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Migrantes en su paso por México

En su paso por México, miles de indocumentados desaparecen al ser víctimas de homicidios, secuestros, violaciones y agresiones físicas.

Spleen Journal es una revista bimestral que publica crónicas latinoamericanas. Aunque en VICE normalmente no publicamos textos generados para otros proyectos, decidimos hacer una excepción, porque nos gusta lo que hacen en Spleen J., un medio impreso no lucrativo e independiente al que admiramos y respetamos. Así que durante los próximos meses, compartiremos algunos de los mejores artículos publicados originalmente en spleenjournal.com.

“Se podrán romper nuestros zapatos, pero jamás los sueños que nos mantienen en este viaje” – mencionó Melvin, un joven hondureño, de 23 años, que espera el paso del próximo tren en Huehuetoca.

Lleva el pantalón roto, las suelas de los zapatos agujeradas, los talones sucios, agrietados, y los brazos amoratados. A la orilla de las vías, bajo la sombra de un árbol, come un plato grande de arroz con frijoles. Hace días que no ingería alimento; intenta recuperar fuerzas para continuar su camino hacia Estados Unidos.

En su paso por México, miles de indocumentados desaparecen al ser víctimas de homicidios, secuestros, violaciones y agresiones físicas. A pesar de los peligros del viaje, Melvin abandonó Centroamérica hace dos meses para buscar un trabajo que le permitiera ayudar en la economía familiar: “Mis padres son viejos y no pueden sobrevivir con el poco dinero que gano en Honduras. Lo único que nos queda es salir para intentar vivir un poquito mejor” – mencionó mientras miraba las vías del tren.

Desde que entró al país ha sido testigo de la corrupción de las autoridades estatales, quienes en complicidad con los policías de los trenes o “garroteros” establecen cuotas de hasta 100 dólares para que los migrantes puedan tener acceso a los vagones:

“En Tenosique (Tabasco) fue muy difícil agarrar el tren. Los “garroteros” exigen dinero o algún objeto de valor para poder subir. Si no les das nada, te amenazan con aventarte del tren. Tenía mucho miedo. Nadie quiere morir en tierra ajena. ¡Imagínate! ¡si me matan, mi familia “enterita” se muere conmigo!- mencionó.

La violencia en México ha provocado que sea el destino último para miles de migrantes que, año con año, se enfrentan a los peligros de un viaje sin regreso.

“Cuando uno va en el tren, a veces se suben “los maras” y asaltan a la gente. A mí me ha tocado ver que hasta los [agentes] de migración hacen lo mismo. Cuando suben al tren nos tenemos que aventar por temor a que nos lleven o nos roben. De las personas que conocí, pocas logramos llegar hasta aquí” – mencionó Melvin.

La colusión entre el crimen organizado y las autoridades, así como el desconocimiento de sus derechos humanos, aumenta la vulnerabilidad de los indocumentados. Al ser víctimas de estos delitos pueden presentar sus denuncias en un Ministerio Público Federal o en un Ministerio Público Local, que a su vez, tiene la obligación de emitir la denuncia a la instancia federal correspondiente. La Procuraduría General de la República (PGR) es responsable de investigar los delitos de secuestro y extorsión así como de atender las denuncias garantizando seguridad, trato digno y protección de datos de las personas demandantes.

En el caso de Melvin, su temor a la deportación y el tiempo que implicaba el proceso de denuncia, lo obligaron a guardar silencio ante los abusos de autoridades y las extorsiones del crimen organizado: “Yo ando por acá sin papeles y si denuncio a alguien, a mí me pueden regresar a mi país. Yo sólo voy de paso y todo eso quita tiempo. Hay que mirar para adelante y olvidar”- mencionó.

En lugar de denunciar ha aprovechado ese tiempo, para contactarse con personas del norte del país para que le aseguren un empleo bien remunerado.

Meses antes, en el mismo “lomo” de “La Bestia” donde Melvin viajó, se encontraba Cleidy Joanne, mujer salvadoreña que había abandonado su país en busca de un futuro más digno para su hija.

Cuando se enfrentó por primera vez al tren se asustó mucho. Nunca había visto algo parecido. Había 500 personas esperando el paso del tren cuando comenzó a vibrar el suelo.

“Todos estábamos acostados cuando pasó el tren sin luces y sin pitar. Agarramos nuestras mochilas y nos levantamos rápido para alcanzarlo. Comencé a correr a la par del tren, pero iba tan rápido que cuando intenté subir, me aventó y me revolcó. Me levanté rápido; corrí y me volvió a botar. Me gritaban: ¡Corre muchacha! ¡No te quedes atrás!, pero no podía alcanzarlo. En el último intento, las personas que estaban arriba comenzaron a sacarle el aire a todos los vagones para que perdiera velocidad. Sólo así logré subirme” – relató.

Es fácil que en el camino, se formen relaciones de amistad y solidaridad. Juntos, como miembros de una familia, comparten sueños e ilusiones y, a la vez, enfrentan hambre, violaciones e injusticias.

“Cuando venimos a Lechería nos pusimos a pedir dinero debajo de los puentes. Otros se organizaron y fueron a las casas más cercanas. Así vivíamos de lo que la gente nos regalaba. En el tren, si comía uno, comían todos, pues ¿cómo vamos a estar comiendo enfrente del otro?”- mencionó Cleidy.

