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¿Y ahora cómo vamos a limpiarnos el culo?

La legislatura de la ciudad de Buenos Aires aprobó un nuevo código de edificación: ya no es obligatorio instalar bidet. ¿Cómo les perjudica esta decisión a los argentinos?

por Laura Gotfryd
18 Septiembre 2018, 3:00pm

Bidet de Gonzalo

Artículo publicado por VICE Argentina

“¿Pero cómo hacen estos para lavarse el culo?”, se pregunta el personaje de Guillermo Francella en la película de 1998 que protagonizó junto a Natalia Oreiro, “Un argentino en Nueva York”, de Juan José Jusid. La situación es la siguiente: el personaje de Francella viaja a la ciudad de Estados Unidos y al llegar al hotel le consulta al empleado dónde se encuentra el bidet, y luego de mímicas graciosas sobre el artefacto de limpieza por elección argentino, no tenían.

¿A qué viene todo esto? En Argentina, es muy raro entrar en alguna casa y que no haya un bidet ,y ahora, en un proyecto del nuevo Código de Edificación que se sancionó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires no será más obligatorio y pasará a ser opcional. Esto, desató la ecatombe y ahora muchos se preguntan: ¿cómo vamos a hacer para limpiarnos el culo?


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Según informó la Comisión de Planeamiento Urbano de la Legislatura, a los desarrolladores/arquitectos a la hora de presentar planos sólo se les exigirá el lavatorio, el inodoro y la ducha. El detrás de escena de esta decisión es achicar los ambientes e implementar las “viviendas-placard” al bajar la superficie mínima para los monoambientes de 29,30 a 21 metros cuadrados y hasta se habla de18 metros cuadrados. Todo a favor del boom inmobiliario de las ciudades ricas, como es la Capital Federal y en contra de las comodidades y las necesidades de las personas.

Así que, a los nuevos inquilinos del futuro “no hagas promesas sobre el bidet”, como canta Charly García, porque en sus nuevos departamentos pequeños, no habrá.

Pero de esta cuestión también se disparan varias pasiones: los que son “fundamentalistas” del uso de este artefacto francés del siglo XVIII, quienes te dicen que “ni loco/a” lo usarían y quienes por haber nacido en la pobreza, nunca lo conocieron.

“Donde yo nací no había baño”, relata Mayra Arena en su charla TED sobre "¿Qué tienen en la cabeza los pobres?”. Y continúa su relato al contar que una vez fue a la casa de una amiga y cuando pidió ir al baño creyó que el bidet era un inodoro más. La joven nació en una de las villas más importantes de la ciudad de Bahía Blanca, en la Provincia de Buenos Aires, donde todavía más de la mitad de los habitantes no tienen cloacas.

En las redes se instaló el debate entre quienes piden hacer una marcha del “bidetazo”, quienes les parece asqueroso y hasta denuncian a familiares que han obligado a instalarlo en sus casas y quedaron de adorno o para apoyar cosas.


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Es una cuestión generacional, cultural, y de “orgullo nacional” la utilización del bidet, como cuenta Bárbara Sciuto, que dice que su segundo nombre es “Bidet” y me agrega que su papá también pero que su abuela una vez le dijo que si lo utilizaba “podía quedar estéril”.

Gonzalo, relata que su relación con el bidet “es un amor de toda la vida”

“El bidet fue siempre sinónimo de hogar para mí, todas mis casas, las de mis parientes y amigos los tenían. Si no había bidet era porque estaba usando un inodoro de emergencia en la escuela, restorán o estación de tren, con las memorias traumáticas que esos lugares conllevan”, dice apasionado.

Y deja una reflexión para el final: “El verdadero uso del bidet no se me hizo fundamental hasta que la pubertad me dió vello y una lección básica de higiene: por más que gastes todo un rollo de papel no te va a quedar limpio. Agua y jabón, la única solución. Cuando no me queda otra que usar papel voy por la vida incómodo y al encontrar un bidet me lavo y respiro aliviado. Por suerte, hasta en mi trabajo tengo bidet”.


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Pablo cuenta por Twitter que lo usa desde muy pequeño “de la pelela pasé al bidet, no recuerdo haber usado el inodoro sin bidet”

También la mamá de Pablo, Viviana de 63 años, es del grupo ‘fundamentalista bideteros’ lo usa desde chiquita hasta varias veces al día y para “ambas cosas”. “Yo lo uso muchísimo, es uno de mis mejores amigos masculinos. Siempre está y no pide nada a cambio ni cuando está caliente”, relata. Incluso cuenta una anécdota de una vez que viajó a Chile y como no tenían se compró una “ducha extensible”.

Bidet de Pablo

Marilyn Tortoriello, de 56 años, dice que después de haber tenido “tres hijas” nunca tuvo ningún problema con la utilización del bidet, todo lo contrario. “jamás tuve una infección urinaria. Mis papanicolau siempre fueron clase 2, hasta me han dado clase 1. TENIENDO 3 HIJAS!!! CLASE 1!!!”, remarca exaltada.

“Cuando tenía 11 años mi abuela me dijo que no usara el bidet porque podía dejarme estéril”, comienza el relato de Barbara ‘Bidet’ Sciuto sobre su relación con el recipiente del baño. “Me asusté cuando me di cuenta que eso significaba que no podía tener hijos pero a las semanas mi mamá me dijo que eso era un dato falaz”.

Barbi enumera los años de relación que tiene con el bidet: 15, y como dice ella “este artefacto perfecto que alguien inventó hace mucho tiempo, forma parte de mi día a día, esté en mi casa o viajando. Lo primero que hago antes de reservar alojamiento es corroborar que el baño tenga uno. Aunque en otro países el formato es diferente, me las rebusco para poder usarlo libremente”, exclama.

Bidet de Bardi

Y todo viene de familia, porque Juan, padre de Barbi, de 58 años, le pasó la herencia de buscar en hoteles que haya sí o sí, bidet porque sino "se siente sucio". Incluso es taxativo: si entra a un baño y no hay, se aguanta hasta llegar a su casa. Además instaló en el baño de invitados (que es más pequeño) un bidematic.

Juan

Por último, quienes están en muy contra de la utilización del bidet es principalmente por asco o recomendación médica. Martina dice “que suba el agua, te limpie y vuelva a bajar y subir me da asco. Real. Prefiero usar mis toallitas húmedas para zonas intimas”, varias mujeres adhieren a este comentario hecho en Facebook.

Lucía Solari cuenta que sus ginecólogos/as no se lo recomiendan “porque altera la flora vaginal. Es un lugar que no debe recibir agua adentro para que ésta no arrastre las bacterias necesarias que tenemos en la vagina (mucho menos caliente)” y suma un dato más: “Me parece anti higiénico que, en especial en el cuerpo de la mujer, haya contacto entre la materia fecal y el orificio por donde orinamos.”. Debajo muchos “amén” adhiriendo a este comentario.

Bidet de Luci

Tal no es el caso de F, que prefiere no dar su nombre por miedo a que le hagan bullying sus amigos ‘bideteros’. “No lo uso NI LOCA. Mi viejo me hizo poner uno en mi casa nueva, porque dice que tener uno le da más valor de reventa, pero me da asquito, sobre todo el post (el secado)”. Indignada por demás agrega: “yo ni quería comprar el bidet, 2500 pesos al pedo”

Bidet de Flor

Por último están las personas que tuvieron malas experiencias como Jacqueline Vassallo que escribe “yo no lo uso porque me quemé el culo y como dice el refrán ‘el que se quema el culo, ve un bidet y llora’”.

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