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A bordo del Dignity 1, uno de los barcos de rescate de Médicos Sin Fronteras en el Mediterráneo

VICE News se embarca en el Dignity 1, uno de los tres barcos de rescate que Médicos Sin Fronteras opera en el Mediterráneo. Según ACNUR, más de 2.600 personas han muerto en la costa de Libia durante 2015.

por KARLOS ZURUTUZA
24 Septiembre 2015, 8:40am

El Dignity 1 momentos antes de zarpar de la isla italiana de Sicilia (Imagen por Karlos Zurutuza/VICE News)

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La salida estaba programada para el lunes pasado "a eso de las ocho de la tarde", pero un problema en la válvula de agua la retrasó 24 horas. "Este barco ha cumplido ya los 40 años, la mayoría de ellos en el mar del Norte", nos decía desde el puerto de Trapani (Sicilia) Juan Matías, el coordinador del proyecto. A sus 35 años, este argentino es también todo un veterano con experiencia en Médicos Sin Fronteras (MSF) en lugares como Irak, Siria o Yemen.

Junto con el Argos y el Fenix — de tripulación belga y holandesa respectivamente — el Dignity 1 es uno de los tres barcos que la ONG opera en el sur del Mediterráneo desde la pasada primavera. Matías apunta a un "desafío sin precedentes" en la historia de MSF. Las cifras hablan por sí mismas:

"Desde el pasado 13 de junio hasta el 18 de este mes, sólo el Dignity 1 ha conducido un total de 38 intervenciones y hemos rescatado a más de 4.300 refugiados", apunta el argentino, mientras se afana en enrollar mantas y calcetines para los futuros rescatados. "Hemos llegado a tener más 300 en cubierta", añade antes de recordar que el barco sólo tiene 50 metros de eslora.

El Dignity 1 es un buque noble y espartano de casco azul y pasillos de color crema por los que se distribuyen los exiguos camarotes de aproximadamente 3x2: dos camas en litera por cada uno, y un armario de madera estrecho a compartir, lo mismo que los tres baños. A primera vista, parece que nada en su interior haya sido cambiado desde los años 70, probablemente porque todo se hizo para resistir los embates del mar, y durante muchos años.

Durante las aproximadamente cuatro semanas que dura cada rotación, este es el hogar de los 19 miembros de su tripulación (11 marineros y ocho miembros de MSF). Matías destaca el esfuerzo que ha supuesto armonizar la labor de los profesionales del mar con la de los cooperantes. Está satisfecho:

"Con el tiempo los marineros han llegado a entender la dimensión que cobra la labor del rescate y hemos notado una evolución muy positiva en su actitud. Todos están muy comprometidos con lo que hacen", destaca el argentino desde el pequeño comedor del buque, el principal punto de encuentro de la tripulación.

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Juan Matías, coordinador del proyecto Dignity 1, comparte el liderazgo del buque con la capitana Habib. (Imagen por Karlos Zurutuza/VICE News) 

Basta acercarse a la cocina anexa, el puesto de trabajo de Ignacio Antuña; "Nacho" para casi todo el mundo. Este asturiano de 45 años asegura que su vida ha dado un "cambio radical" en los últimos meses:

"Yo había visto muchas imágenes de pateras en la televisión pero no te haces una idea de lo que es esto hasta que lo vives en primera persona", dice este cocinero que abandonó un trabajo seguro en un restaurante de su Llanes natal para subirse al Dignity 1. Además de cocinar para todos, Antuña también participa en las labores de rescate y, "que a nadie se le olvide", es uno de los facilitadores del encuentro entre marineros y cooperantes:

"Este es un espacio muy reducido y en el que apenas hay oportunidades de ocio. Una buena comida siempre invita a una sobremesa que acaba por engrasar la relación entre todos nosotros". Para ello, Nacho despliega un buffet, que hoy incluía arroz con calamares, carne de toro y una ensalada de garbanzos.

La asistencia médica a tripulantes y rescatados corre a cargo de tres sanitarios, entre ellos, Javier Barrio, el médico durante esta salida. Este almeriense de 40 años explica que la casuística abarca desde lo más básico (mareos, fatiga...) a quemaduras graves producidas por un incendio en la embarcación, intoxicación por humo o heridas de todo tipo por agresiones sufridas en tierra, a menudo en los propios centros de internamiento libios. 

El equipo médico lo completan Noelia García, una enfermera de Barcelona especializada en medicina tropical, y Astrid Borjesson López, matrona. Son muchas las mujeres rescatadas en un avanzado estado de embarazo.

Misión de rescate

"Estoy orgullosa de ser la capitana del Dignity 1, para mí es un sueño hecho realidad", explica en un castellano más que fluido Madeleine Habib a su tripulación tras convocarla en el comedor, como no podía ser de otra manera. Australiana de Tasmania, Habib se estrena en el puente de mando en una misión en la que puede compaginar su faceta de marinera con la de cooperante — es miembro de MSF desde hace 12 años —, aunque no es la primera vez. 

Ya en 1995 se unió a Greenpeace para acabar navegando en el Rainbow Warrior, y también ha participado en diversas expediciones a la Antártida, entre ellas la labor de rescate de la expedición rusa atrapada en el hielo, en diciembre de 2013.

De vuelta a estas latitudes, se calcula que el flujo de refugiados irá disminuyendo según empeoren las condiciones del mar, aunque no existe una fecha en el calendario que marque el fin de la misión de rescate de MSF.

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Ejercicio de evacuación de emergencia en la cubierta del Dignity 1. (Imagen por Karlos Zurutuza/VICE News)

"Supongo que actuaremos en base a las necesidades, me cuesta creer que dejemos de navegar a finales de octubre sólo porque el tiempo empeora", asegura Habib desde el puente de mando. Desde ahí ultima los preparativos para la siguiente operación junto con Matías. Y todo apunta que será pronto ya que las previsión para los próximos días habla de mar en calma y viento de tierra en la costa de Libia, condiciones ideales para el tráfico de pateras.

"Sabemos que salen principalmente de tres puntos al oeste de Libia", explica Matías, señalando los sobre un mapa los puertos de Garaguli, Sabrata y Zuara. El protocolo de actuación, dice, se activa "por avistamiento directo o por una llamada desde el Centro de Coordinación Marítima de Roma".

Pero todo esfuerzo parece poco ante la situación de emergencia que se vive en estas aguas. Según datos de ACNUR, las pérdidas humanas en la costa de Libia durante 2015 ascienden a 2.621 individuos, y esos son sólo los casos registrados.

"Dado que llevamos varios meses en la zona a muchos ya les han dicho que les acabaremos sacando del agua, incluso les explican cómo es nuestro barco. No obstante nunca sabes cuál va a ser su primera reacción dado que vienen de lugares donde se ha abusado de ellos", explica el argentino, quien reconoce que siempre le ronda una pregunta tras el primer avistamiento de una patera. "Nosotros ya sabemos quiénes son ellos, o al menos cuáles son sus circunstancias… Pero siempre me pregunto cómo nos ven a nosotros".

Mira el Documental de VICE News, Detenidos por las milicias: el tráfico de migrantes en Libia (Parte 1).

Sigue a Karlos Zurutuza en Twitter@KarlosZurutuza

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