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guerras y conflictos

‘Los niños están comiendo hojas de los árboles’: el nuevo infierno sirio se llama Madaya

El régimen sirio está recurriendo a las más viles estrategias para asfixiar a una aldea de montaña. Han cortado el suministro de agua y de comida, y los vecinos del pueblo están empezando a morir y a suplicar ayuda a la desesperada.

por Avi Asher-Schapiro
05 Enero 2016, 12:45pm

Photo via des militants de Madaya

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A primera hora del domingo una mujer embarazada y su hija intentaron huir de Madaya, una aldea de montaña encajada sobre las cumbres blancas que espolvorean las cordilleras del sudoeste de Siria.

Madre e hija estaban a punto de salir del límite sur cuando alguien se tropezó con una mina. La explosión puso en guardia al puesto de control en que estaban apostados los combatientes de Hezbollah, que se encargan de que nadie entre ni salga de allí. En vista del caos y de la humareda, los guerilleros libaneses decidieron disparar a discreción. La metralla y el fuego cruzado fueron demasiado para madre e hija: ambas sucumbieron a las detonaciones.

Madaya se ha convertido en un dantesco escenario en que secuencias como esta se repiten a diario — algo que ya advirtió el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, y que ha sido confirmado a VICE News por los vecinos de la zona —. Madaya es una aldea de 40.000 personas que lleva siendo asediada desde mitad de julio por una alianza de combatientes formada por tropas leales al presidente sirio, Bashar al-Assad; y por miembros de la milicia libanesa Hezbollah.

Solo en el último mes, 31 residentes han muerto de hambre o han caído mientras intentaban atravesar corriendo la muralla humana de combatientes de Hezbollah que acordona el perímetro del pueblo. VICE News ha tenido acceso a un informe elaborado por la Sociedad Médico Sirio-Estadounidense en el que se cifra que, a día de hoy, el precio de la harina ha alcanzado ya la prohibitiva cantidad de 100 dólares por kilo, una cifra obscena, especialmente si se la compara con la renta per cápita siria, situada entorno a los 200 dólares mensuales.

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"Esta noche he cenado las hojas de la frambuesa", relata por teléfono a VICE News Rajai, un joven de 26 años que trabaja como profesor de inglés y de matemáticas en Madaya. Rajai prefiere dar un nombre falso por motivos de seguridad. "Hace tres meses que no como un plato caliente", confiesa. Desde el arranque del sitio, a principios de julio, he perdido ya 22 kilos de peso. "Los niños se alimentan de las hojas de los árboles. Y los ancianos y los más jóvenes están muriendo todos de hambre", explica.

El índice de mortalidad de Madaya alcanzó un nuevo récord en diciembre. Sus vecinos han invadido las redes sociales con mensajes desesperados. Muchos de ellos están ilustrados con imágenes que recuerdan a los campos de concentración nazis.

Niños sirios en la sitiada ciudad de Madaya combaten la hambruna comiendo hojas. Sí! Hojas!

En una imagen con fecha del 3 de enero, un grupo de jóvenes sostiene una pancarta escrita en inglés que suplica la intervención del Papa o de Naciones Unidas para que hagan algo para levantar el asedio que padece el pueblo.

¿Alguien puede escuchar esto? ¿Podéis escuchar nuestro llanto aunque solo sea por una vez? Madaya se muere de hambre.

Según explica Rajai, el régimen de Assad está castigando a su ciudad natal por haber participado en la primavera siria de 2011. En abril de 2011 un grupo de pacíficos manifestantes, entre los que se contaba Rajai, salió a protestar a las calles de Zabadani, una población cercana. "Queríamos limpiar este país de Assad", explica. Rajai fue detenido y torturado. Hoy, tras cinco años de guerra civil, su futuro es de lo más sombrío.

"Durante los primeros días de la revolución muchos decíamos que nadie puede hacerte sentir hambriento o asustado", cuenta. "Ahora sabemos que nos equivocábamos".

Madaya descansa sobre un eje estratégico del abigarrado frente en el que se libra una guerra civil de múltiples bandos. El pueblo queda enclavado entre la cordillera montañosa de Qalamun y la frontera del Líbano, y está a solo 50 kilómetros de Damasco. "Si el régimen quiere sobrevivir necesita aniquilar los problemas que sacuden Qalamun". Lo dice Joshua Landis, responsable del Centro de Estudios de Oriente Medio en la Universidad de Oklahoma y autor del blog Syria Comment. "Si los rebeldes consiguen liberar la ciudad, entonces dispondrán de una conexión directa con Damasco", explica.

Durante los primeros años de la revolución, muchas de las aldeas de montaña que quedan junto a la frontera con el Líbano estaban en contra del régimen de Assad. Éstas se sumaron a la expansiva constelación de fuerzas rebeldes que brotaron por toda la geografía del país. El sueño de derrocar al dictador parecía entonces posible.

Sin embargo, conforme la revolución se recrudeció, la frontera sirio-libanesa se convirtió en un enclave estratégico para los contrabandistas de armas, quienes deslizaban su armamento en una zona peligrosamente cercana a la capital. Entonces tanto Assad como sus aliados, Irán, Rusia y Líbano, decidieron convertir aquel lugar del mapa en una prioridad — más acuciante, incluso, que reconquistar los territorios del norte de manos de los terroristas de Estado Islámico y del Frente al-Nusra, la filial de Al-Qaeda en Siria.

