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Nada me falta

Entrevistamos a Gonzalo Soltero sobre su nueva novela, cuyo personaje principal es un ‘persomenaje’ a su padre.

Nada me falta es una novela que retrata la violencia en México de forma anómala para estos días: con mesura. En tiempos donde la crueldad abre pasarelas demenciales, Nada me falta reclama un terreno para la preparación de la muerte, sin pirotecnia ni hedonismo, y con las palabras justas.

El Don, el personaje principal de esta novela, es una especie de Walter White mexicano que —en lugar de irse a cocinar metanfetamina cuando sabe que va a morir— se va a encontrar su muerte lejos de su familia. Se trata de una novela que Soltero llama una “road movie textual”, y que presenta la belleza de pasajes áridos, de una amistad entablada a partir de la muerte y la fragilidad de la vida, alargada como un camino hasta bifurcarse. En el camino, el Don —así, sin nombre, intentándose borrar de sí mismo— se encontrará con al Doc, quien lo llevará por extraños caminos “hacia la frontera”. 

Nada me falta (Textofilia, 2014) es la segunda novela de Gonzalo Soltero. Como pasa con algunas amistades, uno se conoce nada más de leídas. Así fue como conocí a Gonzalo en 2007, cuando publicó Invasión, un libro de relatos de horror, en Tierra Adentro, seguido de Sus ojos son fuego (FCE, 2008).

Siete años después nos encontramos en persona y me habló un poco de Nada me falta.

VICE: Al leer tu novela sentí que representaba la violencia en el país de una forma completamente nueva… ya que es muy evocativa y nada explícita. ¿Por qué elegiste el contexto de la violencia en México para tu novela?
Gonzalo Soltero: Me parece imposible ignorar la violencia. No digo que sea obligatorio abordarla, pero yo no lo decidí, sencillamente se constituyó en el trasfondo de esta historia como ha pasado a ser el escenario de la nuestra. Aunque no nos toque directamente, la violencia nos tiene rodeados y puede acercarse en cualquier momento. Su presencia trasmina y termina filtrándose.

¿Cómo fue que empezaste a escribir esta novela?
Por mi padre. Por el duelo de su muerte. Un duelo que comenzó meses antes de que partiera. Yo vivía fuera del país y fue una manera de mantenerme cerca. Incluso me intrigaba cuál sería su opinión al leer lo que iba saliendo. Pero no hubo tiempo. Y después fue una manera de mantenerlo cerca, escribiendo sobre cómo se alejaba.

¿Qué significa para ti el viaje?
Transformación ante todo. Por eso la literatura se parece tanto y se lleva tan bien con los viajes. Son un poco lo mismo. Pasa también con la vida y la muerte. La segunda es la estación final a la que todos nos dirigimos. Y la vida nuestra manera de llegar a ella. Esta novela, como despedida a mi padre, tiene mucho que ver con ese último viaje del que ya no regresamos. Tal vez por eso tomó la forma de un viaje en carretera en el que se busca cruzar una última frontera.

¿Hace cuánto empezaste a escribirla?
Las primeras notas son de hace como seis años.

¿Personalmente tienes más afinidades con Don o con el Doc?
Con el protagonista, al cual sólo le dicen "Don". No es estrictamente mi padre, pero es un homenaje a él. Un "persomenaje". Y en varias cosas se le parece. Tiene actitudes que también tengo yo. O que me gustaría tener.

En la novela, el personaje principal va a dejarse morir solo, pero no deja de escribir. ¿La escritura da esperanza?
La escritura comienza como la única compañía que el personaje se lleva al viaje. Luego se va transformado en la manera de rescatar lo último de sí y dejarlo para su familia. Definitivamente la escritura da esperanza. Es lo que nos ha permitido vencer al tiempo, un cable que tendemos hacia el futuro.

Antes escribías cuento. ¿Por qué el cambio de género?
Más bien creo que siempre he escrito narrativa. Tengo publicados tres libros de cuento y otra novela. La alternancia entre uno y otro género me parece natural. Ahora me siento más a gusto con la novela, con todo y que tengo un aliento narrativo medio asmático.

