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¿Ser gay es una cuestión genética?

Para aquellos que creen que el deseo hacia personas del mismo sexo es una elección o una deficiencia, la teoría del 'gen gay' sugiere que estos sentimientos no son culpa nuestra. Aunque eso no es necesariamente bueno.

Nicole Pasulka

Nicole Pasulka

Foto vía usuario de Flickr Sasha Kargaltsev.

En un titular del mes pasado del International Business Times se leía: "Estudio sobre el 'gen gay' entrega nueva evidencia de que la sexualidad no se escoge". El estudio, publicado en el diario de Cambridge Psychological Medicine, examinó el ADN de 409 pares de hermanos gay y encontró que compartían un gen que puede estar ligado con la homosexualidad. Aunque el estudio no dice que un solo gen sea el responsable de la orientación sexual, Dean Hamer, un genetista que contribuyó con un estudio similar en los noventa, considera que ahora sabemos que "existe una base genética para la orientación sexual".

La idea de que las personas nacen gays o de que el deseo homosexual es genético se presenta frecuentemente como un argumento contra la discriminación o contra leyes opresivas cuyo blanco es la comunidad LGBT. En respuesta a legislaciones terroríficas como "El acta para matar a los gays en Uganda", la cual declaraba ilegal la homosexualidad, los activistas gays y sus defensores alegan que es inhumano castigar a la comunidad LGBT, porque, de hecho, no pueden cambiar lo que son. Para aquellos que creen que el deseo hacia personas del mismo sexo es una elección o una deficiencia, la teoría del 'gen gay' sugiere que estos sentimientos no son culpa nuestra. Si no podemos contener nuestra atracción hacia personas del mismo sexo y si hemos nacido de esta manera, es claramente injusto castigarnos por eso.

Sin embargo, para mucha gente ser gay no es un factor biológico. Nos hemos acercado a un entendimiento de la tendencia 'queer' que adopta áreas grises; y si nos basamos en la teoría del gen, dejaríamos de lado ese matiz. Aunque a la mayoría de los gays, lesbianas, bisexuales y queer no les emociona mucho la idea de un futuro en el que les hagan pruebas para ver si en realidad tiene el gen gay.

Parte de la razón por la que una noción binaria de la orientación sexual —o eres heterosexual o eres homosexual— ha ganado tanta validez política es porque es útil cuando se discute con personas intolerantes y represivas. Simon LeVay, un neurocientífico que condujo una investigación sobre el gen gay en una escala más pequeña en los años noventa, me dejó en claro cuando hablamos por teléfono que los grupos con identidades 'inmutables', basados en conceptos como raza y género, "tienen un nivel más alto en la protección constitucional que los grupos que son básicamente productos de la elección".

Pero después de investigar el movimiento "ex-gay" al rededor del mundo (organizaciones que tratan hacer cambiar de "parecer" a los homosexuales, para volverlos "normales"), junto con sus leyes contra el sexo gay y sus relaciones, me preocupa que al confiar demasiado en teorías de genes gay se pueda causar un perjuicio en la lucha a favor de los derechos civiles. Para mucha gente que vive y se identifica como gay, queer o bisexual, el argumento de que las personas que quieren tener sexo gay nacieron gays se siente "increíblemente crucial a corto plazo". La cosa es que esto también puede ser perjudicial, dice Diana Roffman, una mujer de 32 años que, al igual que muchas otras queers modernas, ha atravesado varias fases de atracción sexual, deseo y de identidad antes de decidir, puedo salir con quien yo quiera.

Seguramente, en futuras investigaciones encontraremos algunas bases biológicas para diferentes formas de deseo sexual. Sin embargo, lo que es menos probable es que la ciencia confirme, algún día, la creencia generalizada que, a pesar de sus diversos y cambiantes deseos, incluso los queer tienen una orientación sexual definida.

Cuando era joven salí con una lesbiana y luego con un chico heterosexual y después con un hombre que se hacía llamar queer. Ninguna de estas atracciones se sentía como una decisión, pero siempre pensé que el género y la orientación sexual de la persona con la que terminara saliendo resolvería la pregunta de mi propia identidad. Si se trataba de alguien heterosexual, pues yo era heterosexual, pero si acababa en una relación con una lesbiana, eso debía ser lo que realmente era.

