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medioambiente

Cómo la población oceánica de peces podría doblarse para 2050

Una investigación concluye que prácticas sostenibles de captura permitirían que los pescadores se hicieran con 16 millones de toneladas métricas adicionales de pescado al año. Un botín que multiplicaría sus beneficios en 53 mil millones de dólares.

por John Dyer
04 Abril 2016, 7:14am

Imagen vía Flickr

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La población de peces del planeta se ha reducido debido a la intensificación de la actividad pesquera, pero nuevas investigaciones sugieren que la tendencia podría dar un vuelco de 180º si el planeta se lo toma un poco en serio.

Las previsiones apuntan que los pescadores de todo el mundo podrían llegar a pescar en 2050 nada menos que 16 millones de toneladas métricas más de las que están pescando a día de hoy. Tamaño crecimiento implicaría, además que se generarían 53 mil millones de dólares más de beneficios, una cifra que solo se podría conseguir una vez la población submarina haya duplicado sus ejemplares.

Para que todo esto pueda suceder deberían adoptarse medidas adecuadas para asegurar la sostenibilidad de la industria pesquera. Así lo ha concluido un informe publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Tales prácticas implicarían que se pusiera en vigor el sistema de gestión conocido como porcentaje de "pesca compartida". En los sistemas de pesca compartida, los reguladores estiman la cantidad máxima de pescado que podría ser capturado del mar sin perjudicar a las futuras colonias de peces.

Con esta cifra, los reguladores dividen el número total de pescados en participaciones, y estas son distribuidas entre los pescadores locales. Cada pescador dispone, en virtud de la repartición, de un máximo de peces que puede pescar al año.

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"Si se consigue modificar el comportamiento y funcionamiento del sector pesquero y su naturaleza competitiva, existirá un de beneficios y de abundancia monumental", cuenta Ray Hilborn, un profesor de biología marina y de ciencias pesqueras en la universidad de Washington.

Hilbron es uno de los coautores del estudio recién publicado, cuya autoría comparte con los investigadores de la universidad de California de Santa Bárbara y con la ONG de investigación medioambiental Environmental Defense Fund.

Por el contrario, las normativas que rigen la pesca tradicional establecen un sistema de cuotas por el total del pescado capturado que las flotas de barcos pueden pescar, e impone un límite en el número de días que un pescador está habilitado para pescar, o en el equipamiento que pueda emplear para hacerlo.

Se trata de un sistema que alimenta un comportamiento posesivo e individualista, que alienta al pescador a pescar todo lo que pueda, hasta que los reguladores proclamen cual es la cuota máxima de ese año y la temporada pesquera finaliza. Un modelo, en definitiva, que alenta la pesca intensiva, de acuerdo con Armanda Leland, vicepresidenta de Environmental Defense Fund.

"Cuando le concedes al pescador un parte garantizada de la captura y cuando este averigua el día 1 de enero cuál será el límite para ese año, entonces la pesca se ralentiza, se consume menos combustible, se recortan costes, y los trabajadores salen cuando el tiempo es bueno. En tales circunstancias, el pescador termina ofreciendo un suministro mucho más estable y su comportamiento es infinitamente más sostenible", opina Leland.

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En Estados Unidos, el año pasado, los programas de pesca compartida contemplaban la pesca de 107 especies distintas, según los datos del Environmental Defense Fund — lo que representaría un aumento de 23 especies respecto a la cifra del año 2000.

La industria adoptó el novedoso sistema en 2007. Lo hizo en los mercados de pargo rojo del Golfo de México, un lugar donde las poblaciones de pescados estuvieron a punto de extinguirse en los años 90. Afortunadamente, el pargo rojo ha rebrotado desde entonces.

"Hay más pargos rojos en el Golfo de México ahora de los que ha habido en mucho tiempo", cuenta Eric Brazer, subdirector de la Alianza de Accionistas de los Peces de los Arrecifes del Golfo de México, una organización que representa a unos 50 pescadores comerciales. "El tamaño medio del pargo rojo ha crecido".

Pese a todo, el auténtico problema no es Estados Unidos. Hilborn advierte que si las prácticas sostenibles se adoptaran a nivel mundial, muchas de las ganancias contempladas en el informe, se registrarían en el sur y en el sudeste de Asia, donde la sobrepesca es abominable.

"Hay dos tipos de industrias pesqueras en el mundo — las que están gestionadas de manera eficiente y las que no", relata. "En el sur de Asia nadie gestiona los mercados pesqueros. La temporada de pesca se cierra durante el monzón".

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Pese a todo, todavía hay lugar para la esperanza, y hay quien cree que Asia todavía está a tiempo de sumarse al barco de la pesca sostenible. Según informa el rotativo diario en inglés Today en su versión de Singapur, los países del sudeste asiático están cada vez más molestos con la presencia de pesqueros chinos que estarían invadiendo sus aguas para pescar ilegalmente.

A pesar de que resulta prometedor, el sistema de la pesca compartida también cuenta con muchos escépticos. Así Robert Vanasse, director ejecutivo de Saving Seafood, un grupo de comerciantes de la industria pesquera, ya ha advertido que el reparto de los ejemplares de pescado disponible podría resultar controvertido. Una vez las participaciones han sido distribuidas, los recién llegados podrían quedar excluidos y verse obligados a tener que esperar durante años antes de poder incorporarse al mercado del pescado.

"Se trata de un sistema que privilegia a los propietarios", opina Vanasse. "Y provoca que sea cada vez más complicado entrar en el mercado pesquero. Así que si acabas de estrenar una pequeña empresa y no consigues lo suficiente como para sobrevivir... Entonces estarás jodido de verdad".

Pese a ello, Hilborn considera que las leyes de la pescadería, no solo en Estados Unidos sino también en el resto del mundo, están sometidas a un estrecho control de la competitividad debido a la sobrepesca, una plaga que ha exterminado las existencias de pescados como el bacalao en las espectaculares costas de Terranova, en Canadá.

"Limitar el acceso a la pesca es la herramienta principal de la que disponemos para mejorar el comportamiento de la actividad en los mares", explica. "En las nuevas formas de entender la pesca la idea es que cada uno pueda salir a pescar cuando quiera hacerlo".

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