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Los metomentodos, los leguleyos y (probablemente) tu madre consideran inmoral esto que quieres ver, así que hemos de asegurarnos de que eres mayor de edad antes de dejarte entrar.

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Gracias por su preferencia sexual

Fiesta gay en Monterrey I: Pelea desnudo

Por Óscar David López

Fui a una fiesta-show de peleas en vivo donde el luchador ganador se cogía al perdedor con sexo duro y humillación. Aunque no tiene nombre oficial ni público, el amigo que me invitó la llama “Pelea desnudo” porque en cada uno de los cuatro rounds los contrincantes visten primero shorts de lycra, luego suspensorios, en tercero se quedan desnudos pero embarrados de aceite y, por último, desnudos y erectos para la acción.

La acreditación para asistir al cachondo evento no es nada fácil: esperé dos meses para que mi amigo consiguiera que me dejaran entrar, ya que él mismo era un invitado. Mi amigo consiguió que su contacto me cediera su lugar para la fiesta. En el Monterrey del inicio del 2013 se ha acabado la vida nocturna después de las 2 AM pero no así en algunos municipios de la zona metropolitana, así que me di a la tarea de rastrear en dónde se divierten las locas de la ciudad: ¿qué mejor que ver machos cogiéndose a otros machos? Valió la espera.

La fiesta-show ocurrió en una casona antigua en el cerro de Chipinque de San Pedro Garza García a la que sólo se podía acceder en automóvil. Valet parking a la puerta y un costoso cover por el show: en efectivo. No había ninguna clase de anfitrión, por el contrario, junto con dos boletos de bebidas te entregaban un antifaz. Al principio pensé que era ridículo el uso de antifaces en un evento así. Sin embargo en la zona metropolitana de Monterrey reina la doble moralidad. En una pared del pasillo principal hay una especie de casilleros donde te recomiendan que dejes objetos personales de valor como celulares, cámaras o billetera. Adentro, si ven a alguien con celular le piden que lo guarde en su locker. Entonces seguramente detrás de esos antifaces estaban banqueros, académicos, honrados padres de familia y eternos closeteros embarcados en la cruz de olvido y no me acuerdo.

El programa del torneo de aquella noche estaba dividido en tres peleas. Muy similares. Como el porno en internet: el porno en vivo es repetición. Como a los niños se les enamora con caricaturas donde el ratón escapa del gato o donde el héroe dice una y otra vez la frase que lo hará famoso, al pornógrafo se le enamora con el desfile de cuerpos, cuerpos sobre cuerpos, una y otra vez, cuerpos en suspensorios, cuerpos en látex, cuerpos con máscaras como sus antifaces, cuerpos en aceite, cuerpos en lodo, cuerpos que son vergas de 20 centímetros o más, cuerpos que son un culo recibiendo el puño de un blanco que es como si fuera el enorme pene de un mandingo.

La primera pelea fue de dos luchadores de barrio. Se notaba en su complexión fibrosa pero con un aire de desnutrición. La pelea se divide en cuatro rounds. Los primeros tres de 8 minutos y el cuarto que es el round de sometimiento sexual puede durar hasta 20 minutos. Por ejemplo, en esta pelea el perdedor sufrió muchísimo la penetración del otro. Pero eso, que en otro contexto puede ser reprobado, en la fiesta era completamente excitante. La fantasía de los presentes, en su mayoría hombres arriba de los cuarenta años, excepto por sus acompañantes jóvenes.

El control de puntos es algo que aún no entiendo. Como en las artes marciales mixtas, se trata de someter al contrincante. Veía que se movían sobre el piso. Se arrastraban o se empujaban para caer sobre el otro. Una cosa era clara: quien daba nalgadas más fuerte obtenía puntos. Todo el tiempo cada uno iba sobre el trasero del otro. Una nalgada: no sé cuántos puntos serían pero seguro había mucho dolor. Una nalgada con la mano abierta pero dando un golpe de karate justo sobre la separación de las nalgas: muchos puntos, lo suponía porque los asistentes se volvían eufóricos, y entonces el referí marcaba a favor. En el primer round había que romper el short de lycra: muchos puntos. En el segundo había que robar el suspensorio, o desgarrarlo. En el tercer round apretaban los huevos o el pene erecto del otro. Supongo que tomaban alguna especie de viagra porque para el tercer round cada uno tenía una erección como si no ocuparan sangre para otra cosa en su cuerpo. Al cuarto round, el referí declaró al vencedor y le dijo “cógetelo, cabrón”.

La segunda pelea subió de categoría. Se trataba de una pelea interracial: un blanco contra un moreno. Eran un cubano contra un mexicano. Ganó el mexicano. Contrario a una pelea que hubiera visto en casa con mi familia, esto no tuvo mayor repercusión. Acá las nacionalidades son nulas. Lo importante es el sometimiento porque agradó que el cuerpo moreno venciera al blanco. Aunque no era mayor el tamaño de su verga, su performance de humillación fue una bomba. Lo hacía ponerse de rodillas para que le diera una mamada y entonces caminaba hacia él, lo empujaba y éste casi vomitaba por los golpes de la verga mexicana contra su campanilla cubana. Así, que se fuera como cangrejo pero de rodillas por un buen rato. Lo usó como camello mientras le daba verdaderas nalgadas que dejaron su culo morado. Se lo cogió en una de las gradas. Se lo cogió en medio del ring de duela. Se lo cogió. Y cuando estaba a punto de eyacular lo tomó del cabello y empezó a golpear su rostro contra el piso. Y se la sacó y, aunque no lo había dicho, se quitó el condón que en algún momento se puso sin que lo notáramos, y le aventó los mecos en la cara.

Durante esta segunda pelea mi amigo me advirtió que comenzaría otra parte de la diversión. Los señores de antifaces comenzaron a masturbarse, se medio desnudaron y se la jalaban ellos mismos o se la jalaban a sus acompañantes o sus acompañantes hacían el trabajo eventualmente. Lo que hasta ese momento había sido un show ahora se tornaba una fiesta. El olor se volvió cabronamente fuerte. La cuaresma pues. Detrás de nosotros había un grupo de tipos que nos veía con ojos de perrito: sólo mirada de perrito haciendo puchero porque tenían oculto cierta parte del rostro. También me di cuenta que hacia el pasillo principal lo que antes había sido un salón ahora era un cuarto oscuro. El hoyo negro de los antifaces. No termino de asimilar la maldita manía de estos tipos por la pompa y la mariconería con tinte de francmasones que me da un ataque de risa por la mezcla de “Fight club”, de David Fincher, y “Eyes wide shut”, de Kubrick.

La tercera pelea fue la más cabrona y más candente. También fue cuando encontré sabor a las peleas y al sometimiento sexual en vivo. Era una pelea de equipos de dos luchadores. Lo mismo pero más cuerpos. Más sudor. Más nalgadas. Más vergas. Más culos como flores. Más belleza griega y cuerpos castigándose mutuamente. Ya sé, mucha mamada homosexual pero así era eso. Mucha mamada y además insoportable en medio de tanto antifaz. Ni mi amigo ni yo los usamos. Mucho más tarde me enteré que “Pelea desnudo” hace referencia a Naked Kombat, una página de porno gay que está subiendo su popularidad como la espuma y de la cual ahora hay imitaciones (bastante mojigatas) como esta fiesta en Monterrey. Aunque todo es mejor que quedarse encerrado un viernes por noche.

 

Una probadita de Naked Kombat: 

 

Sigue a Óscar en Twitter: @OscarDavidLopez

 

Anteriormente:

Las viagras y yo

 

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