Según esta lógica, alguien que tuviera relaciones heterosexuales y después terminara en una relación gay siempre había sido gay y toda esa cosa heterosexual pasó probablemente gracias a la presión social o el descontento con su sexualidad. Estoy segura de que esto es cierto en muchos casos. Pero definitivamente no soy la única persona con atracciones que no siguen una clara binariedad que creció asumiendo que un día, con la paciencia adecuada, su verdadera orientación sexual se revelaría.

El problema es que nuestros deseos no nos golpean como un rayo de luz; se mueven como la niebla. "Lo que falta en todo esto es cualquier historia que diga cómo el deseo sexual se desarrolla en los homosexuales y los heterosexuales", dice Anne Fausto-Sterling, una bióloga feminista y profesora de Brown, quien nos ha prevenido contra enfatizar demasiado en la teoría del gen gay o la idea de que la homosexualidad puede ser fácilmente identificada como innata o determinada biológicamente.

Los genes por sí mismos "no nos proveen suficiente explicación de cómo funciona el mundo", dice. Requieren estar en un contexto adecuado para poder expresarse. Fausto-Sterling ha usado una analogía sobre una muñeca rusa (matrioska) que anida a otras más pequeñas para describir cómo el material genético se pasea a través de los genes, de las células y de los órganos y puede ser activado o ignorado a partir de condiciones que incluyen a la sociedad y al medio ambiente. De esta forma, la naturaleza y la educación están siempre ligados.

Cuando se trata del desarrollo de nuestros deseos sexuales, "no me importaría decir que diferentes estructuras genéticas tengan que ver con eso, pero no creo que sean determinantes por sí solas", explica Fauto-Sterling. La idea de una orientación sexual binaria no es más que una idea conservadora de la sexualidad. También es una idea muy conservadora en biología. Al igual que nuestro sistema nervioso y fisiología, nuestra expresión de género y orientación sexual puede cambiar con el tiempo. Desde la previa investigación, sabemos de hermanos que se identifican los dos como gays a menudo tienen un gen similar en sus cromosomas X. Esto no dice mucho sobre hermanos que se identifican como queer o bisexuales o transgénero, o hermanas que se dicen llamar lesbianas, etcétera.

Hay una gran diferencia social y política entre hombres que se identifican como gays y hombres que tienen encuentros casuales con personas del mismo sexo, pero se siguen considerando heterosexuales, por ejemplo. Simon LeVay y Dean Hamer aceptan la noción de que el deseo sexual de los hombres está más arraigado biológicamente que el de las mujeres y así reconocen que una sexualidad femenina abierta es socialmente más aceptada.

Pero, ¿qué pasa ahora con un hombre que ha tenido relaciones con mujeres por décadas y a mitad de su vida se encuentra atraído a los hombres por primera vez? En lugar de asumir que ha estado ocultando su identidad o negando sus deseos, es posible que esos deseos hayan simplemente cambiado. ¿Es un veinteañero que se llama a sí mismo hétero, pero escribe en un foro que tiene "impulsos por chupar un pito" un latente homosexual? ¿O se trata únicamente de un hombre heterosexual que quiere chupar penes? ¿Tiene el gen gay o tiene un desarrollo extraño en su propia biología, en su sociedad, en su medio ambiente y varios factores lo llevaron a fantasear sobre dar una mamada en la misma manera en la que amaría el fútbol o prefiere las comidas amargas a las dulces?

Para ser justos, la investigación citada es más complicada y menos decisiva que algunos artículos que he sugerido antes. Mientras es claro que mucha gente siente que sus deseos son innatos y estáticos, cuando se trata de estudiar las raíces biológicas de la sexualidad todavía hay mucho que no sabemos.

Aunque la teoría de que los deseos gay son innatos tiene claras ventajas políticas, tiene unas desventajas menos evidentes, pero no menos significativas. Si los padres hacen pruebas prenatales para la predisposición genética puede haber desastrosas consecuencias para los derechos de los gays. Y para muchas personas que están luchando por defender su atracción por el mismo sexo, la idea de que estos sentimientos son innatos genera una fría comodidad.

