Marta Lucía Ramírez de vicepresidenta es una derrota para el feminismo colombiano

OPINIÓN | Estuvimos más cerca que nunca de tener a su contrincante, Ángela María Robledo, como la primera vicepresidenta abiertamente feminista de Colombia.

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jun. 20 2018, 9:54pm

Foto vía Twitter.

Este artículo fue publicado en VICE Colombia.

En la tarde del pasado domingo 17 de junio, en el Cubo de Colsubsidio en Bogotá, agarrando del puño a Marta Lucía Ramírez y zangoloteándole el brazo a su ritmo por unos segundos, Iván Duque Márquez celebraba su victoria en las recientes elecciones presidenciales de Colombia. Con 10.373.080 votos, el joven candidato de un partido que por fin se reconoció de derecha durante los últimos días, se convirtió en el presidente más votado de la historia de este país. En el más joven.

A su lado estaba quien sería la primera vicepresidenta mujer. “A las mujeres campesinas, blancas, negras, indígenas, a todas, sepan ustedes que voy a trabajar todos los días queriendo honrar a cada instante el mandato que hay en el corazón de cada una de ustedes”, dijo, en una una de sus primeras declaraciones. Esa misma noche, la vicepresidente electa tuiteó que se siente “muy orgullosa de llevar la voz de 26 millones de mujeres colombianas. Tengo una responsabilidad de representarlas dignamente y, a pesar de que no todas pensemos igual, sé que todas debemos tener iguales oportunidades y lucharé porque así sea”.

Probablemente Marta Lucía se fue a dormir con una sonrisa triunfante en la cara después de un largo día, ignorando a su vez la ola de rechazo que se levantó contra ella en redes sociales desde esa misma noche. Feministas de todo el país le escribieron que se equivocaba, que ella no las representaba como mujeres. La tildaban de homofóbica, provida, sanguinaria, machista e ignorante. “Como feminista me reafirmo en algo muy simple: no debemos celebrar a una mujer por el simple hecho de ser mujer, ni celebrar sus triunfos como un triunfo de todas las mujeres”, tuiteaba una. “Marta Lucía Ramírez no me representa como mujer, no me representa como feminista”. El tweet lograba condensar la sensación generalizada de una población de mujeres que rechazaba la Vicepresidencia de otra mujer.

Y es que de entrada el tweet no es muy creíble. Aparte de su carta de presentación de privilegio visible, la de una mujer cisgénero blanca, heterosexual, rica, católica, y con poder político, lo primero que la gente en contra de Marta Lucía Ramírez recuerda (y lo primero que la gente que la apoya olvida) es su participación como Ministra de Defensa en el primer Gobierno de Álvaro Uribe en 2002, el mismo año de la Operación Orión en la ciudad de Medellín, un operativo contra guerrilla que dejó como saldo 88 muertos, 80 civiles heridos, 370 detenciones arbitrarias y 95 desaparecidos de manera forzada, a manos de las Fuerzas Militares y la Policía, en presunta alianza con las Autodefensas Unidas de Colombia —un extinto grupo paramilitar—.

Sin embargo, no hace falta irse al pasado para dudar de por qué Marta Lucía Ramírez no nos representa a muchas de nosotras ni como mujeres ni como miembros de una sociedad. Todo lo dejó clarito durante estos meses de campaña. Por ejemplo, en esta entrevista dejó patente su intención de ‘crear un Ministerio de la Mujer y la Familia’, siempre ligando ambas palabras, nunca pensando ambos conceptos por separado. Quizá considera, de entrada, lo que tantas mujeres en este país: que la mujer sigue siendo en cuanto es madre, en cuanto está conforme con lo que ella entiende por ‘familia’.

Y si hablamos de aborto, un tema tan urgente en este momento en Latinoamérica, tampoco salimos bien libradas. En la misma entrevista, Marta Lucía afirmó que los derechos de la mujer deberían ser el “acceso a educación sexual, a la prevención”, a una mamá que nos forme para evitar embarazos no deseados (¿de verdad nuestra vicepresidenta cree que todas las mamás de este país tienen la formación para educar a sus hijas en esta materia?). En ningún momento menciona que el aborto es un derecho que merezcamos, a excepción de los tres casos donde el aborto es legal en Colombia (malformación del feto, peligro para la salud de la madre o embarazo producto de una violación). ¿Seguiremos muriendo a punta de abortos clandestinos en Colombia durante los próximos cuatro años? Al parecer, sí, con una vicepresidenta que cree que la táctica para frenar el embarazo adolescente es “la familia, el hogar y el cuidado de los padres”.

