No hagas estas cosas si no eres un niño

Por John McDonnell, Illustraciones: Cei Willis

Con una regularidad preocupante, un amigo mío suele preguntarme: “¿Has visto el último episodio de South Park? No veas qué divertido”. Y yo acostumbro a responder: “Ya hace tiempo que entré en la edad adulta. Únete a mí cuando quieras”. Veréis, hay cosas que dejan de ser aceptables una vez dejas atrás los 18 años y empiezas a considerarte una persona crecida. Ahí va una lista de algunas de esas cosas.

TOMAR POSTRE EN CASA CON FRECUENCIA

El postre es algo que se utiliza para sobornar a los niños para que se coman las verduras. ¿Qué coño haces tú sentado en casa un mediodía de martes arreándole cucharadas a un yogur mientras ves Saber y ganar? Los postres sólo son aceptables en la edad adulta si estás en medio de una cita con alguien que te gusta y con quien has empezado a verte, o si sufres algún tipo de diabetes.

PONERLE AZÚCAR AL TÉ

Y ya que estamos, ¿de verdad eres tan niño que no puedes consumir algo a menos que le hayas puesto azúcar? ¿Te esconde tu madre las medicinas dentro de un plátano para que te las tomes cuando estás malito?

TENER TELE EN TU DORMITORIO

Hay dos sitios en los que te garantizamos que encontrarás un aparato de televisión en la misma habitación donde hay una cama: un hospicio y un hospital para enfermos terminales. Ver la televisión en la cama es para personas que ven cómo su vida se desvanece poco a poco. O para adolescentes salidos que se pajean fantaseando con la presentadora del telediario, “achicando agua” debajo de las sábanas antes de que pasen a la información del tiempo. hace que parezcas un vago y un dejado, la clase de persona que se recorta las uñas de los pies con los dedos y que sale a comprar comida en pijama, con un abrigo por encima. Apostaría mi vida a que James Corden tiene una televisión en su dormitorio. Casi seguro que pantallas múltiples en cada pared. Más que en un pub irlandés al lado de un campo de fútbol donde se juegen partidos de Champions. Hasta es probable que tenga pantallas de televisión cosidas a las almohadas, y en los pies, una botella de agua caliente que funciona también como mando a distancia. Tengo una costumbre que sigo a rajatabla: cuando se me presenta un dilema, pienso, “¿Qué haría James Corden en mi lugar?”, y entonces hago todo lo contrario.

FUMAR

Un cigarrillo es, en esencia, la versión adulta de un pañal. Cuando fumas le estás diciendo al mundo que eres totalmente incapaz de controlar tus ansias y tus necesidades. Es una llamada de auxilio. Todos los días, una vez cada hora y poco, sales penosamente de la oficina para quedarte parado en la calle con la rasca que hace sólo porque alguien que te gustaba cuando tenías 14 años (y que ahora padece obesidad mórbida y tiene tres hijos) te ofreció una vez un cigarrito en el colegio. Y eres desde entonces incapaz de reprimir ese ansia inducido químicamente. Fumar hierba es más aceptable, siempre y cuando lo hagas con dos amigos o más y Bob Marley os la bufe a todos.

LLEVAR ROPA DE FANTASÍA

No entiendo las ropas de fantasía, los colorines y todo eso. Debe ser porque fui a una escuela privada. El caso es que ir por las calles con un conjunto que te hace parecer un personajes de dibujos animados debería estar penado por la ley.

COMPRAR SIEMPRE BILLETES DE TRANSPORTE DE UN SOLO VIAJE

Esto se aplica a la gente que vive en ciudades grandes con red de metro y varias líneas de autobuses. Si eres un adulto que tiene que moverse a diario por la ciudad, es absurdo que no pienses en comprarte un abono porque te cuesta más dinero de una sola vez. No, en serio. Tengo un amigo que a veces tiene que comprar tres y hasta cuatro billetes de un viaje porque uno de esos “cuesta menos que una tarjeta de diez”. A lo mejor piensa que la compañía del metro (y la del autobús, de paso) pueden quebrar de un día para otro y él se va a quedar con un abono inservible con varios viajes sin utilizar.

