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Plantar árboles es lo peor

Vivirás en un apestoso motel durante el verano y cavarás hoyos.

Plantar árboles es un trabajo de verano muy popular en Canadá. Puedes ganar dinero muy rápido, pasas mucho tiempo al aire libre, y es una manera pagada de perder peso mientras cavas hoyos bajo sol. Es el trabajo perfecto, si te gustan los trabajos difíciles. Si a esto agregas el cuarto de hotel barato que tienes que compartir con un extraño durante todo el verano, terminas con una experiencia súper bizarra y no tan divertida.

Pasé dos meses y medio viviendo en Sportsman's, un motel particularmente jodido en Merritt, British Columbia. Ahí es donde se hospedan los plantadores, drogadictos y turistas que olvidan leer las reseñas de este “descuidado y sucio” motel. Para poner las cosas en perspectiva, digamos que Sportsman's no tiene calefacción ni aire acondicionado, el agua caliente está muy limitada, y la alberca está permanentemente drenada. Dos personas pueden dormir en sus apestosas habitaciones, y cada una está equipada con un tostador, un microondas, dos tazas, dos platos y dos juegos de utensilios.

En resumen, plantar árboles apesta. No importa el clima, vas a pasar largos días caminando por las montañas, cavando tierra y plantando árboles. Al final del día, te dolerán todos los lugares conectados a tu sistema nervioso. Tus ocho horas de sueño se sentirán como dos minutos. Antes de que lo sepas, estarás una vez más bajo la tormenta, medio dormido, con 15 kilos de árboles en la cintura.

Como el trabajo es tan pesado, tienes un día libre cada cuatro. Tus músculos lo sabrán apreciar, pero si no tienes un auto, vas a pesar el día en ese motel de mierda. Después de unas semanas, ya tienes memorizadas todas las manchas en la alfombra y todos los mosquitos aplastados en la pared. Si quieres aguantar el tiempo suficiente para cumplir con tu contrato, desconecta tu cerebro y acostúmbrate a la suciedad, el olor, el casi nulo acceso a internet, y toda la mierda de tu hogar temporal. Un poco de alcohol puede ayudar.

En fin, estas fotos no son sobre el acto de plantar en sí. Son sobre el acto de vivir bajo estas condiciones y luchar contra el aburrimiento. Las fiestas que los plantadores organizan en sus días libre suelen ser muy fotogénicas. Como verás, los plantadores son muy buenos para encontrar nuevas formas de “escapar”. También sabemos como prenderle fuego a un alberca.

Jean Philippe Marquis es un joven fotoperiodista de Quebec, y puedes ver su trabajo aquí.

La perrita Léa aleja la cabeza del clima infernal.
Jean-Philippe Marquis

Día de lavandería para Andrew. La única lavadora en el hotel se movía y hacía tanto ruido que podíamos escucharla desde nuestra habitación. Incluso estaba atornillada al piso para que no rompiera nada.
Jean-Philippe Marquis

Un nuevo corte de cabello junto al estante de herramientas.
Jean-Philippe Marquis

La piscina en llamas se convirtió en nuestro banderazo de salida para fiestear. El ritual terminó cuando nuestros vecinos llamaron a los bomberos y la ciudad nos dio una enorme multa. Luego convertimos la piscina en un skatepark.
Jean-Philippe Marquis

Francois patinando en la piscina del motel.
Jean-Philippe Marquis

Este contrato improvisado fue nuestro acuerdo con el motel para no demandarlos por cualquier herida que nos pudiéramos causar mientras patinábamos.
Jean-Philippe Marquis

En la víspera de St. John, algunos plantadores anónimos cambiaron la bandera canadiense por un esqueleto de alce. Los administradores del motel no estaban contentos.
Jean-Philippe Marquis

El metalero Loren toma una malteada de proteínas después de un largo día de siembra. Dice que tiene una camioneta con el mismo valor de los tatuajes de su espalda.
Jean-Philippe Marquis

Las hermanas Carrico, excelentes plantadoras, van a hacer compras en su día libre.
Jean-Philippe Marquis

Las cajas de los árboles están cubiertas de parafina, lo que las hace totalmente inflamables.
Jean-Philippe Marquis

Cloé toma el sol junto a la piscina vacía.
Jean-Philippe Marquis

Brandon va a dar una vuelta en la motocicleta de su padre.
Jean-Philippe Marquis

Arreglándonos para el baile de los plantadores de árboles, un evento tan esperado que reúne a 500 plantadores de todo British Columbia en un bar local.
Jean-Philippe Marquis

Música y alcohol en la piscina antes del baile.
Jean-Philippe Marquis

Observando la salida del sol desde el techo, la mañana siguiente del tan esperado baile.
Jean-Philippe Marquis

Jean-Philippe Marquis