo 2017, 7:34pm

Foto de un mexicano deportado de Estados Unidos en Tijuana por GUILLERMO ARIAS/AFP/Getty Images.

Jesse Salgado no recuerda mucho sobre el México de su niñez. Tenía unos siete años cuando su tío lo recogió de la casa de sus abuelos en el estado de Guerrero. Lo siguiente que supo fue que estaba en Chicago. En noviembre, sin embargo, 25 años después de que él y su familia abandonaran el país por primera vez, Salgado regresó definitivamente a México luego de que lo deportaran a la ciudad fronteriza de Matamoros después de un arresto por conducir en estado de ebriedad. Planeaba permanecer cerca de la frontera, pero los funcionarios del gobierno le advirtieron que sería "carne fresca para los cárteles", me dijo Salgado. Así que compró un boleto de autobús a la Ciudad de México, donde se unió a una población de varios miles de ciudadanos mexicanos que han sido deportados desde Estados Unidos y no saben qué hacer.

Según los investigadores del Instituto de Investigación y Práctica Social y Cultural (IIPSOCULTA), ubicado en la Ciudad de México, que recientemente publicó un informe que analiza la atención a los deportados en la capital, el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la ciudad recibe tres vuelos de ciudadanos mexicanos deportados cada semana. Los vuelos llegan de Otero, Nuevo México, donde llevan a los detenidos desde todas partes de Estados Unidos. Alrededor de 135 personas salen de cada avión. Una vez en México, les entregan las posesiones confiscadas al momento de su arresto en Estados Unidos, y lo reciben las agencias gubernamentales mexicanas, las cuales les ofrecen, entre otras cosas, un almuerzo empacado en una bolsa e información sobre la inscripción en programas públicos. Luego los liberan en la ciudad más grande de Norteamérica.

IIPSOCULTA estima que alrededor del 10 por ciento de los repatriados que llevan a la Ciudad de México se quedan en la capital. (El resto regresa a su ciudad preferida, dondequiera que tengan familia o prefieran echar raíces). Esto significa que alrededor de 1,500 repatriados llegan a la Ciudad de México cada año, además de aquellos que llegan después de que los deportan a otras ciudades.


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Muchas de las personas que terminan en la Ciudad de México carecen de afinidad o conocimiento de su nuevo hogar. Algunos se quedan allí porque no tienen ningún vínculo en otras partes de México, quizás sus familias todavía están en Estados Unidos, o perdieron el contacto con sus ciudades originales. Algunos calculan que tienen una mejor oportunidad de encontrar opciones en la capital que en una pequeña ciudad donde no tienen conexiones. Incluso en la Ciudad de México, los repatriados se enfrentan a los límites culturales, sociales y económicos para reintegrarse a un país que algunos de ellos apenas recuerdan.

Ana Laura López fue deportada a México en septiembre después de vivir en Chicago por 16 años. Se encontró con un estigma persistente en contra de los migrantes en general, a quienes perciben como personas "que tomaron la salida fácil", especialmente en el caso de los repatriados, a quienes estigmatizan como criminales. "En mis 16 años en Estados Unidos, nunca me levantaron una infracción de tránsito", me cuenta López. "Pero he enfrentado más discriminación en los últimos cinco meses aquí que en mis 16 años en Estados Unidos".


La mayoría tiene pocos recursos legales para regresar a Estados Unidos, pero construir una vida en México puede parecer un desafío igual de difícil.

Incluso sus familiares no eran necesariamente un consuelo. "Tu familia no te quiere tanto ahora que no estás enviando dólares", dijo. "La mujer que se fue a Estados Unidos es completamente diferente a la que regresó".

