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Sexo

A coger a casa

Consejos para coger con tu pareja aunque aún vivas con tus padres.

Foto por Petra Collins. Cortesía de i-D, nuestra plataforma de cultura joven.

Una advertencia: si tus papás te permiten piyamadas de dos en tu casa (o sea, tener sexo desenfrenado sobre tu colcha de dinosaurios o princesas), este texto no es para ti. Esto va dirigido a la chaviza incomprendida que busca un lugar seguro y barato para cromar chaira, tronar ejotes, follar, hacerlo, tranquear el zorro o, vaya, tener sexo.

Lo más difícil es tener con quién coger. Después de eso ya todo es de bajadita. Una vez que superas la vergüenza de estar vivo y de ser un cúmulo de emociones y pústulas en la zona T, de ser recién un adulto y seguir viviendo en casa de tus padres donde tu sexualidad está bajo sus reglas, puedes luchar por una cama propia, lejos de la litera que es la vida familiar.

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Pero para independizarte y poder gritar tu venida como si fuera la del Apocalipsis sin problemas debes tener una solvencia económica, y para eso te faltan unos años. Deberías ser paciente. ¿Pero quién quiere ser paciente en un mundo tan jodido que tiene a Donald Trump como candidato a la presidencia del país más bully del mundo?

Foto por Matt Lambert, vía i-D.

Así que aquí te dejamos algunos consejos para coger sin tener que pagar por un sitio para hacerlo, dado que seguramente formas parte del 85 por ciento de los jóvenes mexicanos que no gana más de seis mil pesos al mes, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Y probablemente no puedes pagar una habitación en un motel, o no tan seguido como tus desenfrenadas hormonas quisieran.

Una vez que encuentras a alguien con quien acoplarte para fines no reproductivos, lo siguiente es encontrar en dónde embonar sus genitales y dar cauce a los fluidos corporales. El bosque, el mar, el desierto, la sabana, la tundra, la selva siempre verde… todos son extraordinarios sitios para departir sexualmente, ¿pero a quién queremos engañar? Ésta es la vida de concreto, señores. Veamos qué podemos hacer en ella.

Foto por Alan Yee. Ve la serie completa en nuestra columna Deseo Lascivo.

Empecemos por la calle. Si tienes carro siempre puedes estacionarlo en algún callejón oscuro y echárselos adentro a tu pareja antes de que te roben los faros, si bien te va. En caso de ser una pareja de chicas, sólo asegúrense de no estar demasiado alejadas de una avenida transitada y vigilen que ningún demente se acerque a molestarlas.

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Olvídate de las bibliotecas, hay demasiado silencio y demasiados huecos entre libreros que pueden delatarte. Aléjate de ahí. El cine, por el contrario, antes era perfecto para follar si veías cine francés en una sala comercial, en la función de mediodía y entre semana, donde seguramente tú y tu amante eran los amos y señores de esa sala. Pero el buen servicio vino a podrir todo, ya que ahora el personal de los cines entra constantemente a la sala para ofrecerte comida y bebidas. Pero siempre puedes intentarlo.


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Para las personas que somos de a pie, siempre están las iglesias: esos santuarios de escondrijos forrados de terciopelo rojo, estructuras doradas, estatuas de personas torturadas y olor a incienso. Ningún motel puede igualar ese ambiente de erotismo. Busca las capillas más barrocas y antiguas, la arquitectura minimalista le arruinó la vida a los feligreses cogelones que no tienen dinero para un motel. Elige horas en las que haya misa, ya que todos están ocupados contando los minutos para que ésta termine. Si vas en un momento donde no se esté celebrando la eucaristía busca sitios como los confesionarios o donde está el órgano (no ése que estás pensando, sino el instrumento barroco). Si es de noche, los atrios y los pilares o árboles en él pueden ser buenos sitios. Eso sí: cuídate de los sacerdotes porque algunos tienen la mano muy larga y recuerda que aún tienes cara de niño. Y ya que estás ahí, también puedes leerle a tu pareja las guarradas de Santa Teresa de Jesús, que es como la Sade de Diosito.

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Después de las iglesias, lo mejor son los baños. Públicos y privados. Y las filas traseras o últimos vagones del sistema de transporte colectivo a horas extravagantes.

A estas alturas ya se habrán dado cuenta que coger en la escuela no es tan buena idea. A menos de que apañen el salón que faltó a clase y se encierren durante unos dulces veinte minutos en él, sin que el conserje los cache.