Muchos hombres que experimentan atracciones por el mismo sexo y viven en países represivos que tienen leyes antigay o guardan creencias religiosas que son explícitamente antigay deciden someterse a "terapia de reparación homosexual". Esta terapia rastrea ese deseo homosexual en un trauma sexual o de género o en una vida familiar con roles de género no tradicionales. Un nigeriano que se hacía llamar Albert me dijo que creía que se sentía atraído a los hombres porque su padre "no luchó por su rol en mi vida. Mi madre es de hecho la cabeza de la familia".

No hay evidencia convincente basada en investigaciones que explique que la atracción hacia el mismo sexo provenga de un trauma, o que pueda ser cambiada. Pero para los hombres con los que hablé, que también son muy religiosos y están profundamente asustados por las leyes antigay, la terapia parece ser la única manera de sobrevivir a esos sentimientos. La teoría de que han nacido de esta manera no es ningún consuelo. Activistas gay de países con políticas más progresistas, que tratan de hacerlos aceptar sus sentimientos como naturales o normales, "ponen a personas como yo en el medio", dice Albert.

Negar una atracción sexual hacia el mismo sexo es profundamente doloroso. Nadie debe ser forzado a cambiar. Pero demasiada esperanza en la investigación genética privilegia algunas historias sobre otras y puede ocultar la necesidad de los derechos civiles en general. "Si no se construye 'catálogo' moral, ético y legal de razones de tolerancia, entonces podrías ser arrojado al océano si un hallazgo cambia el punto de vista genético".

Las explicaciones científicas de la sexualidad son muy débiles para soportar nuestras exigencias por los derechos humanos y presentan muy pocas opciones para aquellos que viven en países represivos donde los deseos hacia el mismo sexo son pecaminosos y penalizados. Estos países ignoran las necesidades de personas como Albert que no son consoladas o ayudadas por la noción de que ser gay es "normal", o Diana Roffman, quien no puede ver sus deseos o experiencias reflejadas en un binario.

La comunidad LGBT en EU ha hecho grandes avances en derechos civiles en los últimos 50 años sin una prueba definitiva de un gen gay. El matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en más de 35 estados, el gobierno federal prohíbe la discriminación por orientación sexual o la identidad de género, la televisión y las películas siguen la vida de complejos y solidarios personajes de la comunidad LGBT. Mientras tanto, muy poca investigación sobre los genes gay ha sido llevada a cabo, publicada y debatida.

¿Por qué esperar una validación científica cuando existe un encuadre cada vez más expansivo y radical que nos ayuda a entender la orientación sexual y el género? Si la ciencia nos dice con toda la autoridad que las atracciones hacia el mismo sexo son determinados genéticamente, es muy posible que no cambie mucho.

Por otro lado, lo que ha cambiado y cambiará es el pensamiento de las personas, la eliminación de las leyes antigay y el incremento de la seguridad para los LGBT está saliendo a la luz. Como Samantha Allen señaló en el Daily Beast en noviembre: el número de estadunidenses que piensan que la homosexualidad es innata ha incrementado únicamente 11% desde 1997, pero la proporción de personas que conoce a un gay o una lesbiana ha subido un 35% en el mismo periodo. Al haber muchas más personas que salen del clóset a edades tempranas, la aceptación ha incrementado.

Si queremos que haya más personas fuera del clóset que sean honestos con su sexualidad, no podemos considerar la idea del deseo sexual genéticamente determinado que continúa con otra noción exclusiva de lo que es permitido. En cambio, debemos dejar la puerta abierta a aquellos que no están seguros dónde o cuándo se originaron sus deseos hacia personas del mismo sexo. Hablar libremente sobre las flexibles y expansivas definiciones del amor y del sexo queer hace que personas como Diana Roffman, Albert, ese chico hétero en el internet con la inexplicable necesidad de chupar un pito o yo existamos de la manera en la que nacimos o nos hicimos.