Todo lo que tienes que saber de la batalla ecológica por el Nevado de Toluca

Lo que ocurra con el Nevado podría causar un desastre ecológico y dejar precedentes para hacer lo mismo con otras regiones protegidas en el país.

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dic. 5 2016, 5:22pm

Fotos por Alicia Mastretta y Benjamín Bernal.

El octubre pasado, el Nevado de Toluca se volvió a posicionar en los medios tras la publicación del resumen del Programa de Manejo de la ahora Área de Protección de Flora y Fauna (APFF). Éste es el documento que dice qué se puede hacer y dónde dentro del Nevado de Toluca. A partir de su publicación la noticia que más suena es que la SEMARNAT abrirá a la tala comercial 17 mil ha. Otros favorecen la decisión del gobierno y dicen que en realidad se trata de manejo forestal dirigido al bienestar de los campesinos.

Esta discusión empezó en 2013, cuando el gobierno federal cambió la categoría de conservación del Nevado de Toluca de Parque Nacional a Área de Protección de Flora y Fauna. Este cambio permite la implementación de zonas de manejo forestal comercial, agricultura, ganadería, minería y otras actividades productivas antes prohibidas. El manejo comercial como estrategia de conservación se justificó como la única alternativa dado un supuesto estado de deterioro y falta de opciones para los pobladores locales. Sin embargo el deterioro del Nevado de Toluca, principal justificación para el cambio de categoría, se exageró con datos de deforestación inflados y mal calculados, tratando por igual a todos los tipos de bosque e ignorando que el cambio de uso de suelo prácticamente se detuvo desde hace más de 40 años. Esto debería invalidar el punto de partida de la misma forma que uno no debe entrar al quirófano si se le informa que el diagnóstico médico por el cual iba a operarse es incorrecto. Las autoridades de la CONANP y SEMARNAT tienen esta información, pero han continuado con el proceso argumentando que los beneficios que pueden adquirirse con el cambio superan las profundas deficiencias con las que se ha actuado hasta ahora.

El cambio de categoría y la posterior publicación del Programa de Manejo también han generado dudas independientemente de sus deficiencias técnicas, pues se teme que el cambio de categoría pueda incrementar la extracción de recursos forestales (incluso de forma legal) y facilitar el crecimiento de las zonas agrícolas y urbanas. La raíz del temor es que las APFF tienen menos restricciones en el manejo de los recursos naturales y en el uso del suelo que los Parques Nacionales. Estos temores han surgido en grupos locales que temen se facilite la privatización o el despojo de sus tierras, pero también en grupos urbanos debido que los servicios ambientales que brinda el Nevado de Toluca se extienden mucho más allá de sus faldas. Sin embargo la discusión en realidad va más allá, pues afecta directamente el futuro de las Áreas Naturales Protegidas de nuestro país, de cara a la política de utilización de los recursos naturales que se está desarrollando desde la Federación.

En el Nevado de Toluca actualmente vive gente; de sus servicios ambientales dependen metrópolis como el Valle de Toluca y la Ciudad de México y el área arrastra una compleja historia de políticas gubernamentales contradictorias y actos de corrupción. La situación por ende tiene muchas aristas y puntos de vista diferentes, incluso entre los propios habitantes locales. En este documento queremos centrarnos en las características biológicas y ambientales del Nevado de Toluca, pues hacen de este un lugar crucial para la conservación de la biodiversidad mexicana.

El Nevado de Toluca es una isla en el cielo y debe ser manejado como tal

Biológicamente hablando, la historia del Nevado de Toluca se remonta a un millón de años atrás, a mediados del Pleistoceno, cuando surgió su edificio principal, impulsado por el mismo corazón volcano que aún humea en el Popocátepetl. Esta fue época de cambios cíclicos entre períodos glaciales (donde el planeta se ha enfriado y el hielo ha cubierto grandes territorios) e interglaciales (donde el planeta se ha calentado y los hielos se han contraído hacia los polos y zonas de gran altitud). Es relevante comenzar a contar la historia desde aquí porque es lo que hace a sus ecosistemas muy especiales.

