La primera mañana del presidente Enrique Peña Nieto

Por David Murrieta; Fotos de Alejandro Mendoza

A diferencia de otros sábados, esta vez pasamos las primeras horas de la mañana tratando de respirar la menor cantidad de gas lacrimógeno posible mientras esquivábamos proyectiles lanzados desde el otro lado del cerco de seguridad montado en San Lázaro por la celebración de la toma de posesión del nuevo presidente de la República. 

Manifestantes se alejan de las bombas de gas lacrimógeno que lanzaban los agentes de seguridad pública.

Las cosas cada vez se ponían más violentas, y la manifestación se dividió en dos bandos: los pacifistas, reunidos alrededor de un camión aparcado delante de la estación de metro San Lázaro y que a gritos pedían calma a los demás compañeros, y los más agresivos, que rompían paredes y banquetas con mazos y martillos para después arrojarles las piedras a los cientos de policías federales ubicados al otro lado de la valla de metal que separaba el Palacio Legislativo de los ciudadanos. 

Un manifestante recoge una bomba de gas lacrimógeno lanzada por los agentes de Seguridad Pública y se la devuelve.

Las explosiones de los cócteles molotov lanzados por los manifestantes se complementaban con las de las bombas de gas lacrimógeno que caían sin cesar sobre todos los presentes. A lo lejos, el grupo ubicado en el ala norte de la protesta continuaba con su intensa lucha, petardo a petardo, tratando de abrirse paso entre la brecha que lograron hacer en la valla de seguridad después de estrellarse contra ella con un camión de carga. Decidimos salir de ahí cuando más de 500 agentes de la Policía Federal nos rodearon. Aunque recibimos algunas invitaciones poco prometedoras de quedarnos al enfrentamiento, dimos las gracias y caminamos al mismo tiempo que el contingente pacifista comenzaba su marcha hacia el Palacio Nacional.

Un par de civiles discuten por no compartir la misma ideología política.

Llegamos al Centro Histórico para toparnos con un perímetro de seguridad que rodeaba la plancha del Zócalo (Plaza de la Constitución). Después de hablar con el guardia del Estado Mayor Presidencial, que vigilaba una de las entradas, logramos pasar justo al mismo tiempo que Enrique Peña Nieto tomaba posesión como nuevo presidente del país. El número de agentes del servicio secreto era exagerado: vigilaban de cerca cualquier posible opositor del nuevo presidente u acción hostil. Después de presenciar un altercado entre civiles que terminaron solucionado unos agentes de seguridad encubiertos, nos alejamos de la calle 20 de Noviembre para dirigirnos hacia Madero, donde empezaba a aterrizar el contingente activo de San Lázaro. 

Granaderos se enfrentan a manifestantes en la calle de Madero.

Momentos antes del enfrentamiento en Bellas Artes nos vimos atrapados entre un par de líneas de la resistencia que se habían adelantado con poco apoyo y eran aplacadas por las fuerzas de seguridad que se encontraban en la calle de Madero cortando el acceso a la plancha del Zócalo.

Avenida Juárez después del enfrentamiento entre manifestantes y agentes de seguridad pública.

Salimos de ahí por la Avenida Juárez, donde la policía ya comenzaba a pescar aleatoriamente a cualquier manifestante mientras los civiles ajenos a la protesta observaban y pedían calma a los agentes de seguridad. Mientras nos alejábamos pudimos ver cómo una de las principales calles de la ciudad había sido destruida por la primera turba furibunda del sexenio. 

@virtualbling

@soyalemendoza

 

Comentar