¿Cuáles fueron las dificultades más grandes al cambiar tu estilo de escritura, ya que esta novela se integra de fragmentos muy breves?
En realidad salió así. No fue que yo me pusiera a pensar cómo debía ser o qué estructura le iría mejor. Salió y ya. Creo que las dificultades tuvieron que ver más bien con dosificar las pautas que proponía ese estilo. La brevedad y los silencios. Muchos de los fragmentos de la novela podrían hacerse pasar como poemas en prosa si quisieran…

¿Tienes la inquietud de escribir poesía después de Nada me falta?
Jesús nos libre.

¿Cuáles fueron tus influencias para escribir Nada me falta?
Nellie Campobello y Johnny Cash.

Después de escribir esta novela, ¿qué te falta?
Ponerme a escribir la siguiente. Y mi papá... Me hace demasiada falta.

Puedes leer un adelanto de Nada de falta, aquí abajito. Y no te pierdas la presentación del libro, que será el miércoles 11 de junio a las 19hrs., en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

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La camioneta vibra de tan rápido. Vamos sobre una recta interminable. Nada que ver alrededor. Cerros calcinados y pelones. Polvo. Sin bajar la velocidad ni subir el tono de voz el doctor comienza a hablar. 

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—Nosotros los forenses somos los únicos médicos sin consultorio. No trabajamos como particulares. Dependemos del gobierno. Todo es con plaza del Estado. ¿Si no cómo? ¿Dónde? Y en las instituciones públicas contratan muy poco. Cada vez menos. Doce años de estudio y nada. No hay chamba.

Yo estuve entre los mejores de mi generación. ¿Sabe de qué me sirvió? Me pasé tres años buscando trabajo, sin encontrar.

Pero hace poco la cosa empezó a cambiar. Digamos que se abrieron oportunidades laborales para nosotros por esta zona. Por donde vamos. Ahora sí como particulares. Y bien pagados.

Yo no soy de por acá. Me fueron a reclutar. Con un maletín verde. Como el mío, pero verde. Usted me entiende, Don. Verde por dentro. Dólares.

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El trabajo del forense es la autopsia. Investigar de qué murió el muerto. Acá no. Cuando los cuerpos llegan sembrados de bala, no queda mucha duda. Acá nuestra chamba es otra: maquillar cadáveres y certificados de defunción. Dejarlos más presentables para la familia, para el velorio. Que parezca que murieron por otras causas. Causas naturales. Eso agiliza los trámites con nuestras autoridades. Así no hay investigación. Infarto mientras dormía, a pesar de los 30, 40 tiros. A pesar de ser jóvenes. Y esto no para, no tiene para cuándo. ¿Cómo ve, Don? La falla de corazón está subiendo considerablemente como causa de muerte en el país.

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Me explica que en el fondo no es falso. La muerte siempre se debe a un paro cardiaco. Por eso los guillotinados podían ver su propio cuerpo desde la cabeza cercenada. La causa puede ser otra, pero la muerte viene del corazón.

Eso quiere decir que no me matará mi sangre flaca. El corazón es como un reloj. Cuando el mío se fatigue de filtrar esta arena cada vez más fina, ahí se me acabó el tiempo.

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Me dice que es un profesional. El mejor en su campo. Lo dice con orgullo, pero sin arrogancia. Eso le concedía privilegios. Lo liberaba de las otras tareas para las cuales sus patrones necesitan médicos.

—Todos los que me llegaron salieron mejor. Presentables para sus familias; para los ojos de sus hijos, las lágrimas de sus mujeres. Están contentos conmigo. Vienen aquí con nosotros. Nos harán compañía durante el viaje.

Miro por el retrovisor. Como si esperara verlos en el asiento trasero. ¿Cuánto falta para que me integre a esa compañía?

Sigue a Gonzalo Soltero en Twitter:

@cerradura