Los ciclos glaciales-interglaciales del Pleistoceno provocaron cambios drásticos en la distribución de los ecosistemas a lo largo del mundo. Durante los períodos glaciales el hielo del polo norte avanzó hacia el sur, el frío se extendió y a lo largo de siglos, los ecosistemas que hoy cubren el norte del planeta se movieron miles de kilómetros hacia el sur. Al contraerse el hielo en los periodos interglaciales, la vegetación volvió a colonizar el norte. En sitios convertidos en desiertos de hielo durante las glaciaciones, la historia literalmente se reescribe en cada ciclo interglacial (la última vez hace 20 mil años), mientras que en zonas más tropicales donde las temperaturas no bajaron tanto, las especies se mantienen, la evolución continúa en el mismo sitio y la biodiversidad puede acumularse durante millones de años.

El centro de México es uno de esos sitios tropicales, con la particularidad de que tiene montañas que alcanzan más de 3,500 metros de altitud y que generan una gran diversidad de climas (más frío entre más arriba) en un espacio relativamente pequeño. Aquí, durante los períodos glaciales los pastizales alpinos que hoy existen a 3,900 metros de altitud, existían casi a la altura de la Ciudad de México y Toluca. Los períodos interglaciales se parecen más al presente, con los pastizales contraídos a lo más alto de las montañas y los bosques de pino y oyamel cubriendo sus faldas un piso más abajo. Si observamos este ir y venir de los ecosistemas desde el cielo sería como ver un archipiélago con islas que se expanden y se contraen, pero que nunca desaparecen. Aquí la biodiversidad ha podido continuar acumulándose porque nunca ha sido reescrita por completo, pero al mismo tiempo se mantiene siempre en relativo aislamiento. Inevitablemente eso conduce a diferenciación genética de la misma especie entre poblaciones de diferentes montañas, y eventualmente al nacimiento de nuevas especies.

Por lo anterior los bosques y pastizales alpinos que habitan en estas montañas están distribuidos en lo que llamamos "islas en el cielo": tierras altas de climas fríos separadas por tierras bajas más cálidas. Islas a final de cuentas.

Por esta razón, los bosques del Nevado de Toluca son distintos a los de otras montañas cercanas como La Iztaccíhuatl o La Malinche. Así, al conservar estos bosques se conserva la "diversidad genética" de sus poblaciones. En un mundo cambiante como el que está generando el calentamiento climático, la diversidad genética cobra importancia porque a mayor variedad de genes, mayor variedad de característica que pueden permitir a una especie sobrevivir a diversos cambios. La diversidad genética es como un seguro de vida tanto para las poblaciones naturales de una especie, como para las plantaciones que se realizan en localidades cercanas (donde si se comete un error y se pierde diversidad genética, se puede echar mano de las semillas de poblaciones naturales para corregir un mal manejo).

Los bosques del Nevado de Toluca son particularmente importantes ya que se trata de una isla grande que todavía cuenta con extensos bosques. Por ejemplo, en su parte noroeste todavía hay alrededor de 10,000 hectáreas de bosques de oyamel, lo que representa una de las mayores extensiones continuas de este ecosistema en México. Tamaños poblacionales tan grandes se necesitan para el mantenimiento de la diversidad genética.

La recategorización y el Programa de Manejo avanzan a pesar de datos controversiales y discusiones truncadas

El principal dato para ejemplificar el deterioro del Nevado de Toluca fue una tasa de deforestación de 156 ha/año, en vez de entre 2 y 7 ha/año como en realidad lo muestran los datos. Además, con datos de degradación de bosques de pino se justificó abrir al manejo bosques de oyamel que no han perdido densidad del mismo modo. Por último, se omitió que el cambio de uso de suelo prácticamente se detuvo desde hace más de 40 años, lo cual quiere decir que el área natural protegida estaba en un proceso mucho más estable y menos alarmante que la versión oficial con la que se justificó abrirlo al manejo.

El detalle detrás de los cálculos anteriores y sus implicaciones para el manejo es algo que discutimos a profundidad en este artículo en la revista Oikos desde el 2014, y que el mismo año presentamos por escrito a la SEMARNAT junto con los análisis de otros grupos de académicos. Sin embargo, estos argumentos críticos no fueron refutados y en cambio se hizo creer que la consulta pública había resuelto diferendos con grupos de científicos.