PASARSE LAS NORMAS ORTOGRÁFICAS POR EL FORRO

Que sí, que los mensajes por el móvil son útiles, una forma de comunicación rápida que ahorra tiempo y todo eso, pero si ya tienes una edad quizá tendrías que haber aprendido ya a comunicarte de una forma concreta, eficaz y legible sin tener que abreviar comiéndote las vocales y llenándolo todo de “k” y “x”. ¡Que ya no estás en el cole, hombre!

FLIPARSE CON LOS FAMOSOS

Me acuerdo de la primera vez que leyeron un mensaje mío en la radio. Era un programa de música. Me recorrió un escalofrío de excitación cuando el locutor dijo mi nombre y leyó mi comentario, que me parece que no era mucho más profundo que esto: “¡Gracias por la música y por darme tan buen rollo!” Mi vida había alcanzado una cima imposible de superar. Por fin, alguien famoso había tenido noticia de mi existencia.

La única excusa que tengo es que yo tenía 12 años. Ahora que ya tengo pelos en los huevos me doy cuenta de lo ridículo que es entusiasmarse con los famosos, famosillos y famosuelos. De hecho, mi respuesta habitual cuando me presentan a algún famosete que va de arrogante es, “Deja que lo piense... ¿Tú no salías de secundario en Cuéntame?” Funciona especialmente bien si es una mujer.

SENTARTE EN EL AUTOBÚS DETRÁS DE UN AMIGO EN VEZ DE AL LADO

Esto es algo que veo continuamente: tres o cuatro tíos se suben a un autobús que va vacío y cada uno se sienta por separado, en asientos diferentes pero cerca. Al principio se ríen y hacen bromas, ajenos a lo que pronto va a suceder. A medida que el autobús se empieza a llenar se encuentran rodeados de extraños, bloqueados en el asiento de la ventanilla, incapaces de poder habla con los otros colegas. En vez de tener a un amigo al lado, tienen a un tipo flatulento que huele como si en la ducha, en vez de una esponja, utilizara un kebab. ¿Pero por qué razón no te sientas al lado de tu colega en el autobús? ¿Es que tienes miedo de que alguien se crea que sois gays? ¡Madura!

APRECIAR EL GRAFFITI

Un amigo mío, ya casi treintañero, me dijo el otro día: “Mira, en ese puente, joder, como mola ese graffiti”. Se estaba refiriendo a un amasijo malamente garabateado con espray que decía algo como “HEMAROYD”. Me quedé mirando a mi amigo sin ninguna expresión, sintiendo lo que imagina que debe sentir un anciano al borde de la demencia, cuando todo aquello que le era familiar de repente ya no tiene sentido. Estoy seguro de que, cuando yo era un criajo, unos erráticos palotes hechos con un lápiz de cera en un papel en blanco debían parecerme tan deslumbrantes y llenos de vida como una pintura de Gustave Caillebotte. Pero la mente madura. Nadie que se considere a sí mismo un adulto hecho y derecho debería ser capaz de apreciar los graffiti lo más mínimo.

MENCIONES DE HONOR

Levantarse a mediodía o más tarde

Mosquearte si le prestas a alguien 2 euros o menos y no te los devuelve

Sentirte atraido por tu prima

Hacer listas de cosas que te disgustan

Escuchar hip hop inglés

Coserte parches en la ropa

Besar a tu padre en los labios

Ver culebrones

No dividir la cuenta a partes iguales cuando cenas en grupo en el restaurante

Llevar gorra si no eres calvo

Mentir sobre haber follado

 

Sigue a John Twitter: @thewebsiteyep

Illustraciones de Cei Willis.

 

Más cosas de adultos:

The VICE Guide to Adulthood

 

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