Lilia Prado Superestrella y otros chismes

Por fin llega la tercera parte del Archivo Carrión, publicado por Tumbona.

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jun. 26 2014, 3:00pm

Traemos adelantos, reseñas y entrevistas sobre los libros que te ensartarán en las mesas de novedades.

El tercer tomo del Archivo Carrión, publicado por Tumbona, nos hizo muy muy felices: además de traer fragmentos el diario de Ulises Carrión en México, a su regreso de Holanda, recoge una serie de textos que no embonan en el perfil que conocemos de Carrión. Uno de esos textos es la entrevista que él hace a Lilia Prado, y que reproducimos aquí abajo, junto con un videíto de ella (aunque probablemente nos odiaría por esto) bailando mambo, lo cual nos viene muy bien en esos días nublados.

Esta entrevista fue realizada en México en mayo de 1984. Se publicó en Lilia Prado Superstar Filmfestival (De Appel, Ámsterdam, junio de 1984). La traducción, hecha del neerlandés, es de J.J. Agius.

¿Quién era yo?
Ulises Carrión entrevista a Lilia Prado

Ulises Carrión: Lilia, dígame, ¿dónde nació y cómo llegó a la ciudad de México?
Lilia Prado: Nací en Sahuayo, en la costa suroeste de México. De allí mi familia se trasladó a México D.F., donde fui a la escuela. Soñé con ser bailarina y así viajar por el mundo. Quería estudiar música y danza, pero mi padre se negó a darme su autorización. Mi familia tenía una moral anticuada, muy estricta. Pensaba que cuando fuese mayor no tendría más remedio que entrar en un convento. Pero empecé a trabajar como telefonista para ganar mi propio dinero.

UC: ¿Y cómo llegó al mundo del cine?
LP: ¡Eso fue el destino! Nunca hice nada para llegar ahí, en parte por miedo a mis padres. Pero entonces, un día, iba por la calle y un productor de cine me vio. Estaba hablando con un grupo de gente, y entonces me miró y me dijo que tal vez podría participar en una de sus películas. Una de las personas presentes dijo que conocía a mi padre y que podría ponerlo en contacto con él. Pasaron seis meses antes de que vinieran a mi casa y hablara con mi madre. Ella convenció a mi padre con el comentario: “Déjala, todavía no está preparada para eso. No pasará nada".

UC: He leído que primero interpretó papeles pequeños. ¿Necesitó un gran paso para los papeles principales?
LP:No, en absoluto. Después de esos pocos papeles secundarios, incluyendo uno muy pequeño en Tarzán y las sirenas (rodada en Acapulco), conseguí mi primer papel protagonista en Confidencias de un ruletero (1949), con Resortes. Desde ese momento no he parado de trabajar.

UC: Usted hacía más de cuatro películas al año...
LP: Hasta seis, porque los productores no me dejaban hacer más.

UC: ¿No era confuso para usted tener tanta atención del público después de la educación estricta que recibió?
LP:Estaba demasiado feliz para detenerme en ese tipo de problemas. Mi nombre en todos los periódicos, ¡me parecía una locura! Pero eso no era todo, tenía que trabajar duro.

UC: ¿Hay una película que haya marcado su carrera?
LP: Las mujeres de mi general. Antes tenía papeles en los que bailaba y exhibía mi cuerpo. Mientras que lo que realmente prefería eran los papeles serios. Entonces hice Subida al cielo, mi primera película con Buñuel, con quien trabajé en tres películas. A partir de ese momento rechacé todas las películas musicales.

UC: ¿Trabajar con Buñuel fue diferente de lo habitual?
LP: Para empezar, yo no tenía ni idea de quién era Buñuel. Por otra parte, cuando me enviaron el guión, pensé que iba a rechazar el papel porque era muy pequeño. Pero cuando tuve la primera entrevista con él, cambié de opinión. Me quedé muy impresionada. Él no me conocía tampoco, sólo había visto una foto mía y tenía alguna información sobre mí.

UC: En ese momento Buñuel no tenía el prestigio que adquirió más tarde...
LP: Por supuesto que no. Yo estaba viviendo en una especie de torbellino, me sentía en las nubes. ¡Era tan joven! De niña apenas había ido al cine, ya que no era recomendable para las niñas decentes, así que no sabía quiénes eran los directores importantes. Después de la buena recepción de Subida al cielo en Cannes, tuve ofertas de Italia: Dino de Laurentiis, Alberto Lattuada y Vittorio de Sica me enviaron guiones escritos especialmente para mí. Sin embargo, los rechacé. Me di cuenta de que tenía mucho que hacer todavía en México.

UC: ¿Tal vez tenía miedo?

LP: No, sólo no sabía lo que era bueno para mi carrera.