Deficiencias técnicas como éstas importan mucho por dos motivos. Primero, porque cualquier argumento para modificar los instrumentos regulatorios de un área natural protegida debe realizarse con datos fidedignos y poder sostenerse ante una evaluación estricta y crítica. Segundo, porque si un proceso tan controversial como el cambio de categoría se aprobó con tales deficiencias ¿Qué garantiza que la realización de los programas de manejo que dicten las actividades extractivas a nivel local será de suficiente calidad y realmente velará por la conservación del bosque en vez de favorecer intereses comerciales?

Plagas y deterioro del Nevado de Toluca

Otro argumento para justificar los cambios realizados en el Nevado de Toluca fue que la categoría de Parque Nacional es muy restrictiva y no permite que los pobladores utilicen los recursos naturales para su subsistencia. Sin embargo, en México esta categoría permite actividades de restauración, educativas, de ecoturismo y de uso tradicional a los pobladores de la región (que incluye el uso de plantas medicinales, hongos comestibles, leña, entre otros), por lo que una buena planeación debería permitir una vida digna a los pobladores a la par de la conservación.

Ligado a lo anterior, se ha difundido que los bosques están enfermos y plagados y que requieren una intervención que no es posible hacer bajo la categoría de Parque Nacional, aunque como ya se señaló, dicha figura permite labores de restauración. Al respecto cabe señalar dos cuestiones: i) la evaluación de las "plagas" que sustenta el cambio de categoría y el Programa de Manejo es incompleta, ya que se hicieron muestreos en áreas muy localizadas y los resultados se generalizaron para todo el parque y todos los tipos de bosque; ii) "plaga" es un término ligado a la producción comercial, pues se considera "plaga" a cualquier especie que dañe los cultivos (en este caso de árboles maderables), generando pérdidas monetarias. En otra visión más ecológica, entendiendo al bosque como un ecosistema vivo y cambiante, todas las especies que lo habitan tienen una función y son importantes para el mantenimiento de la biodiversidad y del mismo bosque.

En ese tenor, las plantas parásitas que habitan en los bosques de pino del Nevado de Toluca, el muérdago enano amarillo ( Arceuthobium globosum ) y el muérdago enano negro (Arceuthobium vaginatum ), han sido poco estudiadas y no sabemos a ciencia cierta su importancia ecológica y los mecanismos mediante los que se regulan sus poblaciones. Sin embargo, se ha encontrado que plantas hermanas que se desarrollan en Estados Unidos cumplen diversas funciones; por ejemplo sus flores dan alimento a insectos polinizadores en temporadas en que no hay otras fuentes disponibles, sus frutos carnosos son alimento de diversas especies de pájaros, y junto con los insectos descortezadores juegan un papel fundamental en la apertura natural de claros que permite que se renueve el bosque con árboles jóvenes. Además cuando infestan un árbol, permiten que una gran diversidad de hongos se desarrolle. Tanto el muérdago enano amarillo como negro son plantas endémicas (que viven exclusivamente ahí) de los bosques templados mexicanos. Por su parte, se ha encontrado que los escarabajos descortezadores (Dendroctonus adjunctus), que también se consideran "plaga" en el Programa de Manejo, están ligados a diversas especies que se alimentan de ellos como escarabajos, moscas y pájaros carpinteros (que parecen ser los agentes de control más importante de las poblaciones de descortezadores por la cantidad de larvas que pueden consumir). Los árboles muertos sirven de casa para pájaros carpinteros y al menos 2 especies de salamandras. Entonces, al quitar los árboles "plagados" para aprovecharlos como madera se está también limitando la población de los depredadores que podrían controlar dicha plaga.

El descortezador y el muérdago pueden aumentar cuando los árboles se encuentran estresados, por ejemplo en zonas de disturbio. Los defensores del Programa de Manejo argumentan que en estas zonas deben sacarse los árboles enfermos. Sin embargo, este método, conocido como "saneamiento", se presta a identificar más árboles infestados de los que realmente hay, debido al beneficio económico que genera comercializar su madera. En cambio, existen otros métodos, que incluso ya se efectúan en otras montañas parecidas, como el Nevado de Colima, que no requieren remover por completo los árboles infestados. Si el objetivo del cambio de categoría es manejar las plagas del Nevado de Toluca, no está claro por qué en el Programa de Manejo no se le da preferencia, ni se mencionan, este tipo de métodos.