Y por último: tener sexo en casa de tus padres, un arte milenario que se ha ido perfeccionando a lo largo de generaciones y generaciones de primates rasurados. Para lograrlo, primero tienes que entender algo: tus papás ya te educaron a ti, ahora te toca educarlos a ellos. Para tus padres es difícil aceptar que ese indefenso y frágil durazno que babeaba néctar transparente y usaba pañal —o sea tú— ahora quiera restregarse el cuerpecito con alguien más. ¡Pero es tu cuerpo y disfrutar de él de la forma más pirata que se te ocurra, tu derecho!

Foto por Cuauhtémoc Suárez. Ve la serie completa en nuestra columna Deseo Lascivo.

Primero debes hacer una agenda rigurosa de las actividades de cada miembro de tu familia: sus horarios laborales, o escolares en el caso de tus hermanos, sus pasatiempos, gustos, etcétera. Tienes que tener bien claro cuánto tiempo pasan fuera. Debes encontrar esos pequeños espacios en los que invariablemente te quedarás solo en casa, y debes convocar a tu querido pequeño ser al que tantas ganas le traes, a esas horas específicas. Ambos deben ser disciplinados en esto, ya que unos minutos de desfase puede terminar en tragedia.

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Si te llevas bien con tus hermanos tendrás un rango mayor de tiempo para meter a tu pareja a la casa. Puedes pedirle a tu carnal que no diga nada. Accederá si no vienes de una familia disfuncional como la mía. Si la simple petición no funciona, puedes sobornarlo con algo que quiera él, extorsionarlo o, ya más en buena onda, puedes ofrecerle cubrirlo o renegociar con tus opresores progenitores un permiso que a él le hayan negado.

Si tienes una habitación propia, ya chingaste. Ciérrala con seguro cuando tú y tu novio estén dentro. Pero si, como en mi caso, no te dejan estar con tu pareja en tu habitación, tienes que desarrollar otras habilidades.

Redescubre tu casa. Quizás hay algún sótano o ático o rincón inmundo donde tus juguetes de infancia conviven con alimañas: ése es tu paraíso. Di que empezarás a arreglar el tilichero y que tu pareja te ayudará, y listo, ¡a echar mecánica! Calladitos, eso sí, cualquier ruido alertará a las figuras paternas más cercanas. Y créeme: lo último que quieres es que tu papá vea a tu chic@ encuerad@.

Hazte amigo de las azoteas. Son los mejores lugares, ya sea en tu casa o en cualquier sitio. Cada que vayan a una fiesta, ya sea familiar o de amigos, pidan que les muestren la azotea. Una vez que conozcan el camino para subir, nadie los bajará de ahí. Para coger, el techo es el límite.

Foto por Matt Lambert, vía i-D.

Para las chicas, lo más cómodo es traer falda. Evita las pantimedias, suponen los mismos problemas que un pantalón. Si ya es demasiado tarde y hoy te pusiste pantalón para tu cita de esta noche, la técnica es que tu chico pase por debajo de tu pantalón a los tobillos, entre tus piernas, pero en caso de ser descubiertos, lamento decirlo: van a valer pito. En cambio, con falda todo es más práctico. Al menos puedes huir al instante sin preocuparte por tropezarte con el nudo de tus prendas en tus tobillos.

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Seguro recuerdas el dicho: "A más placa, menos placa". En este caso no funciona. Si tus papás te cachan teniendo sexo sin su permiso o el de la sociedad, no intentes dar explicaciones absurdas como que estaban ingiriendo drogas en fase experimental (yo lo hice) o que estaban haciendo un trabajo en equipo. Probablemente te griten o te insulten, pero se les va a pasar el enojo. Es su techo y son sus reglas, pero es tu cuerpo y tu vida. Y tienes derecho a disfrutar de ambos. Si se ponen muy pesados, intenta hablar con ellos. Explicarles que te estás cuidando. (Debes estarte cuidando).

Si todo resulta de la peor manera, ten calma. Piensa que eso durará sólo un par de años más, luego tendrás una casa propia con tus propias reglas, antes de encontrar a tu media naranja, convertirse en Dinks, y no tener hijos a quien fiscalizarles los orgasmos.

Mientras, no renuncies a tu derecho al placer, siempre respetando a las otras personas.

Al final si decides tener hijitos, te dejo un manual con el fabuloso Peter Capusotto y su Padre progresista.

Para fines prácticos mira a partir del minuto cuatro.