UC: ¿Recibió usted otras ofertas después?
LP: Sí, de Francia. Pero entonces fue el productor el que me espantó. Estaba en Cannes para la película Talpa. Desde mi llegada al Carlton noté cómo me perseguía con sus miradas. Y sabía que después de haber visto Talpa, había pedido ver Subida al cielo. Después de Cannes, me invitó a cenar en su chalet en Suiza. Mi vestido tenía un gran escote en la parte delantera y en la espalda. El productor, en la oscuridad, puso su mano sobre mi estómago y lancé un fuerte grito. Era el principal productor de películas en Francia, y yo era tan joven, tan inocente. Me quedé muy sorprendida por este tipo de cosas que ahora me hacen reír.

Más tarde, me hizo saber que estaba arrepentido y que realmente tenía interés en mí como actriz. Pero no quería tener nada que ver con él. También rechacé un contrato exclusivo con un productor de Hollywood. Todo el mundo pensaba que estaba loca. Pero prefiero trabajar en México y no quiero vivir lejos de mi madre.

UC: Hábleme de Rumba caliente.
LP: Me encanta esa película, pero el rodaje no fue tan agradable. Mi coprotagonista, Resortes, era ya una estrella y tenía más diálogo que yo. Además era un cómico, acostumbrado a improvisar, lo que para mí era imposible. Pero la película fue un gran éxito.

UC: García Riera, el historiador más importante del cine mexicano, dice que Rumba caliente es la mejor película en el género cabaretero.
LP: Puede ser, no sé. Sé que él me apreciaba como actriz. Sabía cómo he construido mi carrera sin ningún tipo de formación.

UC: Sin embargo, su papel en Las mujeres de mi general es muy fuerte dramáticamente. Y esa fue una de sus primeras películas.
LP: El director, Ismael Rodríguez, me había advertido que tenía que estudiar mucho para ese papel. Pero, honestamente, soy demasiado perezosa para estudiar. Él lo sabía muy bien, porque al final de cada día de trabajo, me decía: “Bien hecho, pero sé que esto es debido a tu intuición solamente. Tengo años de experiencia en el cine, no me engañas”.


Ulises Carrión. 

UC: ¿Y cómo fue con las otras dos estrellas en Las tres alegres comadres?
LP: Estaba bien pagada, pero la primera en el cartel era Amalia Aguilar, la bailarina cubana. Estábamos en el rodaje cuando la publicidad en torno al éxito de Subida al cielo estalló en Cannes, y llegaron las ofertas de Italia. Hordas de periodistas vinieron a los estudios. Trataba de conseguir que Amalia Aguilar y Lilia del Valle también entraran en las fotos. Pero estaban terriblemente celosas y trataron de hacerme la vida imposible con todo tipo de trucos sucios (a pesar de que la vida era ya bastante difícil).

En aquellos tiempos, para las escenas de baile en las películas, no se contrataba a un coreógrafo. Me quejé con el productor: “¿Por qué no contratas a uno para que no resultemos ridículas en la película? Nunca haré más películas de baile”. Desde entonces rechacé todas las ofertas, no importa lo generoso que pudiera ser el salario. El apodo de “rumbera" me pareció un insulto. Cuando, junto a otras diez chicas, hice una audición para el papel de Las mujeres de mi general, yo era la que tenía menos oportunidades, porque era la niña boba con hermosas piernas. Y cuando Ismael Rodríguez por fin me eligió, me advirtió: “¡Si la película fracasa por tu culpa, te mato!"

UC: Pero la película fue un gran éxito.
LP: Sí, y me hizo más fuerte, nunca más he bailado. Desde entonces me he movido con cautela. Pero como me decía Buñuel: “Las películas muy buenas son raras, pero debes seguir trabajando”.

UC: ¿Sabía que alguien como Buñuel era una figura excepcional en la industria comercial del cine mexicano?
LP: No era consciente de ello. Pero pronto quedó claro que él era diferente. Cuando nosotros, los actores, tratábamos de hacerlo lo mejor posible, nos decía: "No, no, no, yo no quiero un espectáculo de actores. Quiero gente normal, ¡como vosotros sois en la vida real!"

Además Buñuel me conocía. Me pidió que no me tomara demasiado en serio la película y que “jugueteara" con la actuación. Le respondí que era una actriz seria y no podía "juguetear" mi actuación sin más. Pero todo lo que hice “jugueteando" él lo aceptó (por supuesto, podía conseguir de mí todo lo que le diera la gana).

En una de las últimas escenas, sentí que debía tener una manzana en las manos. ¡Y entonces empecé a hablar mientras escupía trozos de manzana! Por supuesto me disculpé y me dijo: “Pero eso era precisamente lo que quería". Y hay muchos más detalles en la película que se me ocurrieron a mí. Al final me dijo: “No entiendo lo que hiciste y me gustaría saber cómo te las arreglaste para darle una connotación sexual a mi película. Ésa no era mi intención original..." Buñuel tenía un gran sentido del humor, mientras que yo me tomo todo muy en serio.

UC: ¿Pero usted sabía que provocaría una gran impresión en el público?
LP:¡No lo sabía! Nunca me di cuenta de la intensidad de ese efecto. Ahora oigo decir que era popular. Y, aun así, a menudo pienso que quieren halagarme con esas historias. Sólo ahora me doy cuenta de quién era yo ¡y por lo que he pasado!

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