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Music by VICE

TrasEscena: Reggaetón (Video Completo)

El reggaetón mexicano lleva 15 años forjando una identidad que hoy apenas aflora. Nosotros documentamos su historia.

por Maite Soleno
25 Octubre 2016, 3:39pm

La primer canción de reggaetón que llegó a mis oídos fue "Papi Chulo" de Lorna en el 2003. Tenía 14 años, y estaba de moda regalarle CDs con el tracklist rayado a tus amigos. Los nombres de Lorna, La Factoría, Big Boy, Daddy Yankee y Wisin & Yandel estaban escritos en todas las mixtapes del país y en el camino diario a mi escuela católica (que a duras penas daba una burla de "educación sexual") escuchaba como Lorna comandaba a las mujeres vírgenes (yo) a quitarse los pelos. Si bien lxs adolescentes mexicanxs de la primera década del siglo en turno crecieron escuchando ritmos reggaetoneros, gran parte de la población mexicana "adulta" ni siquiera comenzaba a digerirlo. Y luego la superautopista de la información explotó.

En la época de la hiper-producción informática y la reproducción mecánica, se puede hacer un paralelo a Walter Benjamin cuando habla de cómo dentro de la reproducibilidad de una imagen existe un inherente incremento en la sumisión de su audiencia a la misma. El flujo constante de información cambia la configuración de la percepción humana ante el río semántico interminable: la balanza del poder de gestión y consumo se modifican y ya no es cuestión de nuestra contemplación de los archivos infinito con su infinito potencial, sino de tomar en cuenta cómo las estructuras organizacionales tienen ahora un acceso directo para contemplarnos a nosotros.


Es en este esquema de capitalismo global germinan los primeros ritmos de reggaetón hecho en México. El punto inicial es Veracruz. El puerto más importante de México ha sido el punto inicial de muchas de las importaciones comerciales y culturales, comenzando por la llegada de Hernán Cortés al puerto de San Juan de Ulúa en 1519. Por ese mismo punto entran, desde Panamá y Puerto Rico, las primeras percusiones reggaetoneras, contagiando a México de los ritmos contemporáneos del Caribe y las danzas diaspóricas de las culturas afro caribeñas.

Los europeos trajeron consigo los primeros indicios de la globalización moderna: el trigo, la cebolla, las gallinas, nuevas enfermedades virales, y programas de esclavitud raciales que hasta cierto punto permean la psique mexicana al día de hoy. La conquista fue armada, religiosa y psicológica, y en la actualidad nos sigue plagando, contribuyendo al clasismo, al racismo, y al moralismo mexicano, con la memoria del violento proceso de mestizaje del que somos producto y que, en parte, nos deja como herencia un sentido confuso de identidad: ¿Somos el opresor? ¿El oprimido? ¿Ambos?


Mc Magaña de La Dinastía 

Este caos cultural está al centro de las razones por las que gran parte de la cultura indígena en México es marginada; que nos hacen vivir el diario mexicano aún mediante un sistema informal de castas; que hace que utilicemos palabras como "naco" para referirnos a lo popular; que hizo que en la primaria usáramos la palabra indio como un insulto; el que nos hace acusar de racismo a Trump para luego hacer menos a nuestros hermanos inmigrantes. Esto también es parte importante de por qué aspiramos al gringo y rechazamos nuestro origen: la complejidad de nuestra identidad nos asusta. Gran parte de la clase media del país (la misma que ahora tiene acceso a consumir y compartir artículos como éste) creció oyendo reggaetón y otros géneros villanizados a escondidas, bailándolos en las tardeadas cuando se iban los adultos y escogiendo momentos y personas específicas para compartirlos, con miedo a que nos clasificaran de manera despectiva.

