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Una prótesis de pene para Hércules

Las tecnologías de producción de sexualidad están en las pastillas, las cirugías estéticas, la terapia psicológica hasta la pornografía, las políticas de identidad o la cibernética.

"No entiendo de qué sirve un pene a medias", dijo consternada una amiga, y al preguntarle por qué, replicó: "¿A quién le importa un pene que no tiene una verdadera erección? Es absurdo". Su consternación procedía de una lectura sobre el proceso de reasignación de género que atraviesan los transexuales F2M, es decir: de mujer a hombre. "Pues haber nacido con pene no te asegura erecciones", le dije relacionando el historial clínico de un hombre transexual con el del nacido biológicamente hombre, y agregué: "incluso no es extraño que los gays que son exclusivamente pasivos carezcan de erección cuando están siendo cogidos". Sin dar crédito, mi amiga sugirió que usaran Viagra o un similar. La idea de un pene con posibilidad de erección y eyaculación limite el supuesto círculo del acto sexual la enfurecía. Estos ejemplos de pene sin erección, el del hombre transexual y el del homosexual pasivo, se parecen en que su placer y orgasmo están también en otros lados y no sólo en tenerla dura. Su placer radica también en que han podido somatizar su deseo.

En relación con esta iconografía invariable de la masculinidad, el periódico francés Sud Ouest publicó la noticia sobre la adquisición de "una prótesis para la virilidad maltratada de la estatua de Hércules" del Parque Morisco, en Arcachón. El Monumento a la Resistencia, como lo tituló el escultor Claude Bouscau, fue inaugurado el 22 de agosto de 1948. Para el autor, era un símbolo de resistencia contra los nazis y una memoria a los soldados del terruño. Para el pueblo, era una escultura que exhibía el cuerpo con descaro. Para la mitología griega, la estatua de Hércules representa su triunfo después de vencer al león de Nemea. Claude Bouscau, según noticias de archivo, esculpió un pene demasiado grande para Hércules. Presionado por la moral de la época, su autor lo redujo en dos ocasiones. La castración de Hércules es una forma recurrente de acercamiento a la prótesis removible que ahora le han regalado.

En el caso de que Hércules fuera un bio-hombre o un hombre transexual, una prótesis impediría delimitar entre lo natural y lo artificial, entre el cuerpo y la máquina, entre lo orgánico y lo inorgánico, puesto que la prótesis hoy representa una tecnología de avanzada que nos ingresa en la dinámica de lo tecno-humano. "Todo es dildo", dice Paul B. Preciado: "incluso el pene". Sobre todo, recordando que hablamos de una estatua, el pene de Hércules es una prótesis que permite examinar la no naturalidad de los cuerpos, el carácter construido que éstos representan. Fue hasta el último incidente ocurrido a mediados de junio de 2011 que el vandalismo se detuvo. Sin el pene, Hércules resulta tan sólo una tumba construida sobre cierto honor histórico. Preciado utiliza la idea de prótesis (que tiene que ver con lo monstruoso, lo feo, lo inasimilable, lo abyecto) para re-pensar el cuerpo como tecnología y responder así a algunas de las cuestiones que los conceptos de performance y performatividad dejan sin resolver en la teoría de Judith Butler.

Pensando en las posibilidades de producción de la sexualidad relacionadas con las dudas de orden social-personal, pregunté a mis contactos de redes sociales sobre si incorporarían estas tecnologías en su existencia. Si en los ochenta la cirugía estética de producción de género más importante fue la mamoplastía de aumento, en la actualidad la peneplastía ocupa su lugar en las intervenciones quirúrgicas que somatizan un deseo, una exigencia o un delirio estético. Las tecnologías de producción de sexualidad están en las pastillas, las cirugías estéticas, la terapia psicológica hasta la pornografía, las políticas de identidad o la cibernética.

Lo cierto es que estamos invadidos por tecnologías que afectan nuestros cuerpos. Desde la Coca-Cola que finge antojo de la hora de la comida, pasando por los pollos engordados tecnológicamente, hasta los sustitutos del azúcar que nos dejan en brazos del Alzheimer. Todo está ahí volviéndonos humanos habitados por la tecnología. Qué más da una prótesis de pene. Qué más da usar fármacos para conseguir la erección. Mis contactos, para fortuna mía, son bastante participativos. Las respuestas provienen de cuerpos que se identifican como hombres, mujeres, FTM, que son homosexuales, lesbianas, heterosexuales, de tiempo completo o por temporadas.

