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Cómo la CIA infiltró la literatura mundial

El nuevo libro, <i>Informantes</i>, revela cómo grandes escritores como García Márquez y Hemingway se convirtieron en soldados de la Guerra Fría cultural de EUA.

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ene. 5 2017, 10:29pm

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Cuando se revelaron las conexiones de la CIA con la Paris Review y otras dos revistas en 1966, la reacción fue rápida pero no uniforme. Algunas publicaciones se derrumbaron y hundieron a sus editores, mientras que otra casas editoriales y escritores salieron relativamente ilesos, atribuyendo el asunto a la indiscreción juvenil o defendiendo a la CIA como una fuerza "no violenta y honorable" que buscaba hacer el bien. Pero en un nuevo libro revelador, Informantes: Cómo la CIA engañó a los mejores escritores del mundo, (Finks: How the CIA Tricked the World's Best Writers) el autor Joel Whitney desacredita el mito de una agencia de inteligencia que alguna vez se guió por la moral, revelando una extensa lista de escritores involucrados en la transformación de la imagen de Estados Unidos en países que desestabilizó mediante golpes de Estado, asesinatos, y otras intervenciones típicas del carácter estadounidense.

La CIA desarrolló varios artificios para darle dinero a escritores jóvenes y florecientes, lo que creó una estrategia de propaganda cultural con puestos literarios en todo el mundo, desde Líbano hasta Uganda, India y Latinoamérica. La misma agencia que ocasionalmente socavó las democracias por el bien de la lucha contra el comunismo también puso en marcha el Congreso para las Libertades Culturales (CCF, por sus siglas en inglés). El CCF construyó estrategias editoriales para cada uno de estos puestos literarios, permitiéndoles controlar la conversación en países donde los lectores podrían resistirse a la perspectiva estadounidense. La Paris Review, cuyo cofundador Peter Matthiessen era un agente de la CIA, vendía sus entrevistas bajo encargo a sus homólogos de la revista en Alemania, Japón y otros lugares. Mundo Nuevo fue creada para ofrecer una perspectiva de izquierda moderada para ganar confianza entre los lectores latinoamericanos, eliminando con éxito perspectivas más radicales durante la Revolución Cubana. A veces la agencia proporcionaba a los editores fondos y contenido; otras veces trabajaba directamente con escritores para dar forma al discurso. A través de estos actos, el CCF hizo que los intelectuales más progresistas de la era se convirtieran en armas para la respuesta estadounidense a la maquinaria soviética.

Aunque la participación de la CIA en la propaganda anticomunista se conoce desde hace mucho tiempo, su influencia —especialmente en las carreras tempranas de los escritores más queridos de la izquierda— es impactante. Whitney, el cofundador y editor de la revista literaria Guernica, pasó cuatro años explorando los archivos y creando una lista exhaustiva: James Baldwin, Gabriel García Márquez, Richard Wright y Ernest Hemingway sirvieron al tío Sam en distintos niveles. (No es que la CIA se interesara sólo en las letras: la agencia también impulsó las carreras de los expresionistas Jackson Pollock y Mark Rothko).

Pero no dejes que esto arruine El amor en los tiempos del cólera. Whitney explica con claridad metódica cómo cada escritor se convirtió en una herramienta para la CIA. Este matiz no sólo evita que muchos de los clásicos se desechen como propaganda, sino que sirve como una advertencia para aquellos que tratan de navegar el paisaje "post-verdad" de los medios de comunicación en la actualidad. En una era donde los algoritmos de Facebook dictan el discurso nacional estadounidense, incluso el periodista mejor intencionado es propenso a reproducir las historias que distraen en nombre del gobierno de Estados Unidos.

"A menudo era una manera de cambiar el tema de la lucha por los derechos civiles en casa", comentó Whitney sobre la estrategia de contenido de la CIA durante la Guerra Fría. Podemos trazar fácilmente paralelos con la situación actual, donde los problemas más terribles de la nación rara vez son temas virales. Con la presidencia de Donald Trump a unas pocas semanas, Informantes llega en un momento crucial, exponiendo la maquinaria política que puede determinar qué historias se comparten y cuáles quedan en silencio.

Foto cortesía de OR Books.


VICE: ¿Por qué tuviste que arruinar a todos mis autores favoritos?
Joel Whitney: Quieres saber la verdad sobre los escritores y publicaciones que amas y cuáles podrían haber sido sus objetivos, pero eso no debería significar que estén arruinados. Para alguien como Richard Wright o James Baldwin o incluso Peter Matthiessen, siento que había mucha gente que se unió o participó a través de profesores. Estaban en sus veintitantos, y cuando eres joven y tus profesores tienen una reputación nacional, tomas con seriedad su su enseñanza. Yo estaba un poco más interesado en dónde había terminado la gente una vez que se reveló la verdad.