Hoy en día existen representantes del reggaetón más aceptables para una sociedad tan racista como la mexicana: la tez clara de J Balvin y el sex appeal de la "multiculturalidad" de jóvenes latinos como Maluma hacen del reggaetón pop un paquete asimilable y hasta atractivo para las masas millennials mexicanas. La estandarización de los productos culturales bajo la mano capitalista propone un programa de contenidos aceptables parar el mundo-Internet. ¿Pero qué pasa con todas las faltas que nuestra sociedad le adjudicaba al reggaetón? ¿Las acusaciones de vulgaridad y ordinariez son solo para los jóvenes que protestaron la cancelación del concierto masivo de reggaetón en el 2012 y dejaron huella en Reforma 222? ¿Las acusaciones de sexismo solamente van para canciones que no suenan remixeadas en los antros? ¿Las acusaciones de criminales y "chakas" son solo para los reggaetoneros?


Capezzio, el templo mayor del reggaetón en México 

En el concepto de Zygmunt Bauman, la cultura moderna en su etapa líquida es agente directo de la globalización. Refiriéndose al concepto de "diversidad cultural" como "la disolución de todo lo sólido," la devaluación de herencias de conocimiento y tradición en pro de la estandarización de valores y la sistematización capitalista. La dispersión de contenidos por medio de las redes sociales con sus algoritmos de reconocimiento, han ayudado a que alrededor del mundo sintamos que hasta los ritmos y productos culturales más lejanos son nuestros.

Parece que se nos ha olvidado que la producción cultural y su consecuente mercantilización son procesos que abarcan múltiples estratos. La hipocresía con la que sometemos a las subculturas de los barrios latinoamericanos para luego bailar sus ritmos en fiestas, e incluso armar fiestas enteras alrededor de ellos, es la misma que utilizamos para llamar a las mujeres "putas" por perrear y luego frígidas porque "no aflojan" (contigo). Se nos olvida que las correas que nos mantienen atados tienen su origen en nuestros propios deseos y miedos. Una sociedad reprimida, hipócrita y superficial es la que da pie a un análisis en el que se concluye que las líricas son de entrada machistas e hipersexualizadas, y a la noción errónea de que esto es exclusivo y único del reggaetón. El reggaetón abarca los mismos temas vivenciales que cualquier otro género musical, tanto la canción de protesta como los momentos de celebración. Desde el 2003 Tego Calderón declara: "oye, si las más putas son las más finas" y es un claro ejemplo de cómo el doble lenguaje de estas letras pone en crisis todos los fundamentos patriarcales y clasistas de los que llevamos más de una década responsabilizando al género ¿Qué es lo que ha cambiado ahora? ¿Por qué ahora el reggaetón es digno de escucharse, cuando antes era un género satanizado? ¿Por qué ahora sí está de moda ser parte de la contracultura?


El reggeatón mexicano lleva 15 años forjando una identidad que hoy apenas aflora. Hoy en día no puede faltar la producción de BrunOG o de Rosa Pistola en todas las fiestas relevantes de la Ciudad de México. La perseverancia de los exponentes originales, como La Dinastía, la consistencia de ritmos de los primeros creyentes en Veracruz, y la cultura de los pioneros que celebran el reggaetón, han sido la expresión seminal del sentimiento de toda una generación latinoamericana en la agonía de la "neolibertad". Los frutos de una hegemonía global en la que toda expresión cultural es producto, asisten directamente a que las generaciones más jóvenes ya no sientan culpa al celebrar ni sus ritmos, ni su sexualidad: en el juego de la representación cultural, la "diversidad" es importante para los sectores que no se ven representados en ningún otro nivel de la compleja máquina capitalista. Nos permite entretener la ilusión de que si nos vemos gráficamente reflejados en los mercados globales es por mérito propio y no por la facilidad de explotación a nuestra labor de producción. Nos hace creer que estamos moviendo al mundo cuando en realidad, las tendencias globales de producción nos mueven a nosotros. El uso de las redes sociales es ahora una herramienta para conquistar nuevos terrenos de mestizaje, de expresión artística y de reafirmación a las nociones globalizadas de identidad. Al comenzar a conocer, en apenas unas semanas, a los abanderados del género en México, queda claro que el reggaetón, todo lo que odiamos y amamos de él, es una forma de mirarse en el espejo.

Nosotros decidimos documentar esta escena musical que no tarda en florecer. Dejamos el nuevo capítulo de TrasEscena aquí abajo: