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Una mujer durante manifestación para exigir la presentación con vida de Marco Antonio Sánchez.

La extraña desaparición y aparición de Marco Antonio Sánchez

Sin explicación, el joven de 17 años apareció a 50 kilómetros de dónde fue detenido cinco días antes.

Una mujer durante manifestación para exigir la presentación con vida de Marco Antonio Sánchez.

Un joven de 17 años estuvo desaparecido durante cinco días después de haber sido detenido por policías de la Ciudad de México. Cuando apareció estaba golpeado y confundido. El caso cimbró al país de los 30 mil desaparecidos y en la Ciudad, la movilización y la denuncia fueron intensas, hasta que su familia logró recuperarlo.

“Estamos angustiados, molestos, ¿qué podemos decir? Pero ya llegó. Lo metieron al médico legista, su papá está con él. Luego lo trasladarán a la Ciudad de México. Ya hay varias camionetas y patrullas esperando. Aún no nos han dicho a dónde, pero saldremos en caravana detrás”, fueron las palabras de Jacobo, uno de los tíos de Marco Antonio Sánchez, el adolescente de 17 años que llevaba desaparecido desde el martes 23 de enero. Eran pasadas las 11 de la noche del domingo 28 cuando su familia confirmó a VICE que estaba vivo, herido y confundido.

Una hora antes, el jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, anunció públicamente que gracias a una llamada de un vecino que lo reconoció, Marco Antonio había sido hallado en el municipio de Melchor Ocampo, en el Estado de México, sin capacidad de dar sus datos básicos, como su nombre o su dirección. Tenía la cara magullada, un ojo morado, y caminaba chueco, lastimado. Apenas traía un zapato. Su expresión era aún más desconcertante en las fotos que alguien le tomó sobre una patrulla para que su familia pudiera reconocerlo.

Marco Antonio fue trasladado hacia la sede de la Fiscalía General de Justicia de Tlalnepantla, dónde lo esperaba su familia, y fue presentado por Fernando García, el subdirector de la comisaría de Melchor Ocampo. Sin explicación, el niño apareció a 50 kilómetros de dónde fue detenido cinco días antes.

Más temprano, en la mañana de ese domingo 28, mientras la familia de Marco Antonio aún no sabía nada de él y convocaba a una concentración de denuncia en el Ángel de la Independencia, la Fiscalía Anti-secuestros (que se vio obligada a tomar el caso tras la denuncia pública que se armó, dado lo flagrante de todo y después que fuera rechazado por dos instancias judiciales previas) llamó a su padre y a su madre para decirles que debían acudir de manera urgente a la Fiscalía de Tlalnepantla. Ahí les mostraron un video del sábado a la noche.

El video marca las 22:15 cuando tres policías de esa localidad ingresan a un muchacho flaco y pelón, con un pantalón de mezclilla y una playera blanca. No hay registro de su nombre, dicen, porque el niño no les supo decir cuál era. La policía lo detuvo, esa segunda vez, cerca de un puente peatonal. La versión oficial dice que lo llevaron ante el juez cívico porque pensaron que buscaba suicidarse. Aunque el muchacho no podía casi hablar, lo dejaron ir diez minutos más tarde. El jefe de gobierno capitalino anunció que tenían las imágenes de una cámara de video en que salía caminando del lugar por su propio pie, porque no tenían nada de lo que acusarlo. Tampoco intentaron ayudarlo, a pesar de su estado.

Magnolia Sánchez, hermana de Marco Antonio, durante la concentración para exigir la aparición con vida de Marco Antonio Sánchez, desaparecido por cuatro elementos de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina.

Para entonces, la alerta por la desaparición del joven llevaba al menos tres días encendida. Su cara estaba en los carteles emitidos por el Centro de Atención a Personas Ausentes (CAPEA), que recibió la denuncia y emitió una ficha por su “extravío”, cuyo formato no permite saber mucho más de la desaparición que sus señas personales.

En esa descripción puede verse que al muchacho aparecido el sábado en las cámaras de Tlalnepantla le faltan la sudadera negra con capucha y un suéter azul que llevaba encima. Es la misma ropa que tiene en la fotografía que toma el amigo que presencia su detención y que muestra cómo un policía lo tiene en el suelo, doblado del dolor de un golpe. Marco Antonio es alto, mide un metro ochenta. De acuerdo con el testimonio de su amigo, para tirar al adolescente de 17 años, el policía le dio un cabezazo con el casco de choque puesto, derribándolo al instante. Luego continuó golpeándolo en el piso.

Una hora antes de anunciar que un muchacho con sus características había sido encontrado en los videos de Tlalnepantla, el jefe de gobierno reconoció en conferencia de prensa que Marco Antonio fue detenido por policías capitalinos el martes 23 de enero, pasadas las cuatro y media de la tarde, dentro de la estación de Metrobús El Rosario, en la Delegación Azcapotzalco.

