Los 10 mejores apodos del fútbol argentino

¡Jugadores con más madrugadas que guardia de hospital, más patadas que manada de burros y más gloria barrial que sacar fiado!

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oct. 1 2018, 3:00pm

Artículo publicado por VICE Argentina

El apodo, esa última mirada de reojo que te da Dios antes de dejarte definitivamente a tu suerte en esto que sucede entre carga y carga de SUBE que es la vida y que últimamente nos encuentra pidiendo la hora por no decir la cuenta. Las marquesinas del fútbol argentino están llenas de "locos", "rusos" o "turcos", pero igual que en la anatomía general de un cuadro de barrio, existe un sitio especial para los distintos. Recopilamos 10 de los más inolvidables y perfectos sobrenombres que se hayan oído del alambrado para adentro. ¿Alguno que haya quedado afuera? Comencemos.

Rubén “Hacha Brava” Marino Navarro

Hay que traer el dinosaurio a la cueva todos los días en este bendito país, hermano, qué querés que te diga. Más vale que la nueva generación de adolescentes que sale ahora a la cancha del mercado laboral haya tocado el pastito y se haya hecho la señal de la cruz con la misma mano porque si no, no la cuenta. Coraje es el hashtag. Por eso inauguramos este racconto con el inolvidable HACHA BRAVA Navarro. Perdón la mayúscula, pero un apodo así en minúscula no se puede poner, vieron.

Hacha Brava encima de un burro, junto al Negro Rolán (El Gráfico)

El Hacha fue campeón con Independiente de la Libertadores del ’65 y un valuarte histórico del Diablo de aquellos años. Ese Navarro que un día le trabó un remate con la cabeza a San Filippo, que otro día salió fracturado de la cancha pero levantándole el puño a la hinchada desde la camilla, ese al que Pelé admiraba e incluso visitó en su casa de Bernal cuando estaba quebrado, ese al que Perfumo lo ponía por encima de Baresi en su ranking de zagueros; todas esas historias y muchas más conforman la leyenda del Hacha, a quien abajo vemos reiniciando el juego después de un botellazo de la parcialidad rival.

Claudio “Sifón” Úbeda

Podría ser un anticipo de “jugadores de culto del fútbol argentino”, pero con un sobrenombre como ese, Claudio Úbeda no puede quedar afuera de esta vuelta. El “Sifón” no fue uno de los defensores más laudados de los torneos nacionales o internacionales. Y tampoco tenía un despliegue físico o una habilidad excepcional. Pero tenía corazón. Un enorme corazón que conectó con las grandes hinchadas de Racing y Huracán. Campeón con La Academia y ascendido con El Globo, el “Sifón” es adorado en Parque Patricios y en la mitad albiceleste de Avellaneda. Y en este video, claro:

Nicolás “Uvita” Fernández

En épocas de poca mística para apodar a los futbolistas, la aparición del Uvita fue una bendición para nuestro deporte de cuna. Más todavía cuando nos enteramos de que la magia venía de parte de sus amigos del barrio. De chiquito le decían El Uvita va a comenzar la canción popular que lo exaltará después de lograr el título del mundo en Qatar.

Porque, además de homenajear al vino en tetra por excelencia, el pibe la mueve lindo: no le queda mucho en Defensa y Justicia, y si no se lo lleva un grande, termina del otro lado del Océano. Salud, papá, con este:

Vino El Diego

Jorge “Fatura” Broun

Cualquiera que haya pasado más de dos días en Rosario y haya entrado al menos un poco en la onda de la ciudad sabe que es un lugar distinto a cualquier otro. Donde ni a palos vas a pedir un “sanguche” en la calle y donde te reciben así cuando la jugás de gracioso y vas a fichar por alguno de los dos grandes de la ciudad.

Sarmiento Amenaza

De ese maravilloso enclave de identidad futbolística surgió Jorge “Fatura” Broun, que se comió algo más que la C de su apodo. Maestro. El que es bueno es bueno de cualquier manera. Y si no miren este atajadón imposible. Todo el Palacio Ducó lo gritó. Que Gordon Banks ni Gordon Banks.

Victorio “El Manco” Casa

En el apodo de Victorio Casa se connota muy sintéticamente una parte de la historia argentina. Una noche, el delantero que todavía no era “El Manco” estacionó su auto y al bajar recibió una ráfaga de ametralladora que le impactó en su antebrazo derecho. El wing de San Lorenzo se había detenido y bajado frente a la entonces Escuela de Mecánica de la Armada y uno de los centinelas pensó que era un… ¿un qué? más allá de que estuviera prohibido estacionar en el lugar, ¿qué justificaba la lluvia de plomo desde adentro del predio? “La Secretaría de Marina lamenta tener que informar acerca de las infortunadas consecuencias motivadas por la imprudente actitud de un automovilista al no acatar precisas y reiteradas indicaciones que, por habérsele hecho dentro de una zona de jurisdicción militar, merecen su especial atención”, explicó un comunicado de la Fuerza después del incidente. Buena gente. En cuanto a Victorio, increíblemente no perdió la viveza que lo caracterizaba dentro y fuera de la cancha y siguió comportándose de la misma manera con sus compañeros, Los Carasucias de Boedo. Es decir, siguió en la joda absoluta y todavía algunos se acuerdan de cuando los compañeros le escondían la prótesis en las concentraciones…