A los migrantes que regresan también les resulta difícil, si no imposible, acceder a la ayuda del gobierno o de las organizaciones de la sociedad civil. Después de la toma de posesión de Trump, el gobierno mexicano empezó a promocionar una retórica a favor de los repatriados, y el presidente Enrique Peña Nieto se reunió recientemente con un vuelo de repatriados en el aeropuerto de la Ciudad de México. Pero López me dijo que los gestos del gobierno son en su mayoría promesas vacías. "Dicen que podemos obtener un seguro de desempleo de 2,200 pesos, pero tenemos que inscribirnos dentro de cinco semanas, y necesitamos nuestra credencial de elector y una prueba de residencia", señala López. "Venimos aquí sin una casa o prueba de residencia, y nos puede tomar cinco semanas obtener nuestra identificación".

Sin identificación ni dirección, los repatriados no pueden solicitar trabajos, alquilar apartamentos, recibir transferencias de dinero, o sacar dinero en un banco. Además, la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en cuestiones migratorias limitan su apoyo a los connacionales que se encuentran en el extranjero. Incluso las organizaciones de derechos para los migrantes en Estados Unidos parecen olvidarse de los migrantes mexicanos una vez que los deportan. "Cuando deportan a alguien, piensan: los perdimos", advirtió López. "Pero tenemos que seguir luchando por nuestros derechos".


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Para ese fin, López, quien trabajó como organizadora sindical en Chicago, fundó el colectivo Deportados Unidos en la Lucha. El grupo está formado en su mayoría por repatriados con niños nacidos en Estados Unidos, y están buscando recursos legales para continuar la lucha de sus casos en ese país. La mayoría de los miembros esperan volver con sus familias: López, por ejemplo, tiene hijos de 13 y 15 años en Chicago. Todos los miembros del colectivo fueron deportados antes de la toma de posesión de Trump, pero el clima político actual ha borrado aún más sus esperanzas de regresar.

La mayoría cuenta con pocos recursos legales para regresar a Estados Unidos, pero construir una vida en México puede parecer un desafío igual de difícil.

Jesse Salgado ha trabajado en restaurantes en Estados Unidos desde que tenía 15 años, y se considera un chef en el fondo. Sin embargo, cuando llegó a la Ciudad de México, después de que lo deportaran en noviembre, rápidamente descubrió que no podía sobrevivir con el salario que paga una cocina aquí. "Conseguí un empleo de lavaplatos, y me dijeron que pagaban 3,000 pesos, así que pensé, perfecto, son 3,000 a la semana", relata Salgado. "Cuando obtuve el primer pago, era de 1,500 pesos" —alrededor de 75 dólares— "y renuncié porque no podía apoyar a mi familia con eso".

Su prometida y su hija de tres años —ambas nacidas en Estados Unidos— lo habían alcanzado en México poco después de su llegada. Salgado pronto encontró un trabajo en un centro de llamadas (call center), en donde gana el equivalente a 11,320 pesos al mes proporcionando soporte técnico en inglés vía telefónica. Sin embargo, le resulta casi imposible alcanzar la calidad de vida que su familia tenía en Chicago.


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Salgado y su prometida están pensando en salir de la Ciudad de México hacia Cancún, donde Salgado espera que él y su prometida —una ciudadana estadounidense que no habla español— puedan conseguir trabajo en la industria turística y enviar a su hija a una escuela bilingüe. Eventualmente, les gustaría regresar a los Estados Unidos, donde la familia inmediata de Salgado tiene estatus legal. Incluso después de que se case con su prometida, aún tendrá prohibida la entrada al país por hasta 20 años. Eso lo deja con pocas opciones, ya que no quiere arriesgarse a entrar ilegalmente de nuevo.

Recientemente, ha notado un tono de miedo al hablar con sus amigos indocumentados en Chicago. "Muchos de ellos están decidiendo si regresar por su cuenta", dijo Salgado. "Si te detienen las autoridades y ICE se entera, te meterán a la cárcel y luego te deportarán, incluso si te atrapan cruzando la frontera para volver aquí; te meten a la cárcel para sacarte dinero primero. Así que [los migrantes] podrían regresar por su cuenta".