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Juan Gabriel, adiós, amor

Su pérdida duele porque todo lo hizo maravillosamente. Pudo sortear sexualidades, razas, clases, costumbres, géneros, estilos y épocas.

Foto vía.

Cuando mi amigo Miguel me avisó que había muerto Juan Gabriel no le creí, por supuesto, y no sólo no le creí, sino que continué con lo que hacía en el máximo del absurdo mexicano. ¿Qué? Estaba escribiendo. Afortunadamente no era una canción (pues me hubiera suicidado ahogándome en mi propia vergüenza tras confirmar su muerte). Escribía un capítulo de mi novela en la que JuanGa hace un cameo. Me estaba pitorreando de lo lindo. Lo puse delante de un montón de machines muy bragados pero también exploradores de cantinas repletas de maricones diciéndoles a cada uno y a la cara: "te pareces tanto a mí". Sabio verso aplaca-mata-putos. Sabio verso aplaca-putos también.

Confirmé que lo mío era negación. Juan Gabriel sí había muerto, ayer 28 de agosto de 2016. Habían comenzado las llamadas, los mensajes personales y las notificaciones de mis redes sociales hablando de él. Me sentí de pronto su viudo. Entré a Twitter, Facebook, Instagram y demás. Ahí estaba: en gifs, en fotos, en videoclips, en agencias de noticias. Tuitié la carta que le escribí en noviembre de 2014, aquella vez que unos amigos y yo fuimos a verlo en concierto en Montegay. Comprobé que no era el único que sentía una repentina viudez. Éramos legión. Hombres y mujeres.

"¿Cómo llorar sin cantarte, Juan Gabriel?", pensé. Dejé que su música sonara aleatoriamente. Me sentí rodeado del espíritu de los reunidos... Vi en la red cómo ocurrían espontáneos homenajes en las calles de Tijuana, en plazas de Parácuaro, frente a su casa de Ciudad Juárez, en Santa Mónica donde murió de un infarto. Mi mamá me llamó lamentándose, pero "tarareando las canciones de Juan Gabriel sin letra", como escribió Monsiváis, porque era el momento de decirnos que compartíamos ella y yo la misma progenitora de sensibilidades. Sentí que detenía un proceso de dolor, y salí en busca de respuesta. En Monterrey no había gente llorando en las plazas, pero sabía que en el Jardín Wateke habría unos funerales dignos para JuanGa.

Anoche México entró (quizá también el mundo, aunque sobre todo los entendidos de lengua española) en un duelo que como todo es indefinido. ¿Una era post-Juan Gabriel? En la cantina me recibieron los éxitos del Divo de Juárez. Vi desde machos chillando a moco suelto mientras daban tragos interminables de cerveza hasta travestis que se contoneaban sin dejar de cantar a la espera de la seducción; ambos seres en una transfiguración conceptual de género, raza, clase, idioma o gusto finolis o de arrabal. Pero no creí ver el striptease más místico y extraño. Asistí al acto de amor más grande del universo: el cuerpo sin conceptos, ni siquiera el de cuerpo. Maribel se desnudó mientras sonaba "Es mi vida" de Juan Gabriel, que es el lado B del famoso "Noa Noa". Rompió. Tengo una foto, porque idiotamente pensé que podría ser un material digno pero sólo le quitaría espíritu.

El DJ anuncia que habrá una actuación fúnebre. Maribel es altísima, de cincuenta y pico años, con un peinado de tres pisos, digno de la nana Fine, pone un banco en medio de la pista de baile. Canta, se acerca al público, le roba cerveza a alguien, manda besos. Hace lo que se espera. Gesticula la voz de Juan Gabriel con sentimiento, como debe de ser, como esperamos todos, porque todos estamos ahí atentos, algunos también gritando desgarradamente y desafinados. Entonces ocurre: se quita las extensiones superiores, las intermedias, y las más largas, todas son de color negro. Para eso era el banco. Ahí las hace descansar. Y se queda pelona. Se sienta en el banco sobre las extensiones: se quita los tacones, las medias, las pestañas. De pie se quita el vestido. Queda envuelta en unas fajas de color carne. Camina en derredor de la pista de baile. Maribel se quita las fajas, se queda en un calzón negro y, antes de quitárselo, se mete la mano para deshacerse el truco que le ocultaba el pene y los testículos. Se quita el calzón. Es sólo un cuerpo desnudo. ¿Hombre? Sí. Biológicamente hombre. En realidad se ha quitado todos los conceptos. La vestida, la travesti hermosa que nos impresionaba con su fonomímica, de pronto es la "desvestida". La desnudada de sentimientos es un cuerpo. La canción se acaba, y se viste en un santiamén. Mientras la noche seguía, grabé "Si quieres", en donde podemos escuchar cómo el DJ y todo el bar reclama al difunto. Como es natural para los mexicanos, reclamamos a los muertos, al difunto.

Recordé que antes de que Juan Gabriel dijera aquello de "lo que se ve no se pregunta", siempre me pareció que sus canciones las había compuesto para sí mismo: viéndose al espejo o hablándole a un tú de otra época. No crean que me pongo pesado, lo que quiero decir es que antes de que yo viviera libremente mi sexualidad, me canté a mí mismo sus letras de despecho. Me ocultaba en el baño, con audífonos para no evidenciar lo que era más que transparente, o me salía a caminar con el afán de exorcizar mi rabia amorosa. Luego comprendí que lo que cantaba era verdaderamente profundo porque estaba en la superficie. Igual que Maribel al volverse la "desvestida".

La pérdida de Juan Gabriel duele porque todo lo hizo maravillosamente. Pudo sortear sexualidades, razas, clases, costumbres, géneros (musicales en primer lugar y en segundo los que otorgan la lengua, el español, un idioma impuesto en medio de un bautismo de sangre y censura), estilos, épocas, pero, me pregunté ¿entonces qué no unía tu figura y tu obra? Juan Gabriel es el más heterogéneo de los "lo que se ve no se pregunta" que han nacido en tierra mexicana. ¿Familias modernas? Hablemos de Juan Gabriel y sus hijos. Kate del Castillo le pedía al Chapo que traficara con amor. Kate se equivocó. Nuestro verdadero contrabandista de sentimientos, emociones e intenciones es JuanGa. Tal cual.

Se habla de la trinidad gay mexicana: Salvador Novo, Carlos Monsiváis y Juan Gabriel. Entonces, a las tres de la mañana, pensé en Luis Felipe Fabre, quien escribió un poema sobre Novo que convirtieron en la puesta en escena "Novo en el Mictlán" y que ayer al terminar su temporada, le dedicaron la función a Juan Gabriel, y le escribí preguntándole cómo se sentía con la noticia. Luis Felipe fue uno de los compiladores de "Querido", aquella antología de poemas de varios poetas en torno a su obra y figura, y que, según cuentan, recibió jocoso y con alegría. Me dijo algo que yo no había podido enunciar pero que era evidente en la inmediatez de las redes sociales. Juan Gabriel es, me dijo Fabre, "como esas madres que pueden seguir reuniendo a festejar a una familia que se odia y que tras su muerte ya no hay razón para seguirse viendo". También siento que "JuanGa era ya lo último que daba coherencia al país". Pese a todo, amigas, escuchemos los coros, los coros, maravillosos. Eternos.

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@OscarDavidLopez