La falta de condiciones de seguridad y de apoyo institucional impiden la apertura de nuevos albergues o lugares de apoyo a migrantes.

Cleidy llegó al Estado de México, cuando el albergue había cerrado por la inconformidad de los vecinos. “Yo iba con mi amigo. En la cementera nos correteó migración. Tuvimos que caminar toda la noche y la mitad del día hasta que salimos a un pueblito y agarramos una combi para llegar a la casa del migrante. Cuando llegamos, estaba cerrada. Nos tuvimos que regresar para quedarnos a dormir en un cuartito, pero por 15 minutos pagamos 400 pesos.” – mencionó.

Sin embargo, los abusos de las autoridades y de los civiles no son las únicas adversidades a enfrentar. En “La Bestia”, las personas se tienen que turnar para vigilar el sueño de los otros y advertir los peligros que pudieran observar en el camino.

Melvin recuerda que para dormir, las personas tenían que amarrarse fuerte, ya que de lo contrario podían resbalar y caer hacia las vías. “En las noches nomás se escuchaban los gritos de las personas que se caían del tren por quedarse dormidas. La gente decía que se había caído “fulanito”, pero no podíamos hacer nada. El tren seguía su camino” – relató.

También Cleidy fue testigo de cómo las personas morían al resbalar del tren. El accidente que más la impactó fue el de una muchacha hondureña: “Estaba lloviendo mucho, con granizo. Mi amiga me dijo que se quería bajar, pero le dijimos que no lo hiciera. Ella necia se bajó. Cuando lo hizo el tren frenó y no se agarró fuerte. Se cayó y los vagones le pasaron encima”, contó mientras los ojos se le llenaban de lágrimas.

A pesar de todo, fue posible informarle a los familiares sobre su muerte: “Nosotros veníamos en el primer vagón y los “ciento y tantos” vagones le habían pasado encima. Cuando llegamos a la estación nos regresamos a ver qué pasaba, pero su cuerpo estaba deshecho. Su hermano sólo agarró un huesito que encontró y lo regresó a Honduras para que le dieran sepultura” – mencionó sin despegar la mirada del piso, mientras se escuchaba el sonido del tren.

El caso de la hondureña es una excepción entre los miles de migrantes que todos los años desaparecen sin dejar rastros o pistas para que puedan encontrarlos. Sin embargo, los familiares tienen todo el derecho a presentar una denuncia ante el consulado o la embajada de su país para entablar contacto con la PGR en México y exigir la apertura de una investigación.

De acuerdo con estimaciones publicadas en el “Informe especial sobre secuestros de migrantes en México”, la CNDH registró un total de 21, 091 desapariciones de migrantes desde el 2008 hasta el 2010. Esta cifra, superior en un 70% al total de denuncias registradas en agencias del Ministerio Público del 2006 al 2012, permite obtener un panorama de las deficiencias del gobierno mexicano para describir las dimensiones de esta tragedia humanitaria.

A partir de la recopilación de los delitos no denunciados y de aquellos que habían sido abandonados por las autoridades, la CNDH logró hacer un cálculo aproximado donde el 15.7% del total de testimonios recabados provenía de mujeres migrantes que habían sido víctimas de extorsiones e intentos de secuestro.

En declaraciones para La imagen del golfo, Rubén Figueroa, integrante de Movimiento Migrante Mesoamericano, mencionó:

“[En México] tenemos un gran número de mujeres desaparecidas, hemos seguido la pista y sabemos que son víctimas de redes de trata y se encuentran en Tlaxcala, Puebla y Chiapas. Son explotadas en bares o cantinas: hace dos años localizamos a una mujer de 21 años que sufrió explotación laboral y fue prostituida. [Sin embargo] ya son tantos [los casos] que ya nadie los toma en cuenta. Nosotros entregamos las listas, pero nunca hemos obtenido una respuesta del consulado sobre las investigaciones o las peticiones de información.”

Por su parte, Víctor Manuel, integrante de la Comisión de Derechos Humanos del municipio de Tultitlán explicó:

“Nosotros únicamente servimos como observadores. Vigilamos que no se violen los derechos humanos de los migrantes. […] Sin embargo, nosotros no podemos hacer nada. Lo único que podemos hacer es levantar una queja. Ahora, ellos van de paso ¿qué pasaría con esa queja? Tienen que ratificar en 10 días. ¿Dónde los agarramos? Si ellos se quedaran más tiempo aquí, podríamos hacer algo en contra de los que los extorsionan.”

Ante este panorama, algunas organizaciones civiles como María sin fronteras, Voces mesoamericanas, Frontera con justicia y Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México se presentaron ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos para exigir, entre otras cosas, la formación de una comisión multidisciplinaria e independiente de expertos forenses, la preservación de restos no identificados y el desarrollo de un mecanismo nacional y regional de intercambio de información sobre cuerpos sin identificar y bancos genéticos obtenidos de familiares de mexicanos y centroamericanos desaparecidos.

Los testimonios de Melvin y Cleidy expresan una parte del dolor humano y de la tragedia diaria. Ellos y sus historias sólo representan una parte de los peligros, violaciones e injusticias que deben enfrentar los migrantes como víctimas invisibles en un país que les niega el reconocimiento de su personalidad jurídica y el ejercicio de sus derechos humanos. El silencio es la peor frontera.

@MorasFurthur

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