Manejo forestal como alternativa de conservación para los bosques del Nevado de Toluca

La noticia de que con el nuevo Programa de Manejo 17 mil has de bosques se abrirán al uso comercial suscitó mucha preocupación, y pronto aparecieron aclaraciones explicando que no se trataba de tala a rajatabla de esa extensión de bosque, sino de "manejo forestal sustentable". De acuerdo con el artículo 30 del capítulo 1 de la Ley General de Desarrollo Forestal Sostenible, éste es "un proceso evaluable y medible mediante criterios e indicadores de carácter ambiental, silvícola, económico y social que tienda a alcanzar una productividad óptima y sostenida de los recursos forestales sin comprometer el rendimiento, equilibrio e integridad de los ecosistemas forestales..." Por ende, efectivamente no se trata de plantaciones ni de tala de grandes extensiones a rajatabla, pero dado que su principal objetivo es la productividad óptima, las reglas del juego son distintas a las de conservación y están sujetas a las presiones del mercado. Esto genera situaciones como las siguientes:

i) Se trata de bosques que se desarrollan a más de 3,000 metros de altitud y que se regeneran muy lento. Por lo tanto ¿Pueden manejarse con los mismos períodos de descanso que otros bosques? En México no existen estudios que evalúen esto y es algo que no se plantea en el Programa de Manejo. El problema es que si el manejo no resulta rentable económicamente, con el mismo argumento que se abren los bosques al manejo, se puede justificar un sistema más intensivo.

ii) Si el precio de una especie baja, su manejo puede volverse insostenible comercialmente. Esto puede llevar a la sustitución de un ecosistema por otro, por ejemplo, reforestando con una especie distinta a la que se cortó. Esto actualmente ya ocurre en algunos sitios que realizan manejo forestal.

iii) El manejo forestal mantiene una estructura más parecida al bosque natural que una simple plantación y es una mejor alternativa que la agricultura en terrenos boscosos. Sin embargo, sí tiene efectos sobre la biodiversidad del bosque. Por ejemplo, se ha documentado que el método de aclareo, su intensidad y el tipo de bosque de que se trate, repercute en la diversidad de plantas que crecen en el sotobosque y afecta las poblaciones de salamandras. Otros estudios dan cuenta de la disminución de la diversidad de aves y mamíferos en zonas de bosque bajo manejo forestal y de que en lugares donde la diversidad de plantas del sotobosque es baja, hay menos especies de aves. Entre éstas, se ha encontrado la ausencia de pájaros que controlan la proliferación del descortezador y de aves rapaces que controlan las poblaciones de ardillas, ¿Cuál sería el impacto de este tipo de resultados en bosques que representan islas en el cielo?

iv) Los bosques del Nevado están diferenciados genéticamente de otras montañas. Reforestar con plantas de otras poblaciones erosiona la diversidad genética y la adaptación local que tienen las especies a cada sitio. Desafortunadamente la CONAFOR impulsa reforestaciones con plantas de poblaciones externas al sitio donde se está reforestando.

En teoría todo lo anterior no tendría por qué ocurrir. Cada ejido tendría su propio plan de manejo que determinaría las tasas de extracción y que puede estar basado en regeneración natural, sin necesidad de reforestaciones con material exógeno. Esto ya no estaría regido por el Programa de Manejo del Nevado de Toluca, sino por la SEMARNAT y CONAFOR. Además existen certificaciones que evalúan este tipo de cosas y permiten agregar un sobreprecio a la madera. Pero también existen la corrupción, la falta de estudios biológicos que determinen las mejores prácticas y la ausencia de métodos de monitoreo que consideren el mantenimiento de la diversidad del bosque. Prueba de ello es que la auditoría que se le realizó en 2012 a la CONANP concluyó que: "En materia de aprovechamiento, la CONANP no dispuso de indicadores y metas que permitieran evaluar el impacto del otorgamiento de autorizaciones de aprovechamiento", y que la SEMARNAT y la CONANP "otorgaron 5,010 (59.2%) autorizaciones de aprovechamiento emitidas, sin tener conocimiento de los límites de cambio o capacidad de carga de los ecosistemas y sus recursos naturales; asimismo, de 2007 a 2012, el 45.6% de las ANP —61 de las 134— con apoyos productivos otorgados por la CONANP no contaron con los instrumentos de planeación que orientaran la conservación de los ecosistemas y su biodiversidad con el desarrollo social y económico del país".