Carlos “Discoteca” Núñez

¡Qué injusto este negocio! Tantos jugadores hay con más noches que la Luna y el buen Carlitos Núñez se llevó el mote de “Discoteca”. Claro, Juan Manuel Herbella era médico, era bueno con los niños y le decían “El Doctor”, pero al ex delantero de Racing lo encasillaron para siempre en el lote de los perdidos. Carlos, querido, Vice está contigo. “¿Y quien no ha tenido un amor? / ¿Y quién no ha gozado entre amapolas?”, supo preguntarse bien Alejandra Pizarnik. ¿Y quién no dijo “este sábado me quedo” y terminó en el tercer piso de Caravelle?, agregamos desde aquí. En Unión La Calera de Chile se preguntan por el apodo de Carlitos. No se preocupen, amigos, nosotros ponemos las manos en el fuego.

Javier “Satanás” Páez

¿Alguien conoce a otro Satanás en el fútbol? Bueno. Justamente. Veinticinco años de carrera, 140 mil equipos y andá a saber cuántos delanteros se deben acordar de él cuando hace esa humedad que hace doler las cicatrices. Un incansable en lo suyo, Satanás jugó hasta recién en Sol de Mayo de Viedma: hasta recién significa hasta los 43 años. Hablame de pasión. ¿Por qué alguien que pasó buena parte de su carrera en equipos de Primera División se iría a Río Negro a hachar lobos marinos? Por amor a la pelota, amigos. Como vemos aquí:

Pero, lamentablemente, con lo injusto que es este palo, Javier también ha tenido sus malos momentos adentro y en las adyacencias de la cancha, como lo muestra este video de los jacobinos aficionados de Chacarita preguntándole muy amablemente cuándo volverá a alcanzar la soltura demostrada en otras aventuras del balompié.

Sebastián “Patota” Morquio – Fernando “Samurai” Moner

Con dos yihadistas como estos, ¿cómo no iba a estar seguro el Huracán de Babington que volvió a Primera bordeando los 2000? El Inglés le habrá hecho honor a su apellido al deslizarse por la grama con el meñique levantado durante los ‘60 y los ’70, pero cuando le tocó armar un equipo para transitar el Nacional B con no se detuvo en la estética: “Patota” Morquio de 6, “Samurai” Moner de 3. Duelen los tobillos de leerlo nomás. Si alguno de estos pibes hubiera alcanzado notoriedad luego de 2001, seguro lo apodaban “Osama”. Escuchen esta:

Aunque, seamos buenos, no toda intervención de “Patota” y “Samurai” terminaba en el Hospital Penna. También hubo momentos como el siguiente. ¿Se acuerdan cuando Argentina era Argentina?

Víctor Javier “Carucha” Muller

Esos veranos recibiendo las fiestas sobre la calle con nombre de boxeador: Luis Ángel Firpo al 10 mil, inmenso noroeste bonaerense, la tierra donde cada año, cada bendito año, familias completas eran eyectadas fuera del ring hasta la villa lindera a la casa de mi hermano. No muchos ídolos se nombraban bajo las vides de uvas verdes que nacen solitas en Pablo Podestá; no muchos, pero genuinos. Como el emblema del ascenso dosmilero Víctor Javier “Carucha” Muller. “¿Qué onda Carucha Muller?” te decían en la esquina si venías malviajado del sábado. “Carucha” Muller, todo el barrio colgado del cable para verte con la de Chaca. “Carucha” Muller, 1999, mi abuelo asa un pollo bajo la parra y espera que mañana El Funebrero vuelva a ganar. Está todo ahí.

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José Luis “Garrafa” Sánchez

De pie, por favor. Cómo pudo haber tanta magia en un solo cristiano. Hijo de un hombre que trabajaba repartiendo garrafas, de pibito nomás ya le quedó el apodo. No es este el espacio para debatir qué tan difícil será volver a ver a jugadores del linaje barrial de José Luis Sánchez en el fútbol mundial, pero qué complicada la vemos, qué complicada. Con la velocidad y el despliegue como regla sine qua non, ¿dónde hay espacio para estos tipos?

Pelota al piso, retacón, compadrón, zurdo, que va por la cancha como se va a comprar una birra al kiosco vecino pasadas las 24 de un miércoles de enero. Como se la trata a la policía cuando te quiere romper las pelotas en el barrio. Seco y haciéndolos sentir ajenos. ¿No habrá ninguno más? ¿Ninguno que vaya de la C a la A y que siga viviendo en Laferrere, en la calle de tierra y con el Duna bordó? ¿Y que haga ESTO en una final por un ascenso?

Desde no hacer caso a la vieja y seguir jugando en los potreros cuando ya era profesional hasta comprarle zapatillas a los nenes de su barrio, “Garrafa” encarna una parte de la argentinidad que es difícil de encontrar pero imposible de olvidar. Nuestro Zidane del Conurbano. Cómo se lo extraña.

Bonus Track: Diego “Oxford” Maradona

Esta más de uno no se la habrá perdido:

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