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Madres deportadas: el sueño de regresar con sus hijos

"Vivir en la frontera o vivir separadas de nuestros hijos no es vida, es media vida, una vida a la mitad o una vida incompleta".

por Manuel Ayala; fotos por Joebeth Terríquez
19 Junio 2018, 5:36pm

Yolanda Varona, directora y fundadora de la asociación Dreamers Moms USA/Tijuana, es una de las miles de madres que año tras año son deportadas por autoridades de Estados Unidos hacia México por razones migratorias.

De acuerdo con estadísticas de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobierno (Segob), de 2015 a marzo de 2018 un total de 23 mil 57 mujeres mayores de edad han sido deportadas tan solo por territorio de Baja California, de las cuales se estima que al menos el 50 por ciento son madres de familia.

La mayoría de ellas han regresado por Tijuana y han decidido quedarse en esta ciudad por la relativa cercanía que les representa con sus seres queridos. Están a la espera de poder regresar de manera legal accediendo a la solicitud de la Visa U, para víctimas en territorio estadounidense, o bajo la premisa de que alguna autoridad se digne a modificar la ley de migración que les permita el reencuentro.

Mientras eso sucede, Dreamers Moms USA/Tijuana trabaja con asesorías y ayuda psicológica para ayudarles a superar el trauma de la deportación y la separación de sus hijos. A continuación el testimonio completo de Yolanda, una madre que dejó dos hijos siendo adolescentes y que ahora son mayores de edad, a quien deportaron por haber estado trabajando con una visa de turista.

Yolanda Varona.

El activismo como acto de supervivencia

Me detuvieron el 31 de diciembre de 2010, cuando intentaba cruzar a Tecate para hacer unas compras. Me retuvieron en San Diego y luego me deportaron el 1 de enero de 2011, así que pasé mi Año Nuevo en un centro de detención.

Tengo dos hijos, uno de ellos es ciudadano estadounidense, naturalizado, tiene 28 años. También una hija de 22, que está en vías de regularización. Ella está considerada una Dreamer.

Fundar Dreamers Moms fue prácticamente un acto de supervivencia porque estaba en una crisis emocional muy grande y no sabía qué hacer para resistir el sufrimiento que me causaba estar lejos de mis hijos.

Empezamos una reunión solamente cuatro personas, pero con el tiempo me di cuenta que había más mujeres en la misma situación. Más tarde, la asociación creció debido a una manifestación a la que asistí en la garita de San Ysidro el 1 de mayo de 2014. Ahí comencé a hablar mucho y llevaba un cartelón que decía “Have you see my son?” (“¿Has visto a mi hijo?”), lo cual llamó la atención de algunas personas.


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A raíz de eso salieron entrevistas en los medios y fue así como las mujeres comenzaron a llegar a la organización. Con los años nos hemos dado cuenta que hay muchas cosas por hacer, como prestar asesoría psicológica, legal y migratoria, y para ello tenemos varias personas que lo ofrecen de manera voluntaria.

Ahora tenemos la fortuna de que nos conocen varios congresistas y legisladoras de Estados Unidos, quienes prontamente nos van a realizar una visita para organizar un foro donde haya voz de los niños ciudadanos norteamericanos y que así puedan expresarse y decir cómo les ha afectado la deportación de sus madres.

La meta del grupo es regresar legalmente con nuestras familias, es la reunificación familiar, es por eso que muchas de nosotras tenemos aquí en Tijuana muchos años, esperando que se terminen los castigos que nos han impuesto, que nuestros hijos cumplan la mayoría de edad para que hagan una petición de asilo para nosotras o el que cambie alguna ley que nos pueda beneficiar.

La espera

Es muy complicado estar aquí teniendo una vida prácticamente a medias. Nos hacen falta nuestros hijos, pero el hecho de levantarnos todos los días con la esperanza de volver a verlos es lo que nos mantiene en pie.

Este 2018 cumplimos cuatro años como asociación. Estamos contentas porque tenemos logros ya en el grupo: dos mujeres han regresado ya legalmente a Estados Unidos. Desafortunadamente una de ellas murió al año de haber regresado legalmente, pero lo bueno es que pudo estar con sus hijos su último año de vida. Siento que fue lo más importante para la familia.

También estamos contentas porque hay aplicaciones de ocho mujeres (tres de Tijuana, tres de la CDMX, una de Ecuador y una de Ciudad Juárez) que están en vías para tener respuesta para la Visa U, porque actualmente es la única solución migratoria que hay para mujeres deportadas.

La visa U

Esta visa es para personas que han sufrido algún tipo de crimen en Estados Unidos, ya sea abuso sexual, violencia doméstica, crimen racial, amenazas, extorsión, abuso en el trabajo y demás.

Lo importante a tomar en cuenta de esta visa, para que las mujeres no tengan falsas esperanzas, es que para que pueda aplicar, aparte de que hayas sido víctima, es que también lo hayas reportado a la autoridad, le hayas dado seguimiento al caso, hayas asistido a la corte, a los interrogatorios y que hayas colaborado.

Después viene la certificación de un fiscal. Cuando esto pasa quiere decir que ya llevas medio camino ganado porque el gobierno de Estados Unidos está reconociendo que sí fuiste víctima. Entonces hay que meter la aplicación y esperar. Solamente se dan 10 mil visas al año y hay una fila de espera muy grande. La visa es tardada, pero cuando ya un fiscal te aprueba el caso, tienen prácticamente el 90 por ciento de acceso del gobierno. Estamos a la espera de ello.

Muchas mujeres no tienen conocimiento de esta visa, ni siquiera dentro del país vecino. Nosotras nos hemos encargado de resaltar y compartir la información necesaria para que no tengan miedo. En ese sentido ha sido un trabajo bien emocionante y bien hermoso porque nos da gusto ver esos frutos y esos resultado; nos da la idea de que sí vale la pena hacer todo esto.

Actualmente somos 18 mujeres en la asociación, pero hay varias más que no están de planta y otras más que se regresaron como indocumentadas. No quisieron esperar, pero nosotras siempre recomendamos que no lo hagan porque al cruzar. Si las detienen, queman su última oportunidad de poder arreglar legalmente.

Sobre la separación familiar

Lo más triste de todo es que no te avisan que te van a deportar. Lo feo es que las detienen en los trabajos, en la calle, cuando vienen de dejar a sus hijos en la escuela. Hay mujeres que estaban en un proceso migratorio pero al llegar a su cita les dijeron que lo sienten mucho pero que en lugar de poder regularizarlas, van a tener que salir deportadas. Y las detienen en ese mismo momento. Eso, por ejemplo, es un choque emocional muy grande para ellas, porque van con la esperanza de solucionar y legalizar su estatus migratorio y, sin embargo, reciben una deportación.

Lo más difícil de la deportación es no poder despedirte de tu familia, porque no te dicen que te van a deportar. Por ello ese suceso imprevisto que te hace no darle un último abrazo a tu hijo, hija, esposo o esposa. Es muy dramático.

En mi caso, yo viví con visa de turista durante dos décadas en Estados Unidos, y mi castigo fue muy grande cuando ellos descubrieron que yo estaba trabajando. Me dijeron que el delito que estaba yo cometiendo era el de fraude por enriquecimiento personal e ilícito, cuando yo solamente estaba trabajando de manera normal. Me castigaron con no regresar de por vida.


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Mi hijo realizó la petición para mí, pero fue en ese proceso donde recibí la noticia de que jamás podría regresar a Estados Unidos. Cuando me dijeron que sería de por vida sentí que me moría. Salí entonces del Consulado y el hecho de no saber cómo decirles que no volvería nunca para mí fue un hecho muy traumático. A la salida volteé y vi que había un puente al lado del Consulado. Te juro que mi intención fue subir y dejarme caer para que me pasaran los carros encima, porque yo recuerdo mucho que a mis hijos les decía que solo muerta me iba a separar de ellos. El haberles fallado hasta cierto punto a mí me hacía sentir culpable por haberlos llevado a un país que no era suyo.

A mí ya me la aprobó un fiscal, quien reafirmó que sí había sido víctima, entonces ahora ya se mandó mi perdón, mis huellas digitales y otros documentos directamente a migración. Estoy esperando a que me den el tan ansiado perdón y me aprueben, lo cual espero con toda mi alma. Tiene ocho años que no veo a mi hija y de verdad sueño con el momento de tocarle el cabello.

Pero bueno, tengo que esperar unos años más, pero tengo una esperanza real. Aunque migración tiene la última palabra que puede ser un no, también, pero la esperanza de volver con nuestros hijos es lo que finalmente me mantiene.

Ayuda psicológica

Los psicólogos no nos ayudan a superar todo esto, porque esto jamás se supera hasta que la familia se reencuentra, pero sí nos ayudan a canalizar toda la situación. Nos ayudan a tener una resiliencia que nos ha hecho ser lo que somos y estar aquí de pie hablando contigo sin llorar como lo hacía los tres años pasados.

Primero es muy importante que las mujeres hablen con nosotras. No es que seamos psicólogas, pero sí somos alguien que te escucha y te entiende. Eso es una parte muy importante para que otra mujer se abra a una recién deportada, pero nosotras que ya estamos medio estables nos toca ir a recoger mujeres a la línea, quienes acaban de ser deportadas, y lo primero que dicen es que se van a matar, que se quieren morir, que sus esposos no las van a esperar, que las van a engañar, que sus hijos, su carro, su casa, en fin. Son muchas cosas las que pasan por la cabeza de una mujer, que si no se atienden debidamente o no habla con las personas correctas, la pueden hacer tomar decisiones muy drásticas.

Somos una parte muy importante para que una mujer se abra, llore, se jale el cabello y diga todo lo que tenga que decir y luego ponernos como ejemplo, decirles que en su momento "yo pensé lo mismo que tú", "no estás loca", "no te estoy criticando", pero va a llegar un momento que lo van a poder canalizar y las invitamos a que sean activas y tengan el propósito de servir a las demás. Esto nos hace sentir útiles, y nos hace pensar que otra mujer no se va a perder en drogas, en prostitución o en el alcoholismo, que es algo muy recurrente en la frontera, mujeres que no resistieron. Este grupo es como un salvavidas.

Vida difícil

Vivir en la frontera o vivir separadas de nuestros hijos no es vida, es media vida, una vida a la mitad o una vida incompleta. Es como si nada más físicamente estuviéramos viviendo aquí, pero mis pensamientos están del otro lado pensando en los hijos. Le estamos pidiendo siempre a Dios para que los acompañe cuando van manejando.

Es una vida muy difícil, es muy doloroso vivir con ese sentimiento incompleto todos los días. No tenemos ni vida social, muchas de nosotras hemos estado solas por muchos años sin buscar una nueva pareja, sin tener más hijos, porque queremos que el día que volvamos no haya nada que nos ate a Tijuana y poder regresar con nuestros hijos y darles todo lo que tenemos guardado que son muchos besos, muchos abrazos, muchos te quiero, muchas explicaciones.