'La milicia no es lugar para maricas': así se vive la homosexualidad en el ejército español

En las Fuerzas Armadas existe mucho retraso en la normalización de la homosexualidad y la eliminación de los estigmas y los acosos. Los homosexuales desarrollan su trabajo al mismo nivel que cualquier heterosexual por lo que merecen el mismo respeto.

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28 junio 2016, 8:05am

Desfile de las Fuerzas Armasda españolas el pasado 23 de junio de 2016 en Colmenar Viejo. (Imagen vía EPA)

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Si la homosexualidad sigue siendo un tema tabú en ciertos ámbitos de la sociedad, en las Fuerzas Armadas españolas esta cuestión aún encuentra mayores barreras y prejuicios. Los y las militares homosexuales se encuentran encerradas en una especie de prisión de muñecas matrioskas.

De la misma forma que cada vez que se producen elecciones los medios de comunicación preguntan muy poco por la Defensa, el gasto armamentístico o la geopolítica; cada año que se conmemora el día del Orgullo Gay, 28 de junio, no hay referencias hacia este colectivo dentro de las Fuerzas Armadas.

No existen, ni pueden ni deben existir. Ni siquiera en el desfile. Es un mundo sagrado de culto a la masculinidad y la heterosexualidad como lo es el fútbol, otro de esos últimos reductos del anacronismo cavernícola. Igual que en el fútbol un campo entero puede y debe gritar maricón a un futbolista rival, en un cuartel se puede y se debe llamar mariconas a los militares que no llegan a los mínimos o, sencillamente, se llama mariconas a los militares para motivarles a conseguir los logros que, por supuesto, una mujer o "marica de mierda" no podrían conseguir. La milicia, definitivamente, no es lugar para "maricas".

Si la homosexualidad es una cuenta pendiente de las sociedades avanzadas en las que hasta hace poco se encarcelaba a los gais, pensemos en Alan Turing, por ejemplo, en el mundo militar la situación es mucho peor. Por desgracia, vivimos en un periodo de polarización de la sociedad europea en el que se están reproduciendo los ataques homófobos y, desde luego, no es difícil imaginar que la situación en el ejército es todavía peor.

Ser homosexual puede ser difícil si se oculta, pero insufrible si se manifiesta.

Hace ya tiempo, nuestros ejércitos llegaron a una solución de consenso derivada del don´t ask, don´t tell de los Estados Unidos, pero a la española. Es decir, sin legislación de por medio.

Por desgracia, un análisis de los casos en los que se ha hecho pública la homosexualidad revela que, por norma general, salir del armario supone también salir del Ejército. El teniente coronel José María Sánchez Silva, el sargento primero Domingo Díaz Real, el soldado Alberto Linero — primer gay que se casó — o el Guardia Civil Joan Miquel Perpinyà, han terminado expulsados de un sistema en el que siguen trabajando el capitán que fue condenado por abusar sexualmente de 28 reclutas.

Las Fuerzas Armadas sí tienen un sitio para él; y para el teniente coronel que acosó a Zaida, hoy coronel; y para el capitán que agredió a una marinero en Alborán; y para tantos otros "héroes" de la masculinidad militar.

En todos los casos hay patrones comunes: insultos, menosprecios, vejaciones o "sugerencias sobre cómo curar su enfermedad" que terminaron en cuadros psicológicos de diversa gravedad en los que osaron revelarse tal y como son. El honor y los valores de los militares no permiten todavía la existencia del diferente en general y del homosexual en particular.

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Patricia Campos, la primera piloto naval

Patricia vivió un infierno en la Escuela Naval solo por su condición de mujer, lo que le hizo vivir su sexualidad de forma completamente secreta. Una doble vida o triple, porque parece que las mujeres casi tienen que ocultar también que son mujeres. Su comandante, sin saber de su homosexualidad, le explicó que debía relajarse para volar "como cuando él se fue de putas".

"Me estaba follando a la puta y ella, mientras, comía pipas como si no pasara nada". Aterroriza pensar cuál sería su lenguaje si hubiese conocido su orientación. Después de su experiencia militar ahora trabaja en Uganda ayudando a las lesbianas, a las que violan "para que descubran que no lo son".

Los ataques a homosexuales se multiplican

En España este año se han registrado setenta ataques a homosexuales en Valencia y Madrid, aunque con toda seguridad habrán sido muchos más. En este contexto, muy probablemente, hay que enmarcar los acontecimientos de Vanesa Fraga, guardia civil que se disparó en el estómago después de denunciar el acoso de sus superiores a los pocos días de contraer matrimonio con su mujer. Tal vez se trate de un caso más de acoso laboral, tan común en la Benemérita, pero lo cierto es que el conocimiento de ataques homófobos en los medios parece provocar un efecto viral al ratificar o legitimar de alguna forma conduzcas que todavía no se han erradicado en el mundo militar.

Clasismo y machismo

Si bien es cierto que la vida de los homosexuales dentro de las Fuerzas Armadas es muy compleja y se desarrolla en escenarios anacrónicos, lo cierto es que no es igual en el crisol de ejércitos y cuerpos que existen y en las diferentes escalas.

La homosexualidad masculina de forma general es inaceptable en todos los ámbitos y cuerpos, pero dado que la tropa es un estamento ideológicamente más plural que la oficialidad, los soldados pueden vivir su homosexualidad de formar más o menos abierta con sus compañeros. Sin embargo, esta sexualidad la ocultan en muchas ocasiones a sus superiores, lo que demuestra el clasismo existente.

Sorprende que existan cuarteles en los que las lesbianas pueden vivir su homosexualidad o bisexualidad de forma abierta a nivel de tropa, dado que ello no deja de ser una forma de "masculinizar" a la mujer, "un vicio o una enfermedad" que termina por resultar positiva para este mundo tan machista.

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Siempre es mejor una "machorra" que una mujer, piensan muchos. Resulta de un contraste casi surrealista comprobar que en esos mismos cuarteles las lesbianas que son cuadros de mando lo ocultan. Ello se debe a que como la institución también es clasista, las "desviaciones" de la soldadesca no se toleran a los mandos y menos aún a la oficialidad.

Por regla general, aunque la casuística es muy variada y no existen informes ni estudios al respecto, cuanto mayor sea la unidad y más técnico el trabajo más posibilidades de trabajar en un ambiente amigable. Mejor el Ejército del Aire que el de Tierra y este que la Armada; y mejor la oficina que la sección de transmisiones y mejor esta que la de Infantería, aunque no hay reglas fijas.

Mucho trabajo por delante

Hay mucho retraso en la normalización de la homosexualidad y la eliminación de los estigmas y los acosos. Los homosexuales, he conocido a muchos en diferentes destinos y escalas, desarrollan su trabajo al mismo nivel que cualquier heterosexual por lo que merecen el mismo respeto que estos.

El respeto no es el silencio, el respeto es la normalidad. Tenemos que derribar ese silencio que desgarra la vida de muchos militares y les condena a no ser ellos mismos un día tras otro durante casi toda su vida. Ese mismo silencio que les crea contradicciones o que les hace fingir una carcajada ante un chiste sobre homosexuales. Debemos tener, igualmente, tolerancia cero con los homófobos. Para ello es fundamental la educación y la pluralidad ideológica de los cuadros de mando de las Fuerzas Armadas, así como desterrar el lenguaje soez o los chistes machistas, clasistas y homófobos tan comunes en nuestro ambiente. Es una obligación de todos y muy especialmente de los militares.

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