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Créditos : Capitale du plaisir - Paris entre-deux-guerre (La Manufacture des Livres) 
Identidad

Fotos de los burdeles parisinos de los años 20 y 30

En las décadas de 1920 y 1930, la alta sociedad parisina acudía a estos lujosos establecimientos para disfrutar de la bebida, el baile y mucho más.
24 Enero 2020, 6:51pm

Articulo publicado originalmente por VICE Francia.

Capital of Pleasure – Paris in the Inter-War Period es un nuevo libro publicado por el historiador del erotismo Alexandre Dupouy. Tradujimos un fragmento sobre la época dorada de los burdeles parisinos.

Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la atmósfera de tensión sexual propició una época de bonanza de la industria del sexo. Hoy, la que suele conocerse como “época dorada de los burdeles” ha dejado de ser una realidad, pero en aquel momento, la emancipación de la mujer y la prostitución iban de la mano. Marthe Marguerite y Camille Fernance “Dinah” Alfrédine, dos mujeres ambiciosas, dominaron el panorama del negocio sexual de entreguerras en París y representaban la antítesis de la explotación de la mujer por parte del hombre.

Camille empezó a trabajar en el burdel de lujo Le Chabanais a los 20 años. El establecimiento había abierto sus puertas en 1877 y en aquel momento sus días de gloria parecían ya muy lejanos. La prostitución había dejado de atraer a la clientela burguesa de antaño, que estaba cada vez menos dispuesta a frecuentar esas casas y prefería pasar un buen rato con las chicas en ambientes más íntimos. En este contexto, Camille se adueñó del Palais de Cristal, en la Rue Taitbout, con la ayuda de su amante, Marcel Jamet, también conocido como Fraisette.

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Martoune, una de las maestras del One-Two-Two, posa entre dos de las chicas

Camille bautizó el establecimiento con su sobrenombre, Dinah. Aquella pequeña “casa familiar” pronto superó sus ambiciones. En 1927, Dinah y Marcel adquirieron el One-Two-Two, también llamado “The One”. Su nombre se debe a que está situado en el 122 de la Rue de Provence y a que tiene un sonido muy internacional. Dinah se cambió el apodo por el de Doriane. Habida cuenta de su estilo y elegancia, el establecimiento pronto pasó a formar parte del pequeño círculo de “grandes casas parisinas”. En 1931, se produjo un acontecimiento revolucionario en la noche parisina: la apertura de Sphinx, en Boulevard Edgar-Quinet, en pleno corazón del distrito de Montparnasse.

El Sphinx no era realmente un burdel, sino un bar muy frecuentado por la elite parisina. Las chicas podían abandonar el local siempre que querían y no se obligaba a ninguna de ellas a “subir” con los clientes. A diferencia de otros lugares dedicados a ofrecer placer al consumidor, allí acudían parejas oficiales y oficiosas. Era un espacio, en cierto modo, orgulloso de sí mismo, un escaparate del lujo y la perdición.

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La sala Renaissance del One-Two-Two

El Sphinx es la criatura de Marthe “Martoune” Marguerite y Georges Lemestre. Ella quería triunfar y abandonar su trabajo de comerciante. Él, su “hombre”, un tipo ligeramente rudo pero de buen corazón, la protegió, la apoyó y le hizo ver que la suerte sonríe a quienes se aventuran. A diferencia de la mayoría de quienes trabajaban en este mundo, los dos solían viajar siempre juntos para descubrir el mundo.

Martoune regresó de los Estados Unidos con un objetivo claro: crear su propio burdel. Pero no uno cualquiera: ella soñaba con un oasis similar a todo lo que descubrió al otro lado del Atlántico, con espacio suficiente para celebrar fiestas interminables regadas con champán, luces, música (sobre todo jazz), mujeres hermosas de espíritu libre entregadas al abandono. Soñaba con regentar una casa con estilo, alejada de los clásicos burdeles franceses, recargados y atestados de pesadas cortinas rojas.

Al no considerarse el Sphinx un burdel al uso, solían frecuentarlo personajes famosos del mundo de la política, el cine, la música y las artes, entre ellos Clark Gable, Errol Flynn y Cary Grant. Martoune tenía la convicción de que mezclarse con las esferas artísticas haría mejorar enormemente su reputación.

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Mientras, en The One, los Jamet no se dejaban intimidar por el éxito de sus rivales. Pronto se dieron cuenta de que, para atraer a los famosos y su círculo, tenían que ir un paso más allá y cambiar los hábitos de la gente, la ubicación, o al menos renovarse. Con esta idea, llevaron a cabo una reforma integral de su establecimiento. En 1935, el negocio familiar poco tenía que envidiar al Sphinx. Los Jamet mandaron construir en altura y encargaron la decoración de los interiores a habilidosos pintores e interioristas.

The One pasó entonces a disponer de un bar, una sala de fumadores, varios “salones” (el Miami, el Mosquetero, el Japonés y el Maple, decorado con muebles de madera de caoba), un restaurante y unas veinte habitaciones con distintas temáticas: la Barba Azul, las Indias Galantes, la Pirata, la Habitación de Dormir, la Choza Africana, la Transatlántica, la Orient-Express, la Pajar, la Iglú, el Tipi, la Provincial, la Casa de Campo, la Egipcia, la Romana, la Griega, la Renaissance, el Salón de Espejos y la Cámara de Tortura.

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El segundo piso de Chabanais

Al igual que en el Sphinx, las chicas se seleccionaban en función de su belleza, vivían fuera del establecimiento, libraban un día a la semana y tenían derecho a peluquería, pedicura, manicura y lavandería y doce duchas. Margen izquierda contra margen derecha, Doriane contra Martoune, la elite parisina empezó a acudir rauda a conocer la joya de Saint Lazare. Y fue todo un éxito: la fábrica del placer funcionaba a pleno rendimiento.

A finales de la década de 1930, espoleado por la crisis de la mediana edad, Marcel asignó la gestión de la casa a Fabienne, una de las madamas. Doriane se enamoró y abandonó The One. Marcel se casó con Fabienne durante la ocupación alemana de Francia, en una orgía regada con champán. El día después de la liberación de Francia, los parisinos votaron contra la gestión de burdeles y la historia de pareja terminó el 7 de octubre de 1946. La ley de Marthe Richard estableció el fin de un periodo de tolerancia de la prostitución. Todos los burdeles de París se vieron obligados a cerrar sus puertas. La fiesta terminó.