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Así construye la resistencia indígena de México la estrategia de su 'anticandidata' presidencial

Marichuy puntualiza que su reto no es el poder sino luchar "por la vida, la tierra, el territorio, el agua, los árboles, porque se los están acabando".

Laura Castellanos

Los movimientos indígenas más emblemáticos en defensa del territorio mexicano decidieron unirse y postular a María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, para que compita en las elecciones presidenciales de 2018 pero sin pretender el apoyo de ningún partido político, ni buscar votos, ni aspirar al poder.

Esta náhuatl de 54 años es postulada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y 58 pueblos del Congreso Nacional Indígena (CNI), un frente común de luchas independientes, que ahora rompe con una línea política mantenida durante 20 años contraria a participar en comicios electorales por considerarlos parte de un sistema capitalista excluyente.

Pero han tomado este inesperado giro político para sobrevivir: "Es necesario darlo si queremos que nuestros pueblos sigan existiendo", manifestó María de Jesús, la sanadora de medicina tradicional en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, durante la asamblea del CNI en la que se instaló su Concejo Indígena de Gobierno (CIG) que, entre otras acciones de lucha, articulará su estrategia de campaña.

En el sentido tradicional electoral la indígena será una especie de "anticandidata" presidencial, porque su objetivo no será "sentarme en la silla macilente" de la presidencia, sino recorrer el país para visibilizar las diversas luchas del CNI que enfrentan el despojo de tierras y recursos naturales por oscuros intereses gubernamentales, de las multinacionales y el crimen organizado.

Es así que ahora Marichuy será la voz de las resistencias más combativas del país, encabezadas por el EZLN, la guerrilla que se alzó en Chiapas en 1994 para exigir al gobierno que cumpliera sus derechos a la alimentación, salud, educación, vivienda, justicia y paz para todas las etnias empobrecidas del país.

Un zapatista tsotsil de Sakamch'en de los Pobres definió así la postulación de Marichuy: "Significa mucha fuerza para México: ¡Es una mujer!".

Desde 2003 los zapatistas se transformaron en un movimiento social autónomo al romper toda relación institucional con el gobierno y los partidos políticos y crear zonas con proyectos productivos, clínicas de salud, escuelas e instancias de justicia y gobierno de carácter autogestivo, con influencia internacional.

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