Cultura

Uno de los 43 normalistas desaparecidos: Cutberto Ortiz Ramos, la historia repetida

"Si hay algún tiroteo, corre mijo, corre", le dijo su abuelita.

Marisol Wences Mina

Éste es un adelanto de Ayotzinapa, la travesía de las tortugas, libro que reúne los perfiles de los 43 normalistas desaparecidos, editado por Editorial Proceso y reproducido con su autorización. El colectivo Marchando con letras reúne el trabajo de 61 personas, entre periodistas, fotoperiodistas y editores, que donaron su trabajo. Todas las ganancias de la venta del libro serán donadas a las madres y padres de familia de los chicos.

Heriberta Vázquez vio partir a su nieto Cutberto Ortiz Ramos cuarenta años después de que el Ejército desapareció a su esposo, a su suegro y sus tres cuñados. Ella sabe bien lo que significa esperar a un ser querido, esperar con la incertidumbre de si vive o muere, esperar durante años una respuesta que no llega. Su esposo, Felipe Ramos Cabañas, "supo que lo andaban buscando y se fue huyendo a trabajar a Coyuca. Allá lo agarraron", dice Heriberta mirando el suelo. La herida se abrió de nuevo. Su nieto Cutberto es uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa que desaparecieron en 26 de septiembre de 2014 en Iguala.

La desaparición forzada es un fantasma que regresa a esta familia. El joven normalista, apodado el Komander, nació el 22 de febrero de 1992 pero su familia decidió registrarlo con el nombre y la fecha de nacimiento de su tío abuelo desaparecido en la guerra sucia, Cutberto Ortiz Cabañas, nacido un 20 de marzo. Lo que podría ser sólo una anécdota, se convirtió en un terrible augurio de una historia que se repite una y otra vez.

Es el martes 23 de septiembre de 2014 y Heriberta Vázquez Galeana habla por teléfono con su nieto Cutberto.

—Oiga abue, ¿no ha ido por ahí mi mamá?

—No Cutbe, ahorita no ha venido

—Mire, quizás llego el viernes para allá. Le dice a mi mamá por favor, pero yo les llamo antes para confirmar.

Ella se alegra porque visitará su pueblo San Juan de las Flores, una comunidad serrana del municipio de Atoyac de Álvarez, Guerrero. Su hija María Araceli, recuerda hoy la abuela desde la sala de su casa, se alegra aún más porque no ha visto a su hijo Cutberto desde que iniciaron las clases en Ayotzinapa. Ese viernes es cumpleaños de Oscar, el esposo de María. La familia estaría completa para festejar. Pero llegó ese viernes 26 de septiembre y el teléfono de Heriberta no sonaba, aunque María Araceli tampoco había ido a su casa porque estaba ocupada atendiendo a sus otros cinco hijos (tres hombres y dos mujeres).

Cutberto ha sido siempre muy apegado a la abuela materna. Ella recuerda que ansiaba poder trabajar para ayudar a sus padres, aunque su única opción para estudiar fuera la Normal de Ayotzinapa. Aquél día Heriberta no sabía aún que estaba por vivir otra vez un episodio similar al que su familia sufrió en 1975, cuando el Ejército se llevó a su esposo Felipe Ramos de 24 años, su suegro Eduviges Ramos de la Cruz de 50 años y a tres cuñados: Raymundo (38 años), Heriberto (21años) y Marcos (28 años). Felipe dejó a Heriberta con cuatro hijos pequeños, entre ellos a María Araceli, que entonces tenía 3 años.

Para el día de su cumpleaños, el 26 de septiembre, Oscar Ortiz no sabía que su hijo Cutberto correría con la misma suerte que Cutberto Ortiz Cabañas, acusado de pertenecer al grupo del guerrillero Lucio Cabañas, el profesor normalista que también estudió en Ayotzinapa, cimbró al Estado Mexicano y resultó ser un primo lejano.

María Araceli junto al altar para pedir por el regreso con vida de Cutberto, su hijo.

"Si hay algún tiroteo, corre mijo, corre"

Leobany Obé, director de la Escuela Secundaria Técnica Agropecuaria "Plan de Ayutla", recuerda al Cutbe que ganó el primer lugar en el concurso de zona escolar en la materia de Técnicas Pecuarias, al describir con destreza las partes de un borrego. Y el normalista tenía aptitudes para muchas otras cosas, también es recordado por contribuir a la construcción de unas aulas de la preparatoria de su comunidad.

Miguel Bailón, el prefecto de la secundaria, muestra con orgullo un generador eléctrico que Cutberto y otros amigos hicieron a partir de las piezas de una bicicleta. "Yo creo que por la cuestión económica agarran las escuelas como Ayotzinapa, que son para las personas de escasos recursos. Aquí la economía está muy mal", dice Leobany.

Al terminar la preparatoria, Cutberto perdió un año escolar pero se la pasó trabajando. Al año siguiente hizo el intento de ingresar a Ayotzinapa, pero su familia se opuso. "Él también hizo el intento de irse a la normal Lázaro Cárdenas en Tenerías, en el estado de México. Pasó el examen socioeconómico, pero no el académico", recordó Bailón.

"Al siguiente año", relata el prefecto, "Bernardo Alcaraz lo convenció de hacer un nuevo intento". Bernardo es el otro normalista de Ayotzinapa originario de San Juan de las Flores, que continúa desaparecido y quien ya cursaba segundo grado. Miguel Bailón contó que fue en la cancha de San Juan donde Bernardo habló con Cutberto y éste decidió irse a la Normal Raúl Isidro Burgos.

María Araceli recuerda bien que varias veces le dijo a su hijo que no se fuera a estudiar a Ayotzinapa. "Yo le evitaba que se fuera. El primer año que se quiso ir estaba necio. Le dije 'no te vas porque debemos estar de acuerdo los dos'. Cuando pasó un año me decía 'ya ve, ya estaría yo en segundo, pero usted no me dejó'. Me reprochaba que no lo había dejado ir. Y ahora este año que se fue, yo tampoco quería que se fuera pero su papá ya le había dado permiso", cuenta con amargura.

Heriberta, la abuela, también se opuso en un principio. Cutberto hizo los trámites, sacó su ficha y cuando fue aceptado en Ayotzinapa, fue a la casa de su abuela y le dijo que por fin se iría. "No me gustó nada de lo que me decía, las pruebas que le ponían; que pasaban en la madrugada por un lodazal, que no les daban de comer bien, que les daban un bolillo nomás", recuerda la señora.

Pasó la semana de pruebas. Cutberto regresó a San Juan de las Flores, y de nuevo fue con su abuelita, quien a varios meses de distancia recrea los diálogos:

—Si te vas a ir a esa escuela pórtate bien, lo mejor que puedas. Sé que a los alumnos los cargan pidiendo, sacando gasolina. Pero tú nunca vayas adelante, nunca. Deja que los demás crucen y tú te quedas al último. Y si hay algún tiroteo, corre mijo, corre.

—No abuelita, no me haga tan tonto. Me voy a defender, pero no va a pasar nada.

"La última vez que vino, cuando ya se iba, me trajo su ropa", recuerda Heriberta con la voz triste, "me trajo sus pantalones, sus playeras, sus camisas para que se los cosiera porque estaban todos rotos".

Cutberto se fue de San Juan de las Flores el primero de agosto de 2014. Su papá asistió a una reunión de padres de familia el 12 de septiembre. Desde entonces nadie de la familia lo ha vuelto a ver.

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