Lágrimas de kokodrilo

Una nueva y terrible droga seduce a toda una generación

Por Andy Capper y Alison Severs, Fotos de Stuart Griffiths



No lo llaman “ser enviado a Siberia” por nada.

Supimos esto el primer día de nuestro viaje a Novokuznetsk, en la parte occidental de esta región rusa de más de ocho millones kilómetros cuadrados. En verano, el frío deja paso a un clima templado, con cielos encapotados y mosquitos del tamaño de tu dedo meñique.

Una sensación de pobreza de la era soviética impregna cada faceta de la vida en la ciudad: los ruinosos y grises edificios de protección oficial, los ladridos de los perros asilvestrados que te despiertan cada mañana, los desayunos a las 6 a base de jamón cocido y huevos fritos sazonados con vinagre.

Quejarse por las pequeñas incomodidades sería una fatuidad propia de alguien que visitara Siria y se quejara del ruido que hace el ejército al disparar a los manifestantes en las calles. No estábamos aquí para divertirnos. Aquí nadie se divierte mucho.

Estamos filmando un documental sobre cómo y por qué la juventud de Novokuznetsk está atrapada en una epidemia de heroína, una historia que se da de tortas con la recalificación que Vladimir Putin hace de los jóvenes rusos como prósperos superhumanos que viven en un brillante mundo de dinero, éxito y libertad. La realidad es que Rusia consume un 21 por ciento de la heroína de todo el mundo.

El jaco en Novokuznetsk es de color blanco cremoso; eso significa que es el más puro que se pueda comprar en parte alguna. Proviene de Afganistán y, según una leyenda local, la cruzan los talibán por la frontera de Kazajistán como venganza por la invasión rusa de 1979. Sin embargo, el más reciente problema de Rusia con las drogas se lo ha infligido ella misma.

Antes de que emprendiéramos viaje, habíamos oído rumores de una nueva droga llamada krokodil—una versión casera de la heroína a base de gasolina y codeína–, que debe su nombre al hecho de que produce escamas en la piel de sus consumidores; eso mientras les devora por dentro y pudre sus cerebros y extremidades hasta que, invariablemente, acontece la muerte.

Cuando llegamos allí descubrimos que los rumores sobre el krokodil se estaban haciendo más insistentes, y su volumen más elevado; ya sonaban como el grito ahogado que emites al incorporarte en tu cama al despertar de una pesadilla especialmente vívida.

Comentar