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Conoce 'El barrio antiguo': crónicas contra la barbarie

Este semanario regio busca echar mano del nuevo periodismo para levantar la capital de Nuevo León, tan golpeada por la violencia.

Suena como una fantasía para cualquier periodista que ama a su comunidad: mudarte a un barrio emblemático, querido, herido de tu ciudad, y luego, empezar un periódico sobre el barrio, en servicio al barrio – sí, en papel.

Esto es lo que ha hecho el periodista regio Diego Enrique Osorno, uno de los más reconocidos actualmente en México y en el extranjero. Además de ganarse el cariño de las personas por hacer un periodismo de servicio y denuncia, Osorno acaba de lanzar un semanario impreso para abrir un espacio a los jóvenes escritores de Monterrey, y a partir del nuevo periodismo, ayudar rehabilitar su ciudad tan golpeada por la violencia de la guerra contra el narco.

Lanzado el 1 de mayo (“Dia del Trabajo,” Diego me recuerda), El Barrio Antiguo se ha convertido en un fenómeno social en Monterrey en poco tiempo. Osorno es el editor en jefe, y con él colabora como editor adjunto el periodista Diego Legrand, además de un buen grupo de jóvenes narradores reporteros. Como admiramos el trabajo de Osorno, también colaborador de VICE, les compartimos esta conversación con él sobre su proyecto.

“Somos pobres, pero honrados,” me comentó Diego sobre la publicación. Con esa gran declaración en mente, me da gusto anunciar que cada semana VICE México publicará una nota de El Barrio Antiguo para compartir el buen trabajo que el proyecto realiza, y ojalá para apoyar el periódico con más ojos a nivel nacional e internacional. ¡Bienvenidos!


El corresponsal de guerra, Jon Lee Anderson, con un ejemplar de El Barrio Antiguo donde aparece su crónica sobre los barrios de Río de Janeiro.

VICE: ¿Cómo y desde cuándo surgió El Barrio Antiguo y con qué apoyo? Hoy en día armar un periódico impreso nuevo en México no es nada fácil.
Diego Enrique Osorno: Como muchos de aquí, fui testigo de la forma en que Monterrey era arrasada no sólo por la violencia de la guerra del narco en los años recientes, sino también por el cinismo que producen todas las situaciones de guerra. Si viejitas apacibles pedían desde sus mecedoras matar a todos los “malos”, imagina lo que hacían algunos “líderes” locales desde sus púlpitos mediáticos. La realidad desmesurada produce desmesura colectiva. Como cualquier reportero, también soy lector de periódicos y en ese contexto me parecía lamentable que fueran tan escasos y excepcionales los espacios en los medios locales donde se contrarrestara la narrativa cínica predominante o donde se intentara hacer del periodismo un ejercicio creativo en medio de la barbarie. Esa inquietud se juntó con la agonía de La Razón, un diario de los ochenta, muy irregular, cuyas instalaciones e imprenta fueron intervenidos para lanzar El Barrio Antiguo, un periódico semanal impreso que cree en la reconstrucción de la ciudad a partir del periodismo narrativo. Lo que estamos haciendo es contar historias alternativas y abordar la agenda oficial y hegemónica con una perspectiva independiente.

No hacemos periodismo del poder para el poder. No nos interesa entrar a ese círculo vicioso y absurdo.

El arranque no ha sido fácil, pero debemos reconocer varios aspectos con gratitud. Hemos publicado 15 números semana tras semana y es muy notoria la acogida que le han dado al periódico en los bazares, mercados, cafeterías, restaurantes, fábricas y espacios culturales donde se reparte. No esperábamos esta reacción en tan poco tiempo. Estamos viendo que sí se puede hacer periodismo de largo aliento y que hay un público que lo acepta y que lo busca.

Para sostener el proyecto y mantener nuestra independencia estamos afinando la estrategia. Aunque se nos han acercado políticos para ofrecernos “su apoyo”, los hemos rechazado: Somos pobres, pero honrados. Sabemos muy bien que en México no es raro que periódicos y revistas, incluso algunas que se jactan de ser independientes, vivan exclusivamente de la publicidad gubernamental. Hay también otra camada de medios respetables que han sobrevivido estos años con el apoyo central de fundaciones internacionales como Open Society. Respetamos esas estrategias pero nosotros queremos entrarle al mundo real. Estamos buscando anuncios de empresas. Pero no de empresas cualquiera. Estamos buscando empresas socialmente responsables que quieran impulsar el renacimiento del corazón de la ciudad y el periodismo narrativo. La estrategia de supervivencia económica también incluye otras tácticas de espíritu comunitario que estamos acabando de concretar.


Lector callejero de El Barrio Antiguo.