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Así que, con la inestimable ayuda de los combatientes de Hezbollah, Assad se ha dedicado a masacrar las aldeas de la cordillera con una serie de siniestros asedios, más parecidos a las cruzadas de la Edad Media que a ningún otro conflicto armado contemporáneo. Además de haber sembrado la zona de puestos de control y de campos de minas, el régimen y sus aliados han orquestado un boicot del suministro de alimentos y de agua para estrangular a los pueblos más remotos de la zona. "La idea es matarles de hambre hasta que se rindan", explica Landis. "Es una estrategia muy antigua".

Hezbollah avanzó en septiembre hasta el pueblo de Zabadani, apenas tres kilómetros al norte de Madaya, y la única conexión de la remota aldea con el mundo exterior. Entonces se permitió que un puñado de combatientes rebeldes cruzaran a salvo gracias a un acuerdo suscrito entre Turquía e Irán.

Sin embargo, en cuanto Hezbollah embistió la aldea muchos civiles considerados hostiles para el régimen se vieron obligados a desplazarse hasta Madaya. Los vecinos aseguran que tal fue una estrategia diseñada para escindir a los partidarios del régimen de los civiles contrarios al mismo. Loay es un estudiante de Zabadani de 28 años. Él y su madre se vieron obligados a huir de su ciudad cuando Hezbollah se hizo con el poder. "Nos decían: id a Madaya", cuenta por teléfono a VICE News. "Allí moriréis. De hambre".

Madaya, relata, es como "otro mundo". Uno en el que "todo el mundo", añade, "está muriendo de hambre".

La madre de Loay se llama Umm Mohammad, tiene 52 años y no ha comido un plato caliente desde hace meses. "Solo sueño con tener una muesca de pan", dice.

Las organizaciones humanitarias están contemplando la desintegración de Madaya con horror. "La han convertido en una gran prisión y ahora se dedican a ahogarla", cuenta a VICE News el doctor Ammar Ghanem, un médico sirio que creció en la zona. Ghanem es miembro de la junta directiva de la Sociedad Médica Sirio-estadounidense y lleva meses siguiendo el aberrante conflicto desde la distancia. Todavía tiene a varios familiares atrapados allí. "El régimen quiere que la gente muera en Madaya", reflexiona.

Los servicios médicos del pueblo son muy escasos. "No disponen de provisiones y no han sido entrenados — uno de los pocos doctores es un veterinario que ahora se dedica a intervenir a humanos" explica Ghanem. "Nosotros queremos mandar suministros, pero, obviamente, no hay manera de atravesar el bloqueo".

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Naciones Unidas también se las ha visto y se las ha deseado para deslizar ayuda en la sitiada aldea. En octubre miembros de la organización consiguieron garantizar el tránsito de un cargamento de galletas hasta Madaya y Zabadani. Una vez allí, se dieron cuenta de que la mercancía estaba caducada.

Assad se ha encargado de torpedear cualquier otro intento por abastecer a la moribunda población en los últimos tres meses. Su estrategia no es otra que cerrar el grifo durante lo más duro del invierno, para así sentenciar a muerte a los niños y a los ancianos.

Claro que también existen otros escabrosos intereses creados para justificar el asedio. Hezbollah está intentando negociar un acuerdo para garantizar la integridad de los civiles en Madaya, a cambio de que se garantice, igualmente, la integridad de los civiles chiíes que están siendo víctimas del asedio de las fuerzas rebeldes en las ciudades de Kafrayya y Fua, al norte del país. 

"Se trata de una conspiración para negociar", piensa Landis. "Lo que Hezbollah está haciendo no es otra cosa que tomar rehenes". De hecho, en septiembre, miembros de Ahrar al-Sham, una de las milicias suníes que está bloqueando a las aldeas chiíes, empezó a negociar con el régimen sirio la posibilidad de levantar ambos asedios de manera simultánea. A pesar de que los negociadores lograron que se permitiera que algunos combatientes cruzaran a salvo desde Zabadani, lo cierto es que a día de hoy el pacto no ha dado un solo fruto para los asfixiados civiles.

A pesar de que el sitio se está cobrando un peaje humanitario, varios residentes de Madaya han declarado a VICE News que las tropas de Ahrar al-Sham están desplegadas por el pueblo. Los combatientes de la milicia han combatido junto a Al-Qaeda en el norte de Siria y son muchos quienes les consideran como una organización terrorista. Sin embargo, para Landis, los hombres que se han sumado a Ahrar al-Sham en Madaya no defienden ideología alguna. "Están luchando por sus vidas", explica. "Se aliarán con el primero que crean que les rescatará".

Conforme avanza el sitio, los civiles de Madaya están cada vez más desesperanzados. Temen que sus reivindicaciones queden permanentemente eclipsadas por la guerra que se libra en el norte, una guerra mucho más mediática, en la que Estado Islámico (EI) es el gran protagonista. "Seguro que la gente lee sobre nosotros si te decides a escribir algo", comenta Rajai a VICE News. "Claro que una vez hayan terminado de leer, se olvidarán".

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