Algunos argumentan que ese riesgo es menor que el beneficio económico local que puede generar el manejo forestal. La discusión entonces se vuelca al derecho de las comunidades de usar lo que es suyo. Ese es un argumento que políticamente a nadie le gusta contradecir. Por eso puede ser tan fácil tomarlo como bandera para cometer abusos. Por eso preocupa que el Programa de Manejo del Nevado de Toluca diga cosas como que se permitirán el aprovechamiento y manejo "siempre que estas acciones generen beneficios preferentemente [mas no exclusivamente] para los pobladores locales". Y por eso debiéramos facilitar que se oiga la palabra de las comunidades que no están de acuerdo.

Conclusiones

Cuando salió a consulta pública el borrador del programa de manejo, un grupo de académicos comentamos a la CONANP el problema con dichos datos erróneos y los argumentos biológicos detallados en las secciones previas. No se trata de cuestionar la validez del manejo forestal sustentable en otras partes del país, sino de analizar a detalle las ventajas y los riesgos para un sitio como el Nevado de Toluca, tan particular biológicamente hablando y tan importante debido a los servicios ambientales que provee. Queríamos que se entendiera esta área natural protegida no como un macizo de recursos forestales, sino como una isla en el cielo con procesos evolutivos qué respetar. Queríamos que se considerara que se requieren grandes extensiones de bosques sin manejo para la conservación de la diversidad genética y de los procesos ecológicos. Si no, podremos tener árboles, pero habremos perdido el bosque.

Sin embargo, aunque se dejaron de mencionar los datos erróneos en el nuevo programa de manejo, se mantuvieron las conclusiones que estaban justificando y el nuevo programa de manejo se presentó como resultado de una cuidadosa consulta pública, sin que en la realidad se diera así. Además, no se reconoció la condición insular del Nevado de Toluca y quedaron graves huecos en cuanto al cómo, dónde y para beneficio de quién del manejo forestal y otras actividades que generan recursos económicos.

El que la SEMARNAT no reaccione a estas observaciones es grave. También es muy serio que ni el proceso de recategorización, ni el de generación del programa de manejo sean resultado de un proceso de discusión cuidadoso e inclusivo. Por el contrario, ha sido un proceso autoritario con usanzas del viejo Estado mexicano. Esto es muy lejano de lo que se esperaría de una institución como la CONANP, y de un proceso impulsado a nivel federal con el que se modifican instrumentos regulatorios de la política ambiental mexicana. Dado que existen otras áreas naturales protegidas en una situación similar para las cuales el Nevado de Toluca es un precedente, esta discusión debiera tomarse muy en serio a nivel nacional.

En este sentido también preocupa que a la fecha las autoridades no han propuesto ni aceptado un programa de monitoreo y creación de línea base que permitan medir el efecto de las nuevas medidas. Volviendo con el ejemplo médico, todo tratamiento nuevo es sometido a pruebas de efectividad cuidadosamente monitoreadas antes de ser aplicado a la población en general. Ni siquiera en emergencias epidémicas se acepta ser "práctico" y se saltan estas regulaciones pensadas para evitar daños mayores.

En conjunto, si consideramos al Nevado de Toluca como un experimento para evaluar si un cambio en la forma de manejo puede facilitar la conservación, parece ser que la SEMARNAT está ignorando los primeros focos de alarma y que continuará sin cuestionarse un proceso que comenzó mal.

Por supuesto que se requiere de alternativas económicas para los pobladores del Nevado. Sin embargo, necesitamos plantear estas alternativas desde el contexto de la conservación de una isla de altísimo valor evolutivo y crucial para el mantenimiento de los servicios ambientales del centro de México. Hacer lo contrario es una salida fácil y planeada a medias. Por ejemplo, no se ha presentado ningún estudio que estime cuál sería la ganancia económica que podrían obtener los pobladores locales, considerando la densidad poblacional. Este tipo de soluciones históricamente no han solucionado la pobreza y han deteriorado los ecosistemas naturales y sus servicios ambientales. Por eso, como nación, no podemos cargarle el desarrollo económico a las Áreas Naturales Protegidas. Son los últimos fragmentos de una de las biodiversidades más importantes del mundo, y son la fuente de los servicios ambientales de los que dependemos como país.

@AliciaMstt

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Alicia Mastretta-Yanes estudió Biología en la UNAM y realizó su doctorado en la University of East Anglia, Inglaterra. Es especialista en genética y poblaciones forestales de la Faja Volcánica Transmexicana.

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