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      Están apuñalando a inmigrantes en las calles de Atenas

      February 15, 2013

      Por Matthaios Tsimitakis

      "Os exhorto a que detengais el racismo. Tenéis que daros cuenta de que somos seres humanos y trabajadores inmigrantes. Queremos justicia”, grita Javed Aslam, el presidente pakistaní de la Unión de Trabajadores Inmigrantes en Grecia. Se dirige a las 5.000 personas que se han manifestado hasta concentrarse en la plaza Syntagma, delante del edificio del Parlamento, para protestar contra el fascismo y la creciente ola de ataques racistas a inmigrantes, algunos de los ellos con resultados fatales.

      La manifestación coincide con el asesinato de un trabajador pakistaní de 27 años, Shehzad Luqman, apuñalado hace un par de noches por un bombero de 29 años y un cómplice de 24 años, desempleado, ambos griegos y sospechosos de ser miembros de Amanecer Dorado. A primera hora del pasado 17 de enero, Shehzat se desplazaba en bicicleta a la casa de su jefe en Petralona para cargar el camión antes de ir al mercado. Los agresores, que afirman haberse peleado con Shehzat porque les bloqueaba el paso, aparcaron la motocicleta y le apuñalaron en el pecho, lo que le causó la muerte poco después.

      A diferencia de muchos crímenes contra inmigrantes que no son denunciados, éste fue presenciado por unos vecinos y un taxista que apuntaron la matrícula de la motocicleta y llamaron a la policía. Al ser arrestados, un cuarto de hora después, uno de los agresores todavía llevaba el cuchillo ensangrentado en el bolsillo.

      Una manifestación solidaria anti-fascista fuera de la embajada griega en Londres

      La muerte de Shehzat parece ser la gota que ha colmado el vaso. En la manifestación antifascista del sábado, algunos de los manifestantes portaban fotos de Shehzat, en lo que es un paso adelante para afrontar el anonimato que caracteriza a las víctimas de crímenes racistas en Grecia. La prensa, que normalmente reduce a estas víctimas a anónimos "inmigrantes ilegales", menciona ahora su nombre e informa de la historia de su vida: cómo Shehzat había ido a vivir a Grecia, detalles sobre su trabajo, y que enviaba el dinero a sus hermanas en Pakistán.

      Ha sido una de pocas ocasiones en que griegos y no griegos se manifiestan juntos. También se celebraron actos en solidaridad en distintas partes del mundo, de Chicago a París y de Nueva York a Londres. Probablemente Shehzat ha sido el primer "trabajador inmigrante" cuya muerte ha sido llorada públicamente, y no sólo por los de su comunidad, sino por todos.

      Sin embargo, no es como ven las cosas todos los griegos. A pesar de que organizaciones proderechos humanos y funcionarios de la ONU han dejado claro que se trata de un crimen por odio racial, la policía griega no admite que el crimen tuviera un móvil racista ya que el fiscal no comentó nada al respecto en su informe. En respuesta, Amnistía Internacional ha hecho público un comunicado diciendo que el ataque señala el constante fracaso de las autoridades griegas a la hora de tomar medidas y acabar con la violencia racista.

      La UNHCR (la agencia de refugiados de la ONU) dice que los ataques racistas has aumentado durante la crisis hasta niveles alarmantes. Aun así, el gobierno griego se muestra reacio a adoptar medidas que ayuden a que las víctimas denuncien los crímenes y que las autoridades den estadísticas. Han transcurrido meses desde que los grupos de derechos humanos avisaron al gobierno griego de que la tipología de crímenes por odio racial estaba cambiando, incluyendo ahora ataques mortales llavados a cabo en espacios públicos –plazas, transporte público– y perpetrados habitualmente por grupos de hombres vestidos de negro y con las caras tapadas.

      Ahmed nos enseña una herida causada por una puñalada.

      El caso de Shehzad Luqman es similar al de Ahmed, un inmigrante iraquí de Tikrit al que atacaron de la misma manera en Metaxourgio, una zona que se encuentra unas manzanas más abajo de donde mataron a Shehzad. Le conocí en "Triporto", un bar en Metaxourgio utilizado por un grupo de activistas residentes como punto de encuentro donde estrechar los lazos sociales en la zona. Es un lugar donde inmigrantes y griegos se mezclan para hablar de los problemas residenciales y que, una vez a la semana, alberga un comedor social en una iniciativa antifascista de solidaridad con los más necesitados.

      "Eran las doce menos diez, un domingo por la noche en Keramikos. Había salido con mis amigos y estaba caminando de vuelta a casa, un poco borracho. Unas motos se detuvieron delante de mí y bajaron 4 tíos enmascarados. Uno me pidió un cigarrillo mientras otro me preguntaba si yo era de Bangladés”, me contó Ahmed en un griego a trompicones. "Les dije que era iraquí y entonces sentí una presión sobre mi brazo y espalda. Me caí al suelo. Sentí un ardor en el brazo, y luego en mi espalda y el cuello". Ahmed no se dio cuenta de que le habían apuñalado 8 veces hasta que vio sangre cayendo sobre el pavimento.

      Tirado y herido en la calle, Ahmed llamó a un amigo que vivía en la zona y la policía llegó 15 minutos después. Por suerte, ninguna de las heridas había afectado a órganos vitales y sólo estuvo hospitalizado dos semanas. Y ahí quedó todo. No hubo eslóganes racistas ni pintadas fascistas, pero no había duda que era un crimen por odio racial y que Ahmed era una víctima más de la creciente crisis de racismo en Atenas. Mientras estuvo en el hospital, Ahmed no le contó a su hermano en Irak lo ocurrido para no preocupar a su familia. Aun así, solo podía pensar en qué hubiera pasado con su cuerpo si hubiera muerto, cómo sería enviado a Tikrit para ser enterrado.

      Ese es otro tema al que se tiene que enfrentar la comunidad pakistaní. "Cada semana tenemos que encontrar dinero para enviar cadáveres a las familias en Pakistán. Cada envío cuesta unos 2.500 euros", nos cuenta Javed. Sin apoyo de sus países de orígen ni del estado de Grecia, las comunidades de inmigrantes, con bajos ingresos y sin seguro, encuentran muy difícil la tarea de darles a sus compañeros el derecho de morir con dignidad.

      Ahmed siente que, en Grecia, no es nadie. Una de las sombras que camina arriba y abajo por las calles de la capital, buscando objetos metálicos en basuras y vertederos para venderlos como chatarra. Vive en un frío piso abandonado sin agua ni electricidad. La conmemoración de Shehzad llevada a cabo por trabajadores en la manifestación antifascista el sábado podría ser la única forma de que Ahmed pueda salir de los márgenes de la sociedad griega. Todos los manifestantes llevaban pegatinas con el mensaje "No nos darán miedo". Javed reafirmó este sentimiento: "Sabemos que si no luchamos, no habrá justicia. Lucharemos".

      Sigue a Matthaios en Twitter: @tsimitakis

      Fotos de Nikolas Georgiou

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      Temas: grecia, Atenas, racismo, inmigrantes, inmigración, Amanecer Dorado, antifa

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