Y las excusas variaban. Mencionaste el consejo de Gabriel García Márquez de que "cuando escribes, eres tú quien informa a la publicación". Si eso es cierto, ¿por qué la CIA trabajó con tantos autores latinoamericanos de izquierda, cuya escritura daría voz y credibilidad a la idea de autonomía en la región? ¿Podemos medir cuán exitosa fue la CIA al trabajar con estos artistas?
Esa es la cuestión con los asuntos que se mantienen en secreto: sin ninguna discusión pública sobre cuáles eran los objetivos reales, no había responsabilidad, y podías seguir cambiando el objetivo. Descubrieron que las primeras revistas latinoamericanas —la primera fue Cuadernos [del Congreso por la Libertad de la Cultura]— mostraban bastante la política y no estaban llegando a los lectores que querían. Cuadernos podía hablarle a los tradicionalistas que ya estaban convencidos de que Estados Unidos estaba haciendo algo bueno en Latinoamérica. Ayudó a apuntalar a los ricos y ayudó a derribar a presuntos izquierdistas de influencia comunista que con frecuencia resultaron no tener mucho comunismo en su ideología. Pero durante la Revolución Cubana vemos un cambio de objetivo. En lugar de darle voz a los tradicionalistas, los "más moderados" podían llegar a más gente.

Básicamente, promulgaron algo que yo había descubierto como una idea detrás de la cobertura política de la revista Guernica: alguien tiene que arbitrar, en todo momento, un debate entre la izquierda progresista anti-guerra y la izquierda intervencionista. Siempre sentí curiosidad sobre por qué escuchaban a la izquierda intervencionista pero marginaban a la izquierda progresista anti-guerra.

"La influencia de la CIA en las publicaciones estaba del lado de las operaciones encubiertas y se hacía como propaganda. Era un control de cómo pensaban los intelectuales sobre Estados Unidos".

¿Entonces el CCF publicó escritores que pertenecían lo suficiente a la izquierda como para ganar la confianza del público?
La forma en que lo hicieron fue usar a un izquierdista cultural como García Márquez con su trabajo creativo y pusieron sus nombres en la portada como si fuera un Caballo de Troya, para poder inmiscuirse en la conversación durante la Revolución Cubana. Había algo democrático detrás de eso, pero también había algo inexplicable y no tan democrático al respecto.

Por ejemplo, el erudito Patrick Iber señaló el momento en que Emir Rodríguez Monegal admitió que publicó una página opuesta al editorial contra la guerra de Vietnam sólo para restablecer la idea de que no era un instrumento de la CIA. Se vuelve muy complicado, pero es lo que más me interesó. Porque una vez que llegué a ese nivel de complejidad, tuve que deshacerme de mi tal vez ingenua tendencia a juzgar moralmente todas esas cosas. Después de un tiempo, me interesaba más cuando la gente cambiaba de opinión o cuando tenían un colapso o cuando alguien estaba tan instrumentalizado y convertido en una arma que se dieron cuenta y quedaron destruidos por un momento.

Cuando se revelaron las conexiones de la CIA con la Paris Review y otras publicaciones, la reacción fue desigual. La revista Hiwar de Beirut —así como la vida y carrera de su editor Tawfiq Sayigh— fueron destruidos. ¿Por qué la Paris Review salió ilesa?
Tu pregunta apunta a un objetivo central del libro. Creo que una gran parte de la literatura que se ocupa de este tema nunca lo observa al lado de todos los golpes de Estado y asesinatos e intervenciones que volvieron tan impopulares a los estadounidenses. Una vez que Hiwar y otras revistas fueron expuestas, se anexaron a todas las intervenciones que la gente odia del mundo postcolonial.

La influencia de la CIA en las publicaciones estaba del lado de las operaciones encubiertas y se hacía como propaganda. Algunos participantes podrían haber concebido esto como una financiación altruista de la cultura, pero en realidad era un control del periodismo, un control del cuarto poder. Era un control de cómo pensaban los intelectuales sobre Estados Unidos. Pero una vez que se expuso fue completamente inútil.

Pero no sólo la Paris Review ofrece este tipo de literatura de propaganda, muchos de sus editores también estaban monitoreando escritores y expatriados y las noticias en Francia. ¿Cómo fue que reemplazaron casualmente a sus editores y siguieron adelante?
Este "empleo conjunto" es importante porque muestra una especie de conspiración rudimentaria. Peter Matthiessen admitió que estábamos espiando pero renunció cuando vio qué tan malo era. Creo que hay algunas conspiraciones por ahí, pero he tratado de quedarme con lo que encontré. ¿Nelson Aldrich y Frances Fitzgerald estaban espiando a sus amigos mientras trabajaban para el Congreso para las Libertades Culturales? No lo creo. Básicamente estaban trabajando en revistas y en las relaciones públicas, disfrazando todo como un trabajo cultural inocente mientras hacían algún tipo de promoción del "sueño americano". No es totalmente inconcebible que te puedas imaginar a ti mismo como lo hizo García Márquez, tomando ese dinero y afectando su resultado más de lo que lo harían los pagadores. Creo que esa es la encrucijada y el problema con el patrocinio secreto: Te permite decirte a ti mismo, "No creo estar contaminado" y justificas tu propio comportamiento. Pero tan pronto como lo dices, estás en contra del principio periodístico básico de la transparencia.

