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      La transición de poder en China

      November 15, 2012

      Por George Ding

      Mientras Estados Unidos lame sus heridas tras una dura elección presidencial y regresa a la típica lucha partidista, otra gran potencia mundial ha comenzado su propia transición de poder. El XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China comenzó el jueves. No habrá muchos votos populares, pero a diferencia de Estados Unidos, el liderazgo que resulte de dicho proceso estará compuesto de un conjunto de personajes muy distintos a los anteriores.

      El congreso es un teatro político (con énfasis en teatro). La acción ocurre dentro del auditorio principal de la Gran Sala del Pueblo en Beijing. Todas las decisiones importantes se votaron meses atrás. