elecciones méxico 2018

“Soy demócrata y los resultados no me favorecen”: la casa de campaña de Anaya

El anuncio de Ricardo Anaya desató una lluvia de aplausos por la entereza que mostró en la derrota y también un mar de lágrimas entre quienes lo veían como el siguiente presidente

por Enrique Alvarado
01 Julio 2018, 8:11pm

Fotografías por Daniel Ojeda.

Publicado por VICE México.

Este artículo se actualizó a las 21:49 del domingo 1 de julio del 2018.

La campaña de Ricardo Anaya llegó a su fin. Irónicamente, en la derrota fue cuando más gente tuvo cerca. Nadie se quería perder el anuncio de quien fuera el segundo lugar durante las elecciones presidenciales, donde aceptó que no sería el próximo presidente de México sino López Obrador.

Pasadas las 20 horas, el ambiente se mantenía parco. Con el correr de los minutos la tensión entre los colaboradores del candidato presidencial era cada vez más evidente, como si guardaran un secreto que ya era vox populli entre los reporteros gracias a los reportes de colegas instalados en el Hotel Hilton, donde Morena ya preparaba una fiesta.

El hotel Camino Real, en Polanco, fue el sitio dispuesto por los coordinadores de campaña como nuevo cuarto de guerra, en lugar de la sombría oficina de Horacio, donde comenzaron a operar desde la precampaña. En un domingo cualquiera, los pocos transeúntes que pasaban sobre la calzada Gral. Mariano Escobedo no se percataban de la tensión que se vivía en el salón Chapultepec, como parte de una campaña cuyo candidato siempre fue ubicado en el segundo sitio de las preferencias electorales.

Anaya apareció luciendo el mismo conjunto que usó al votar, pero cambió su semblante, más serio y con la sonrisa más impostada que de costumbre. Su cara no podía ocultar el descontento de alguien que debe dar una noticia que no le agrada.

Con un comando de colaboradores esperando su llegada, se iban conjuntado las señales de un anuncio grande, como anticipó horas antes Damián Zepeda, presidente del Partido Acción Nacional (PAN). No había de otra, Anaya saldría a vitorear su victoria o aceptar su derrota, la cual se fue perfilando hace meses, desde que la primera encuesta salió a la luz.

Los medios que antes estaban dispersos por la sala de prensa, poco a poco comenzaron a aglomerarse al ritmo de risas espontáneas que se produjeron cuando alguien dijo que el café y galletas dispuestos por el equipo de campaña eran con motivo del velorio político que estaba por celebrarse.

Durante las últimas horas, el joven candidato presidencial pagó las traiciones que fraguó para llegar a la boleta que lo llevaría a la grande, pues quienes sí lo abandonaron fueron los políticos que buscaban cobijarse con su figura. Antes de que anunciara su derrota, los fantasmas de Margarita Zavala, Madero y Cordero debieron recorrer su cabeza. Sólo Santiago Creel y los dirigentes del Frente salieron a acompañarlo en su ocaso electoral.

La derrota de Anaya en los comicios se produjo minutos después de que José Antonio Meade, candidato de la coalición Juntos por México encabezada por el PRI, apareciera en el CEN del PRI para aceptar su derrota. A diferencia de Meade, el blanquiazul no quiso irse en blanco y soltó un último dardo citando a Manuel Clouthier “Maquío”, en un claro mensaje hacia la coordinadora de campaña en Morena.

“Creo en la democracia… soy un demócrata y los resultados no me favorecen”, fue el mensaje con el que Ricardo Anaya aceptó la victoria de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales, para luego asegurar que trabajará junto con el tabasqueño en los proyectos en común que puedan suscitarse, aunque también aclaró que será parte de una oposición crítica. El mensaje de Anaya, terminó por dinamitar las lágrimas en los rostros de sus colaboradores más cercanos y uno que otro reportero aficionado suyo.

Fotografía por Daniel Ojeda.

Antes de terminar su breve discurso, acompañado de los dirigentes del Frente y su esposa Carolina, Anaya señaló al gobierno federal como partícipe de su derrota al usar de forma facciosa una institución como la PGR en su contra. Sin embargo, afirmó que lo ocurrido no manchaba en lo absoluto la victoria de AMLO, pues “la ciudadanía quería un cambio y eligió su proyecto”.


Con prisa y sin datos oficiales: la casa de campaña de Anaya

Los dirigentes del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano dieron por ganadas las elecciones en Puebla, Guanajuato, Veracruz y Jalisco.

Frente a un auditorio que esperaba noticias de Ricardo Anaya y las elecciones presidenciales, el presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Damián Zepeda apareció frente a los medios de comunicación para dar por ganadas las elecciones estatales en Veracruz, Puebla y Guanajuato. Nervioso y sin citar todas las fuentes de su información, el líder del blanquiazul sólo mencionó que la encuestadora Votia les achaca la victoria en el puerto.

Afectados por la votación de Anaya en Querétaro —que se prolongó más de una hora—, los representantes del PAN, Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC) tuvieron que presentarse por la mañana sin el candidato y ante un puñado de reporteros. La operación en el búnker de la coalición Por México al Frente parecía que no terminaba por arrancar.

Tal como sucedió durante el sufragio de Anaya, los reporteros fueron quienes mayor entusiasmo mostraron mientras redactaban sus reportes y conversaban con colegas sobre lo que acontecía en otros cuartos de guerra. Con un ambiente matutino desangelado, los líderes hablaron a la ciudadanía para invitarlos a ejercer su derecho al voto, aunque lo más relevante fue la condena a los actos violentos que vivieron integrantes del Sol Azteca en el Estado de México y el retraso en la apertura de casillas que les reportaron previamente.