¿Qué aspectos crees que hace diferente este proyecto a otros de periodismo emergente en México actualmente?
La crónica está de moda en México y Latinoamérica. Hay programas de televisión, congresos, antologías, etcétera... Antes, cuando decías que eras cronista, automáticamente quedabas catalogado dentro de los freaks del periodismo. Ahora hay un halo extraño alrededor de la palabra cronista. Decir que eres cronista te da cierto caché. Esa situación a mí me desagrada. Sé que como todas las modas, la moda de la crónica tiene algo de artificial y es pasajera. Sin embargo, la moda de la crónica se irá, pero los cronistas y las buenas crónicas se quedarán.

Lo valioso de este boom es que ahora más que nunca existen jóvenes interesados en la crónica. El boom ha ganado la atención de las nuevas generaciones de lectores y de periodistas. En esa camada vienen muy buenos cronistas. El Barrio Antiguo busca ser también una cantera de esa generación de jóvenes cronistas. El promedio de edad de la redacción es de 23 años. Yo, que tengo 32, soy el dinosaurio del equipo. Todos los procesos internos están diseñados para alentar esa pasión por contar historias. El Barrio Antiguo es un periódico popular impreso y gratuito consagrado al periodismo narrativo. Suele llevar tres crónicas de largo aliento, un obituario (que por lo común es la sección más leída) y unos ornitorrincos. Ornitorrincos es la forma que llamamos a una zona donde publicamos desde crónicas cortas hasta periodismo experimental. No hay nada así en Monterrey ni en el noreste de México.

Además, cada reportero de planta trabaja sus historias en condiciones editoriales muy distintas a las que existen en la mayoría de los medios. Esa forma de trabajar podría resumirse más o menos con este decálogo:

1. Debo tener por lo menos 15 días para reportear y escribir mi historia.

2. No cubriré ruedas de prensa gubernamentales.

3. Cada crónica que hago debe tener un mínimo de diez fuentes.

4. Prohibido incluir más de dos dijo, señaló, aseveró...

5. Jamás empezaré un texto con una cita textual.

6. No creo en el concepto hipócrita de la objetividad, pero sí en la veracidad y el rigor.

7. Privilegiaré en mis crónicas a personas o grupos que no tengan voceros ni oficinas de comunicación social.

8. Me pondré en los zapatos de cada persona que mencione en mi texto.

9. Antes de publicar, mi editor me debe regresar mi crónica por lo menos un par de veces con correcciones.

10. Leeré al maestro Ryszard Kapuscinski.


Lectores asisten a proyección de documental en el cuarto de máquinas de El Barrio Antiguo.

¿Porque El Barrio Antiguo? ¿Qué significa esta lugar para Monterrey y cómo se está relacionando el proyecto con el barrio actual?
El Barrio Antiguo además de ser el centro histórico de Monterrey, fue por mucho tiempo el animado corazón cultural y bohemio de la ciudad. En los años recientes, a causa de la corrupción de algunos empresarios y políticos y debido a la guerra contra el narco, se fue desolando. Luego de masacres, extorsiones y asesinatos ocurridos en sus calles, lo que era un lugar de concurrencia y fiesta, ahora parece un pueblo fantasma. Sin embargo, en el último año se han afianzado iniciativas comunitarias de recuperación como un bazar de arte que se instala los domingos, o bien, la intervención artística de muros de casas abandonadas, entre otras actividades. Nuestro periódico está participando en esa recuperación, no sólo porque sus oficinas y su máquina de prensa estén precisamente en la zona del Barrio Antiguo, sino porque también creemos en que hay que recuperar esta zona. ¿Cómo va a dejar atrás la ciudad esta época de violencia si su corazón cultural está perdido? Nosotros estamos participando mediante la reconstrucción de la narrativa de la ciudad, a partir de una perspectiva barrial. Hacemos crónicas sobre el Barrio Antiguo, pero también contamos historias sobre otros barrios de la ciudad y del país. Creemos en la frase de Tolstoi: “Pinta tu aldea y pintarás al mundo”. Este Barrio Antiguo, lacerado pero con esperanza, es nuestro punto de referencia geográfica para analizarlo todo.

¿Qué esperanzas tienen? ¿Pudieran superar un día El Norte, por ejemplo?
El Norte no es nuestro referente. El horizonte que miramos está en la dirección contraria. Lo que sí hemos notado es que en la ciudad se ha dado una especie de contagio crónico que nos honra. Un amigo que desde hace dos años trabaja como lector en una agencia de monitoreo de medios locales, asegura que desde que salió El Barrio con su propuesta de crónicas, ahora más que nunca hay crónicas en las páginas de los diarios más viejos y que incluso algunas revistas o publicaciones oficiales también intentan hacer crónica (aunque él las llama parodias de crónicas). Realmente nos honra esto, porque no es un género exclusivo de nosotros. Entre más espacios consiga la crónica en una ciudad como ésta, mejor para todos.

Nuestra esperanza es ésa: Que la desmesura de la crónica combata la barbarie. Queremos hacer crónicas contra la barbarie.

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Ve más en la columna El barrio antiguo.