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      Un colega me hizo fotos pateándole el culo al cáncer

      January 28, 2013

      Por Alejandro Mendoza

      Clase en Bellas Artes. Caminando por la facultad de arte de la universidad encontramos este aula lleno de esculturas envueltas con bolsas.Nos colamos en el lugar sin permiso, porque era la excusa perfecta para una foto.

      Dug es un diseñador gráfico de Costa Rica que ha hecho lo que pocas personas harán en su vida: pasarse la muerte por los huevos y robarle un tiempo más de vida. Después de saber que tenía cáncer de testículo decidió llamar a su buen amigo y el fotógrafo, Adrián Arias, obligándole a documentar todo el proceso. Todo esto con la firme decisión de no morir en el intento.

      Aunque todavía no tengo el gusto de conocer a Dug en persona, pude hablar con él a través de internet y puedo asegurar que es de las personas más punks y con más huevos con las que he hablado jamás.

      Dug hablando con una compañera de tratamiento. Ella murió durante el desarrollo del documental.

      VICE: ¿Cómo conociste a Adrián?

      Dug: Conocí a Adrián gracias a un amigo que estudiaba fotografía con él. Otro amigo había abierto un bar underground. La gente que estudiaba arte, diseño o fotografía iba ahí, y así nos hicimos amigos. Después empezamos a hacer proyectos juntos. Hicimos un corto y varios ensayos fotográficos, también habían planes de hacer guiones y un montón de cosas más. Vamos, que nos conocimos de fiesta.

      ¿Qué tal los otros proyectos?

      Lo más valioso fue que aprendimos a hacer lo que nos daba la gana. Nunca nos basamos o creamos algo para buscar la aprobación de nadie. Siempre hemos criticado al artista que utiliza una fórmula segura o busca sólo figurar.

      Me gusta eso de mandar a la mierda todo.

      El arte debería ser honesto siempre y no insultar la inteligencia del receptor. Uno sabe cuando las cosas son rebuscadas o producidas con la simple intención de vender.

      ¿Cómo te enteraste de que tenías cáncer?

      Nada, fui a un chequeo general con un colega que es doctor y ¡pam! todo explotó ahí mismo.

      En los pasillos del hospital, Max Peralta, tras la rutina diaria de inyecciones.

      ¿Recuerdas cómo te lo dijo?

      No pudo decírmelo. Fue ver la cara de muerto que tenía y saber que algo andaba mal. Sobraron las palabras. Llamó a otro médico y hablaron entre ellos y me dijeron lo que ya me suponía. Inmediatamente me informaron de que me tenían que operar de emergencia para extraer el tumor y que después venía la quimioterapia. A partir de ahí, todo el asunto se volvió surrealista.

      ¿Qué se te pasa por la cabeza en un momento así?

      La verdad es que se te pone la mente en blanco. Después caes en la cuenta de lo que está pasando y lo que debes hacer, como llamadas, avisar a la familia, y todo se pone muy frío.

      ¿A quién llamaste primero?

      A mi madre, que es doctora. En un principio no me creía. Como tengo un humor negro, pensó que era una de mis bromas. Después le dije que escuchara, le leí los informes del médico y ahí se dio cuenta de todo y vino a verme  inmediatamente. Cuando llegó, habló con los doctores e inicié los tratamientos en ese momento.

      ¿En qué momento decidiste llamar a Adrián y proponerle el proyecto?

      Poco después, el mismo día, creo. No recuerdo concretamente. Ahora que pienso en ello, siento como si hubiera sido como una realidad paralela. Él no quería hacerlo por nada en el mundo, le tuve que convencer. Quise documentar todo el proceso porque era una oportunidad única y un acceso a un tema que sólo podíamos tener en ese momento.

      Una dosis antes de iniciar una sesión de tomografía axial computarizada (TAC).

      ¿Qué pensaron tu familia y amigos?

      Bueno, todos conocían nuestra tendencia a la controversia. Mi familia siempre me ha visto como artista y conocían mi amor por el arte y la transgresión. Supongo que pensaron que estaba loco, pero nadie dijo nada y apoyaron el extraño proyecto.

      ¿Cómo te tomaste tú el hecho de tener cáncer?