La primera pregunta era que ¿cuál sería la mayor preocupación en caso de necesitar una prótesis para pene? Las inquietudes se dividieron entre dos posibilidades: la clínica y sus procedimientos. "Porque hay mucha deficiencia en la salud sexual de los servicios estatales", respondió alguien que sin duda deberíamos apoyar esta crítica para que no sólo mejore la "salud sexual" de los organismos públicos, sino todo el sistema de salud que padecemos en México.

Sobre lo social hubo menos respuestas. "Creo que lo que más me preocuparía sería el procedimiento y luego lo social, lo que la gente dijera de mí y cómo reaccionaría mi pareja o mi familia", responde una mujer lesbiana en la que se lee una duda genuina sobre la fantasía del cambio de cuerpo sexual. La siguiente respuesta hizo un efecto en mí al cuestionar la interacción con una pareja sexual teniendo una prótesis de por medio. Su duda se centra en la dificultad "que sería encontrar compañeros sexuales que no tuvieran problema con la prótesis", dijo un chico homosexual.

Un segmento importante está compuesto con quienes dudan de lo personal y el funcionamiento de la máquina que se integraría a su cuerpo. "Que sea adecuada: de medidas, texturas y funciones similares o fieles a lo real. Procedimientos precisos sin importar lo doloroso", responde un chico homosexual evidentemente preocupado por el resultado del cuerpo último y anhelado. Otra duda era en relación al "funcionamiento que se traduce en ¿y cómo se va a sentir esa madre?", como respondió una mujer heterosexual antes de recordar El macho biónico (1981), película mexicana protagonizada por Andrés García. El personaje de García "pierde la virilidad" en un accidente aéreo y, en un giro autobiográfico que predice la impotencia sexual del actor, gracias a una cirugía logra curar su disfunción eréctil.

El periódico Sud Ouest calificó la resolución protésica del pene removible para Hércules como insólita. ¿Por qué? Es un pene insólito, a mi parecer, porque deja ver los cambios de la estatua. Hércules recibió no una prótesis de restauración, sino una prótesis removible que será montada durante los actos públicos y enseguida retirada. Es decir, Hércules recibió un pene simbólico. Un dildo, un consolador, una prótesis como la que recibe el veterano de guerra, en medio de condecoraciones por haber sido el cuerpo en el juego bélico. Un pene para portar/enseñar jurídica y mediáticamente. Pero mientras no sea el caso, el pene de Hércules es resguardado del vandalismo por el Estado. Dato curioso es que la bomba de vacío para alargar el pene más famosa del mercado se llama "Bathmate Hercules", un dispositivo que también promete al usuario conseguir erecciones más potentes.

Con la segunda pregunta pretendía explorar el aspecto lúdico de las prácticas sexuales, ¿qué sensación te deja el uso de un dildo? La mayoría de los encuestados referían como ventaja la inclusión de esta prótesis. Los dildos "son una gran ventaja, más esos que se pueden poner en las manos y se quedan ahí y luego te los meten. Me imagino el futuro así: introduciendo partes que ya no serán tan robóticas pero sí artificiales para darnos placer por todas partes, porque yo creo que nos vamos a aburrir mucho. Súper ventaja", dijo alguien que ya no hace falta definir en términos médicos como homosexual o heterosexual, ni en los del sistema sexo/género.

Lo que gusta del uso de "un dildo es que es un juego de dos vías; lo uso y lo usan en mí. Es una ventaja, más que una ventaja es como darse un gusto o un postre", respondió alguien más. Para otras voces la inclusión es más habitual, usándolos "como en un strap-on y ayuda a crear la sensación de un cuerpo queer, un cuerpo con dos penes donde la prótesis (el dildo) se convierte en una extensión del cuerpo. Aunque sea un objeto de plástico el placer que provoca es real. Placer de devenir un cuerpo extraño y placer de ver al otro sujeto de este intercambio", precisó alguien que parece que sabía la dirección de este texto para mi columna.