Mientras llegaba el nuevo mensaje de los dirigentes del Frente, los colaboradores de Anaya, muchos de ellos con el logotipo del candidato tripartita bordado en la ropa, pero todos con semblante nervioso, no paraban de escribir en sus teléfonos celulares ni de hacer llamadas para tener los últimos reportes de los comicios en otras casillas y estados.

A pocos minutos de que Zepeda comenzará a hablar, la presencia de los medios dio un poco más de vida a una sala con ambiente parco. El staff seguía en lo mismo: caras de preocupación, apurados y muy atentos a los reportes noticiosos que proyectaban en un par de pantallas.

Damián Zepeda frente a los medios de comunicación

El mensaje nocturno de Zepeda fue seguido por el anuncio de Delgado sobre que Enrique Alfaro sería el nuevo gobernador de Jalisco, el primero que va en solitario en la historia de MC. La breve aparición de los líderes políticos también alcanzó para que Granados anunciara que su candidata Alejandra Barrales le lleva dos puntos de ventaja a Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, aunque tampoco reveló su fuente.

Escoltado por Emilio Álvarez Icaza, Dante Delgado, presidente de MC, y Manuel Granados, líder del PRD, Zepeda parecía más apurado por dejar el escenario desde donde emitió un mensaje que no llegó ni a los cinco minutos, aunque tuvo que volver al escenario ante las preguntas de la prensa sobre el origen de su información y si los resultados eran definitivos. No respondió con certeza ninguno de los cuestionamientos y se limitó a decir que después de las 20 horas darían otro mensaje sobre los comicios presidenciales.

El mensaje fue tan breve y apurado que Álvarez Icaza ni siquiera habló. Se limitó a escuchar los mensajes de los dirigentes partidistas, ante la presencia de reporteros de todo el país que tampoco mostraron interés en conocer su opinión.


"Todavía falta": así votó Ricardo Anaya

Entre vecinos y selfies, el joven político marcó su nombre en la boleta presidencial.

Ricardo Anaya tardó, votó, habló y se fue. Más de 90 días pasaron desde que inició su campaña política en Querétaro, la tierra que arropó a su familia cuando abandonaron Naucalpan, en el Estado de México. En esta ocasión, la soledad con que inició el camino hacia la grande contrastó con el apoyo que recibió en la casilla 845, donde vecinos de toda la vida y colaboradores lo arroparon. El mensaje fue claro, el candidato más joven a la presidencia de México volvió a casa para sentirse querido nuevamente.

Todavía no daban las 9 de la mañana, pero en la casilla de la colonia Del Valle, una de las zonas más exclusivas de la capital queretana, las filas ya estaban dispuestas esperando la llegada del candidato de la coalición Por México al Frente, integrada por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. En ese momento, los medios que cubren sus actividades parecían los más emocionados en comparación con los vecinos que aguardaban impacientes la apertura de la casilla. Hubo incluso un reportero local que se aventuró a decir que hoy México “le ganaba a AMLO y mañana a Brasil”.

Y es que, ante la demora del candidato, quien prometió llegar a las 9:30, las charlas sobre el mundial de futbol captaban el interés de los votantes por encima de las elecciones más grandes en la historia de México. Quince minutos después de lo acordado, a dos cuadras de la casilla apareció la figura de Ricardo Anaya, con un licuado en el estómago, ataviado con saco azul marino y perfumado como siempre, mientras caminaba con su hija Carmen en brazos.

Al igual que sus dos hermanos, Santiago y Mateo, la hija de Anaya expresaba con muecas su desconocimiento sobre lo que pasaba en la avenida Paseo Constituyente. La pequeña parecía no entender por qué una marabunta de reporteros armados con cámara y micrófono apuntaban a su familia, mientras algunos lo llamaban por su nombre con familiaridad, como si lo conocieran de toda la vida.

“Hola Caro, ya votamos eh”, le dijeron algunas vecinas a la esposa de Anaya mientras esperaban pasar a votar. Durante las casi dos horas que esperaron formados para pasar a votar, fue ella la que acaparó los saludos de los vecinos, se le veía más cómoda con la situación. En tanto, Ricardo aguardaba pegado a las rejas, de vez en cuando peinaba los cabellos de sus hijos, más como un gesto de nervios ante la mirada de una treintena de reporteros de todo el país.

Mientras aguardaba, el expresidente de Acción Nacional se tomó el tiempo de darse una ducha de pueblo y comenzó la tanda de selfies. No negó ninguna y se mostró atento con todos, aunque tal vez su sonrisa más sincera la soltaba cuando le decían presidente para que volteara a la foto.

Cuando al fin entró a la casilla dispuesta en un centro comercial con tintes de abandono, su voto no se aceleró debido a que sólo había dos mamparas donde sufragar en secreto. Ahí, cerca de las 11:15 Anaya depositó sus boletas marcadas para presidente, diputados locales, federales, senadores y presidente municipal.

Concretada la votación como delataba su dedo pulgar marcado, el candidato presidencial dio una breve conferencia de prensa donde volvió al personaje que le valió tantas burlas en redes sociales. Con un discurso prefabricado y sonrisa fingida, Ricardo Anaya se limitó a decir que esperaba una victoria democrática para México. Sólo un comentario lo descolocó y fue cuando lo cuestionaron sobre la expulsión de Gustavo Cordero del PAN. “Hoy sólo hablaremos de cosas positivas”, dijo el candidato, sin poder ocultar la incomodidad que le produjo la pregunta.

Cumplida la misión del voto queretano, el joven candidato abordó a toda prisa su automóvil híbrido para dirigirse hacia la Ciudad de México en compañía de su familia para reunirse con los dirigentes del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano para seguir la contienda pues, como el mismo Anaya le dijo a una chica que lo llamó el próximo presidente, “todavía falta”.