      Me asusté. Pero luego decidí que no quería morir aún. De hecho, no le hice mucho caso a los médicos. Una vez me puse el pijama del hospital en el baño y salí a fumarme un cigarro. Después entré diciendo que tenía un amigo muy enfermo y que lo venía a visitar. Todo se trata de seguir haciendo las cosas como puedas.

      ¿A qué te refieres?

      Ahora hago boxeo, otra cosa que supuestamente no debería hacer, y también me tatúo. Pero son esas pequeñeces las que te definen. Si dejas de hacerlas, ya no es tu vida. Es la de una enfermedad. Así que si tomas el control, es muy posible que lo logres. Yo llevo dos años bajo control y todo perfecto. Creo que el arte, mi familia, mis amigos, las salidas y el graffiti son las cosas que me curaron.

      Sesión de TAC, que dio un resultado de tumorales malignos.

      ¿En algún momento pensaste que no lo lograrías?

      En mil momentos lo pensé. No sé si te contó Adrián, pero después de una operación tuve muchas complicaciones. Incluso se me abrieron el abdomen, dejando salir mis intestinos estando yo consciente. Estuve así cuatro horas hasta que me suturaron. En momentos así, uno sí que prefiere morirse.

      Eso no me lo contó.

      Tío, fue una mierda. Pero bueno, al final siempre tienes más ganas de vivir que de morir. No le daba tanta bola a las ganas de morirme porque nada me mataba. Después de lo que pasó con mi abdomen estuve 15 días con suero, sin comer nada y 22 días aislado de todo, porque no tenía glóbulos blancos. Se los había llevado la quimioterapia. Son momentos horribles, pero no te queda otra que seguir adelante.

      Podemos decir que la muerte te la trajo floja.

      ¡Exacto! Por eso el ensayo se llama “Sacándole brillo a la calavera”. Igual la cabrona siempre gana al final, pero por ahora voy ganando yo. Lili, así le llamamos a Adrián cariñosamente, me ayudó increíblemente. También mi novia de ese momento, mi familia y hacer estas putas fotos.

      Dug y su madre discuten en un taxi de camino a su sesión de chequeo acerca de que es un malhablado.

      ¿Qué fue lo más duro de vivir esto?

      Lo más duro es ver a la gente que te quiere hecha polvo por verte así. No hay nada divertido, aunque cuando quería algo, siempre me salía con la mía.

      ¿Cuál será el final perfecto para el proyecto?

      No sé, tal vez que me atropelle un bus o algo así, ¡ja, ja! Es un proceso largo. Dentro de tres años me dan remisión, pero para mí la historia ha terminado y estoy muy seguro de que no la volveré a vivir.

      ¿Qué aprendiste de todo esto?

      Que si uno se empeña en no morir todavía, le puede sacar brillo a la calavera. Todo está en la mente.

      Gracias, Dug.

      ¡Gracias a ti!


      Dug en su 29º cumpleaños en Cartago, Costa Rica.

      “Sacarle brillo a la calavera consiste en acariciar a la muerte todos los días pa' que no te lleve entre las patas, lograr seducir a la Reina Verdugo hasta hacerla tu zorra. Claro está, ella siempre te va a ganar ,y la zorra que sucumbe al final siempre es uno. ¿Pero para qué ponérselo tan fácil?

      A mí el cáncer me quitó un huevo, pero metafísicamente me dio una docena para poder sobrevivir a las miles de intravenosas, subcutáneas, dolores de piel, de venas, músculos, huesos, inclusive los dolores de los folículos capilares y cabello fallecidos, los vómitos, las diarreas, las cóleras, depresiones... En fin, los mil infiernos.

      Si le das permiso, el cáncer no sólo te come y te devasta físicamente, te puede hacer metástasis en tu alma y volverla mierda pura.

      Por esa misma razón Adrián y yo no pudimos resistirnos a mostrarles un ensayo totalmente dedicado a cómo el alma se vuelve callo y de cómo el famoso huracán de mierda se ve y se siente”.

      Dug

      @soyalemendoza

      Conoce el trabajo de Dug aquí.

       

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      Temas: cancer, fotografia, Sacándole brillo a la calavera

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