Señores, EU nos está viendo los calzones

Si la Constitución protege nuestra privacidad, ¿por qué el gobierno mexicano no alza la voz contra el espionaje?

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nov. 13 2013, 4:00pm

El nivel actual de la vigilancia de internet que hacen los gobiernos es incompatible con los derechos humanos, en concreto con la libertad de expresión y la privacidad. El espionaje y la censura inciden directamente en la calidad democrática de un país logrando directa o indirectamente que no se hable de algunos temas o que al hacerlo se corra un gran riesgo.

Un indicador que prueba el nivel de vigilancia es cuando un gobierno tiene la posibilidad de conocer la identidad de usuarios anónimos de internet y detenerlos sin que exista una falta o delito que perseguir. Los casos de Maruchi Bravo y Gilberto Martínez en Veracruz, el de Mario Flores en el DF, los de Eduardo Salazar y Néstor López en Puebla y el de Gustavo Maldonado en Chiapas, así lo demuestran.

Como ciudadano común ¿por qué es importante y cómo podemos hacer frente a los riesgos que la vigilancia de las comunicaciones suponen?

Además de espiar a todos los gobiernos, EU espía a las personas

Gracias a valientes divulgadores de secretos como Julian Assange, Edward Snowden y a analistas de estas revelaciones como Glen Greenwald y cientos de activistas anónimos, conocemos más sobre la vigilancia que Estados Unidos hace de la información transmitida por internet alrededor del mundo. Los gobiernos siempre han buscado el mayor control posible y la gestión de la información, no importa si tienen permiso para hacerlo o si ello vulnera el derecho a la privacidad, el principio de legalidad o las normas del derecho internacional

Sabemos que la tarea asignada principalmente a la estadounidense National Security Agency (NSA, o Agencia Nacional de Seguridad), cuenta con la colaboración de varios gigantes de internet como Google, Yahoo y Microsoft que permiten que información sobre las comunicaciones e información de sus clientes sean almacenadas para eventualmente, ser revisadas por esta agencia. Pero la complicidad de estas empresas no es la única vía utilizada por la NSA.

La reacción de los países espiados por EU ha sido distinta. Dilma Rousseff de Brasil ha llegado hasta la tribuna de la ONU con un discurso muy fuerte y convocando a otros países a sumarse. Francia ha exigido oficialmente cuentas.

En el caso de México este año conocimos que dicha agencia espió a Enrique Peña Nieto durante el periodo electoral. El prestigiado diario alemán Dier Spiegel, reveló la intervención del correo electrónico de Felipe Calderón y de su gabinete por parte del gobierno de Barak Obama bajo la operación Tailored Access Operation, misma que tuvo como objetivo también el correo del candidato Enrique Peña Nieto. Ante la alta probabilidad que los servidores de la Presidencia de la República no fueran de las grandes empresas de internet, surge la duda sobre el fracaso de los programas de seguridad informática mexicanos y los millones de pesos de nuestros impuestos dedicados a esa asignatura.

Paradójicamente, los gobiernos estadounidense y mexicano colaboraron por lo menos desde el 2007 para instalar en México el programa vigilancia de las comunicaciones en México. Calderón abrió la puerta al espionaje de EU y él mismo fue víctima. La respuesta del gobierno de Enrique Peña Nieto al espionaje ha sido tibia y contradictoria, declarando que exigiría una investigación. Al inicio se conformó con un telefonazo de Obama pero dado que más revelaciones han sucedido, ordenó una investigación a los funcionarios que pudieron participar ella, esto cuando ni siquiera ha podido responder al exhorto que el Congreso de la Unión hiciera el pasado 17 de julio sobre las acciones de la Secretaría de Gobernación sobre el espionaje.

Esta actitud complaciente se debe en parte a que gobierno mexicano tiene cuentas pendientes sobre el espionaje que realiza a sus propios ciudadanos. Desde 2011 sabemos que el software de espionaje Blue Coat opera en México y recientemente Propuesta Cívica y el ContingenteMx denunciaron ante el IFAI la operación del spyware Finfisher, programa con pésima fama de ser usado mundialmente contra periodistas y defensores de derechos humanos. Entraríamos a la dimensión desconocida para tratar de investigar los programas y equipos adquiridos por los gobiernos estatales como Aguascalientes, cuyos indicios de robo han sido denunciados, o como el caso del gobierno de Chiapas que mantiene en prisión a un activista digital que difundió la compra de un software para buscar usuarios anónimos en internet.

¿Será que la tibia posición del gobierno de Peña Nieto sobre el espionaje de EU se debe precisamente a la información que tiene sobre sus comunicaciones?

Fuera de internet el gobierno estadounidense se ha propuesto las tareas de acopio de inteligencia, más ambiciosas de la historia. Con el uso de miles informantes de terreno, aviones no tripulados (drones), recolección de millones de imágenes, incluyendo programas de reconocimiento facial, de voz y genéticos, sumado a decenas centros de procesamiento y análisis de dicha información, el gran hermano fortalece sus capacidades dado el uso extensivo de dispositivos digitales que nosotros mismos hacemos y la poca reflexión sobre sus implicaciones.

Todo gobierno hará lo posible por espiar a sus ciudadanos

Desde siempre han existido los espías y por lo menos a partir de hace dos siglos, se han creado complejas instituciones para vigilar, las que en un inicio dirigían sus esfuerzos a los conflictos internacionales generados por las guerras. Los servicios de espionaje y contraespionaje buscaban obtener información sobre las posibilidades bélicas y los recursos estratégicos de los países en conflicto, así como la presencia de extranjeros en los territorios nacionales.

Desde que terminó la guerra fría y con la aparición de las guerras no convencionales, la actividad de espionaje de los gobiernos abarcó no solo estados enemigos, sino a los terroristas y sus organizaciones, sin que a la fecha quede muy claro qué comprende esta definición. Por ejemplo, dos simples usuarios de twitter en México, fueron considerados terroristas por difundir, sin intención de dañar, información que no estaba verificada, lo que nos dice que ante definiciones tan vagas de lo que la actividad terrorista es, cualquiera de nosotros puede llegar a ser considerado un terrorista si incomodamos al gobierno de turno.

A partir de 11 de septiembre 2001, Estado Unidos planteó un sistema mucho más ambicioso de espionaje que por las recientes revelaciones de Snowden, sabemos que aspira a un espionaje total que abarca no sólo a terroristas y gobiernos extranjeros sino también a sus propios ciudadanos y a todos los que usamos internet. Siendo optimistas lo único que hará la NSA con nuestra información será almacenarla.

Como ha sido claro en el caso de la NSA, una vez que el Congreso ha facilitado las facultades de intervención de las comunicaciones incluyendo internet, aunque se establezcan algunos controles como la Corte Fisa (Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, que pertenece al poder judicial norteamericano), si no existen espacios donde los ciudadanos podamos ejercer un control y si no hay transparencia sobre los detalles de las operaciones, se abusará de las facultades al extremo de llevarlas mucho más allá de su objetivo inicial, y podrían usarlas para fines personales como —por poner el ejemplo más burdo— espiar a sus parejas.

Los ejemplos en México son muchos. Desde los sucesos de violencia del #1DMx en las calles del DF, hemos pedido reiteradamente los videos de personas inocentes que son detenidas. Nunca han sido revelados, con excepción de aquellos videos filtrados a algunos medios y que las autoridades consideran que inculpan a terceras personas. En cambio, las personas que filman los abusos de la policía son detenidos.

Espiar no es legal

El artículo 16 de nuestra Constitución no deja lugar a dudas: "Las comunicaciones privadas son inviolables. La ley sancionará penalmente cualquier acto que atente contra la libertad y privacía de las mismas..."

La única excepción a la regla anterior es cuando la autoridad judicial federal, a petición de la autoridad federal, lo autorice, para lo cual se han establecido jueces de control que supervisan y registran, en teoría, todas las intervenciones. El problema es que no hay rendición de cuentas sobre la actuación tanto del poder judicial como de los ministerios públicos que intervienen las comunicaciones. Es obvio que no informarán a quienes lo hicieron específicamente, pero por qué no contar con un número desagregado de solicitudes de intervención y autorizaciones, así como la duración de las mismas y los medios usados.

Una buena práctica es que tal y como muchas empresas de internet lo hacen, el gobierno y el poder judicial publiquen un informe de transparencia con información que permita a la sociedad funcionar como observador y lograr un escrutinio público de la vigilancia en internet, por ejemplo que nos digan, qué agencias del gobierno, cuántas veces y qué tipo de información solicita el gobierno de nosotros. También es deseable que tengan mecanismos de aviso previo, es decir que si un gobierno solicita información tuya sin que exista un delito evidente, te sea notificado previamente.

La encuesta PEW después de una década arroja que en EU por primera vez en una década las personas están pensando que su gobierno ha ido muy lejos y ha vulnerado su privacidad. Las organizaciones de la sociedad civil del mundo entero han propuesto los gobiernos y ante la ONU se adopten 13 Principios en cuanto a las excepciones a la privacidad y a la libre comunicación en internet, ente ellos establecer los criterios de necesidad, proporcionalidad, autoridad judicial competente y transparencia entre otros. Hasta ahora no ha habido una respuesta concreta. También un grupo de organizaciones ha iniciado un procedimiento ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que busca respuestas de la intervención que EU hace a ciudadanos no estadounidenses y que involucra a decenas de países en América.

La pregunta que emerge es: ¿Queremos que los gobiernos sepan con quiénes nos comunicamos, a qué hora lo hacemos, qué patrones de movilidad tenemos en nuestra ciudades, con quiénes y en dónde nos reunimos, qué información buscamos en el internet y a partir de todo esto hacer patrones personales de comportamiento? Al menos yo no.

Espera la segunda parte sobre el escabroso tema de el espionaje gubernamental. La tendremos próximamente en Vice.com.

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