Sobre el tiempo extra que otorga una prótesis, alguien dijo que "más bien es algo como tiempo potencializado, dos es mejor que uno: dos amigas, dos rayas, dos falos, dos por la carretera". Otros lo comparan con "el uso de poppers, si me prende y si prende a mi pareja pues chido, ahora siendo la situación que solo pudiera usar un dildo igual y si lo vería como una actividad post intimidad dejándolo en segundo termino y poniendo cosas como foreplay en primera instancia". Sólo alguien manifestó que incluir un dildo le deja "la sensación de no soy tan capaz de satisfacer plenamente a mi pareja y por ende es requerido utilizar juguetes para lograr ese nivel de satisfacción". Algunos pocos confesaron nunca haber usado un dildo. Sin embargo, siguiendo la idea de Preciado: cualquier cosa tiene la capacidad de devenir en dildo. Las manos, los dedos, la lengua, un cubo de hielo, una botella, un encendedor.

El pene de la escultura de Hércules ha sido recortado, pintarrajeado, cepillado, cercenado y reconstruido. Un pene ahora en calidad de cyborg que se utiliza a decisión gubernamental. La historia del pene escultórico de Hércules se parece a la historia de nuestros penes: existe en la plasticidad de los sexos (performáticos/legales), en el tránsito mismo de lo políticamente controlado, en un régimen donde todo está a la venta y, justamente por eso, todo es intercambio de poderes. Hoy me tomo una Viagra, mañana me pongo un implante protésico. Pasado mañana: un strap-on con un dildo inteligente y ultrasensible. Anteayer: un concepto de división sexual que se hizo pasar por uno de integración amorosa. El pene, nombre plástico que uniéndome al pensamiento de Paul B. Preciado al decir que "falo" es una palabra de la jerga sicoanalítica y que no sirve para ver la plasticidad de los sexos. El pene, la verga, la venísima, el cíclope llorón, la ñonga, la pija. El pito conductor de este texto.

El pene, ¿es posible coger sin un pene? Contra todo pronóstico, sólo una de las veinte personas encuestadas negó esta facultad del sexo. Argumentó que "puede haber relaciones sexuales sin penetración, pero para mí no es cochar si no hay penetración y si no hay pene qué meter". Pero enfoquémonos en lo brillante. "Un gran placer es coger o ser cogido con la lengua, dura y suave, erecta y flexible...", dijo alguien. Otro construyó su respuesta afirmativa al momento de responder que "sí, aunque puede tender a la ambigüedad respecto al acto de la masturbación. Pero ahora que lo pienso, hace tiempo tenía la noción de que las lesbianas se masturbaban, hasta que una me dijo con firme convicción ¡claro que cogemos!".

Alguien se destacó al decir que "claro que se puede coger sin pene, se coge con todo el cuerpo, con lo visible e invisible, lo tangible y táctil y lo mental-espiritual intuitivo, ahí está el mayor placer en salir fuera de la órbita del mito del pene y la eyaculación capitalista occidental. El sport springbreakero del ligue multitudinario es el equivalente de la gula insaciable del fast-food. Estamos educados y con la propaganda a tope para creer en el pene erecto como el placer omnipotente y unívoco. En un orden taoísta del mundo diría que se debe no coger para coger. Debemos olvidarnos de coger para coger. La cogida que se nombra no es cogida."

¿Se puede coger sin pene? Sí, raza, se puede coger sin pene. "¡Se puede perfectamente y hasta eyacular!", como respondió alguien transmitiendo una emoción auténtica, sin que yo tenga que revelarles su sexo/género. Así como quien me dijo que ha tenido "varios encuentros con 'weyes' que tienen micropene y/o no tienen erección. Y ha estado riquísimo, igual hubo penetración de dedos/mano. Pero pues el hecho de que no haya verga de por medio no ha disminuido el gozo". Entonces, como se puede coger sin pene, también es posible trasladar la idea del acto sexual al territorio de la agresión y los límites del otro. Es decir: se puede violar sin el uso del pene.

Una prótesis de pene para Hércules. Un monumento en memoria no sólo de los soldados muertos, sino también de los cuerpos amputados, los cuerpos fragmentados en busca del poder y el honor, los cuerpos con prótesis que permiten su reincorporación al sistema laboral, los cuerpos como economía que dan acceso al diseño propio de nuestra plasticidad sexual. Uno debería auto-diseñar su cuerpo fuera del sistema de la injuria y la definición médica, jurídica o de cuchillo cebollero que parte nuestra imaginación. Como seguidores de La Agrado (personaje de Todo sobre mi madre de Almodóvar) que sentencia que "una es más auténtica mientras más se parece a lo que ha soñado de sí misma".

Monólogo de La Agrado.