La CIA convirtió a los escritores en armas culturales, incluso cuando no estaban diciendo nada explícitamente pro-Estados Unidos, simplemente por anunciarse para la "alternativa estadounidense". ¿Qué tan diferente es hoy en día? Los escritores estadounidenses todavía tienen un monopolio de la escena literaria, ¿acaso no transmiten la misma narrativa?
Esa es una gran y buena pregunta. Me recuerda la misión de Guernica durante la administración Bush. Estados Unidos estaba enfrascado en una guerra horrible y yo estaba horrorizado, avergonzado, pero yo era un tipo en el ámbito literario que estaba haciendo una maestría en bellas artes. ¿Qué podía hacer para ayudar? Siento que muchos escritores se sienten así: ¿Qué podemos hacer? Yo necesitaba convertirme en un instrumento. Hay vergüenza en que te represente Bush o Donald Trump y los idiotas que consiguen puestos de gobierno mediante engaños. Lo tengo que decir, no creo que la propaganda positiva sea tan desagradable como la desinformación y la propaganda negativa, que casi siempre son la misma cosa.

Una vez que empiezas a hacer propaganda negativa, creo que rápidamente se convierte en desinformación. Estás dispuesto a mantener cualquier argumento que haga que tu enemigo se vea mal. En el momento en que la Paris Review comenzó a perseguir la entrevista de Boris Pasternak, su misión de propaganda implícita cambió de algo así como: "Necesitamos que se conozcan los escritores estadounidenses y occidentales en el extranjero" a una más negativa que le dice a los estadounidenses que tienen poca "libertad", sin explicar mucho en términos del contexto. Casi puedo estar de acuerdo con el primer gesto de querer que los estadounidenses sean conocidos por nuestros escritores más que por nuestros republicanos. Pero esto es más equitativo cuando estamos dispuestos a decir: "Necesitamos que los estadounidenses conozcan el trabajo que se traduce".

Pasternak es en muchos sentidos un informante nativo, en el sentido de que fue un escritor extranjero que dio testimonio a una narrativa que Estados Unidos quería, así que se convirtió en un favorito de la CIA.
Esa es la historia de Pasternak. Escribió Doctor Zhivago como un disidente independiente, pero la CIA quería controlar eso, por lo que Pasternak se convirtió en un símbolo de por qué las democracias occidentales "eran mejores que eso" culturalmente.

Tienes que oír su crítica no como algo unidireccional que sólo critica su sistema. Tienes que escuchar a estos disidentes y pensar en tu propia disidencia. ¿Quién es tu Pasternak, y cómo lo estás tratando mientras apoyas a Pasternak? Ese fue un ímpetu detrás del libro: la cuestión de si tenemos un Pasternak ahora. ¿Qué es Snowden comparado con Pasternak? No sé si puedan hacerse comparaciones entre un escritor creativo que hace crítica, y un informante y soplón. Pero yo quería que la gente viera en Pasternak no sólo el símbolo de que tratamos de convertirlo en un guerrero de la Guerra Fría. Estas personas son ahora símbolos, pero antes de eso eran pensadores independientes. En algunos casos, sólo estaban tratando de contar sus historias.

¿Dónde podemos trazar la línea hoy en día? Si los escritores quieren evitar las líneas borrosas entre la expresión honesta y la propaganda, ¿debemos simplemente negar cualquier tipo de financiación del gobierno o es posible contar con más matices?
No. Hay muchos más matices. Debemos tener un muro de separación, y tenemos el principio en el gobierno en la separación de poderes. No es que no queramos fondos del gobierno, simplemente no pueden mantenerse en secreto. Algunos principios que apuntan a algunos de nuestros mejores principios deben volver a articularse y formularse. Estamos en un mundo desordenado e impuro, y como periodistas, tomaremos cualquier financiación que podamos obtener. [Pero] debemos ser inteligentes al respecto, como lo que García Márquez estaba tratando de hacer.

Las redes sociales han destronado a los editores como los guardianes de la información. ¿Crees que eso hace que la CIA controle con mayor facilidad la conversación?
Siento que algunas de estas plataformas resistieron mejor la presión del gobierno que otras. Sé que Facebook constantemente está cambiando su algoritmo para los propósitos relacionados con anuncios, pero resistieron una parte de la presión de manera diferente a Twitter, que recibió presión para revelar identidades a raíz de la Primavera Árabe y otros movimientos.

Pero hay otras maneras de aprovechar estos mercados culturales. Si nos fijamos en la industria cinematográfica — Argo, Zero Dark Thirty, etc.— estamos pagando miles de millones de dólares para mentirnos a nosotros mismos. Me siento en algún momento de la etapa inicial de la guerra contra el terror, el gobierno de Bush se reunió con los cineastas y les dijeron: "Tenemos que reclutarlos para esta misión". No es algo nuevo, pero se sentía nuevo en ese momento, si no sabías con qué frecuencia pasaban ese tipo de cosas durante la Guerra Fría cultural.

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