Detención de Marco Antonio Sanchez Flores en la estación de metro bus El Rosario. Foto vía.

La detención

Marco Antonio no estudia en el Colegio de Bachilleres que está cerca de la Terminal de Metrobús Rosario, sino en la Prepa 8, en la otra punta de la ciudad, en Mixcoac. Andaba con un amigo que debía entregar tareas.

Según el relato de este muchacho, que es testigo presencial de lo sucedido, todo sucede en un momento en que se detienen a tomar una foto en un mural cerca del Metrobús. De la nada un policía motorizado acusa a Marco Antonio de haber robado algo; él se asusta y corre hacia la terminal. Ahí, un video demuestra la violencia desatada contra el menor de edad y el momento en que lo suben a una patrulla.

Son cuatro los policías involucrados en esta detención: Ubel Mora Gallardo, Ricardo Trejo Juárez, Ricardo de la Rosa Guzmán y Martín Jesús González Martínez, según informó el director de Asuntos Internos de la policía capitalina, Agustín González Guerrero. Todos ellos forman parte del sector Hormiga Azcapotzalco.

Dijo también que la investigación dentro de la policía capitalina comenzó a partir del requerimiento hecho por la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, que fue la única que se atrevió a recibir la denuncia que los padres de Marco Antonio pretendían hacer sobre su detención arbitraria. Fue tomada a la una de la mañana del miércoles 24 de enero. Antes, cuando se enteraron de lo que había pasado, los familiares del muchacho acudieron primero a la Agencia 40 del Ministerio Público que está a cinco minutos del Metrobús El Rosario.

Cuando el amigo que iba con Marco Antonio intentó impedir que los policías se lo llevaran, éstos le dijeron que lo trasladarían a esta agencia vecina. Sin embargo, Marco Antonio nunca fue presentado allí, dónde tampoco le corresponde, por ser menor de edad. Tampoco tomaron la denuncia de su desaparición cuando intentaron hacerla sus padres, argumentando que debían esperar 48 horas. Se dirigieron entonces a la Coordinación territorial Azcapotzalco II, que es la Agencia 14 del MP y tampoco allí les recibieron la denuncia sobre la falta de su hijo.

Hasta las cuatro de la tarde del domingo 28, después de haber recibido la llamada por los videos de Tlalnepantla, la familia no tenía aún los nombres de los policías involucrados. González Gutiérrez dijo que los cuatro policías declararon primero ante la Dirección General de Derechos Humanos de la SSP de la Ciudad de México; luego declararon ante la Dirección General de Asuntos Internos de la SSP, que tiene su propia investigación. Y en tercera instancia, se presentaron ante la Fiscalía Anti Secuestros, de la Procuraduría de la Ciudad de México, que recibió el caso, una vez que empezó a tomar estado público y presionó porque Marco Antonio no estaba “extraviado”, sino desaparecido de manera forzosa por cuatro agentes del Estado.

Es importante señalar que aunque el director de Asuntos Internos mencionó que dos de los policías están “arrestados”, esto se refiere a una medida dentro de la propia Secretaría de Seguridad Pública, pero no es una medida dictada por la justicia, ya que ninguno de los policías ha sido aún acusado formalmente de nada.

La desaparición forzada

Hay dos lapsus temporales en la historia: el primero y más largo se da entre las cuatro y media de la tarde del martes 23, cuando a Marco Antonio lo suben forzosamente a una patrulla —sin orden de detención, sin delito cometido ni flagrancia— y las diez de la noche del sábado 27, en dónde aparece en Tlalnepantla, tras ser detenido por segunda vez. Ahí ya es otro muchacho: no queda nada del sonriente estudiante de prepa, cultor del kung fu, amante del arte, los museos y las bibliotecas. En cambio hay un muchacho lastimado que no sabe decir su nombre.

El segundo lapsus es el que va entre esa aparición en Tlalnepantla, el sábado a la noche, y su efectiva ubicación en Melchor Ocampo, aún otra media hora más hacia el norte, al día siguiente. Marco Antonio es un joven criado en el sur de la Ciudad de México. Nada conocía por esos lugares.

Durante la conferencia de prensa ofrecida por el jefe de gobierno capitalino el domingo 28, su secretario de seguridad, Hiram Almeida, fue cuidadoso en no dar detalles de la investigación para resguardarla, pero no dudó en descartar que el caso se trate de una desaparición forzada.

Este delito se conforma ante “el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”. Más allá del tiempo que dure esa privación de la libertad, o si, como en el caso de Marco Antonio, la persona aparece con vida.

A las tres de la mañana del lunes 29, Marco Antonio seguía enfrentando el chequeo médico de la fiscalía de Tlalnepantla y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.