Las comunidades LGBTIQ, o “no heterosexuales”, como las llamó el partido Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe, también deberían temblar con esta vicepresidenta, que se considera “muy liberal” al discutir el tema, pero que, al querer "todo a favor de un niño o una niña", no está de acuerdo con la adopción igualitaria. En otra entrevista, la vicepresidenta expuso su parecer: “creo que la huella que deja el papá en una criatura es distinta a la que deja la mamá: un niño tiene derecho a recibir ambas: del papá que le da una formación, unos valores y una orientación, y de la mamá que le da otros, que son complementarios”.

Da curiosidad que, según esa mujer que dice que nos va a representar a todas, la huella dejada en su hijo por una mujer solo puede ser complementaria de todo lo que aporta un padre. ¿Y a qué orientación te referías, Marta Lucía? ¿Sexual? ¿Temes que las niñas y niños del país salgan ‘desorientados’ o ‘desviados’ si los adoptan parejas homosexuales?

“¿Es usted feminista?", le preguntan a nuestra vicepresidenta. “Sí, porque soy una mujer”, responde. “Lo femenino debe aportar a la sociedad colombiana: sensibilidad, cuidado, empatía. Colombia necesita mucho más ese sello de lo femenino en el ejercicio del poder y en el manejo del Estado”.

¿Al fin en qué quedamos, Martha Lucía? ¿Feminista o femenina? Porque, para que te enteres, son dos cosas abismalmente diferentes.


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A kilómetros de distancia de ahí, en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, Ángela María Robledo, la fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro, le reclamaba a él en pleno discurso. “¿No me vas a dar las gracias? ¡Yo también me la jugué!”. Gustavo Petro, el contrincante político de Duque en segunda vuelta, había perdido después de conseguir más de ocho millones de votos, obteniendo la votación más alta de la izquierda en la historia de Colombia.

Luego de varias ovaciones del público especialmente dirigidas a ella, Ángela María, acompañada de sus dos nietas, prometió que su mandato sería el de las víctimas, feministas, mujeres, negros y las comunidadies indígenas.

Las feministas le creyeron estos meses a Ángela María, le siguen creyendo, y le van a creer. Psicóloga, profesora, militante del Partido Verde y abiertamente feminista, Robledo hace parte de la Alianza por la Niñez Colombiana, hizo parte de la elaboración de la Nueva Ley de Infancia y Adolescencia, elaboró una ley que le exige a la Fiscalía superar la total impunidad en términos de violencia sexual contra las mujeres, sobre todo en épocas de guerra, creó el proyecto de ley para más de 800.000 mujeres domésticas, y ha trabajado con el CINEP y el Programa por la Paz en la escuela de formación política ciudadana.

Una mujer que en varias ocasiones ha hablado de el espacio doméstico como un espacio político para las feministas, y que le ha tenido que explicar con plastilina a personas como Yamid Amat en qué consiste la ‘economía del cuidado’ (la contribución de la mujer a la economía y la sociedad a partir de trabajos que no son remunerados), a pesar de que este la tildó como “no feminista”, sin entender bien de qué trataba el concepto.

Una mujer que, como feminista, entiende lo que es la interseccionalidad, y dentro de este marco, reconoce y defiende los derechos de la comunidad LGBTIQ y que en materia de derechos reproductivos se ha parado duro ante el Congreso, diciendo que “no somos una máquina de parir hijos”. “Yo creo que primero hay que educar para el amor y la sexualidad, poniendo en marcha las políticas que son obligación del Ministerio de Salud”, afirmó en una entrevista previa a las elecciones”.

Con Ángela María lo que nos esperaba era más de lo que ya venía haciendo, pero desde la presidencia: “trabajar por y con las mujeres de Colombia para saldar la deuda histórica que existe en términos económicos, políticos y sociales”, cómo ella misma ha dicho. Ojalá su curul en la Cámara de Representantes no se vea afectada por la presunta doble militancia que algunos le están alegando hoy.

El lunes de esta semana, y probablemente triste, con una tristeza eufórica —como la bautizó Petro—, Ángela María twitteó: “nos seguiremos armando en la resistencia, esos son los amores más fuertes”. Pues acá tienes cientos de miles de feministas colombianas, tristes pero eufóricas, dispuestas a resistir contigo desde el feminismo, Ángela María.


El Twitter de la autora está por acá.

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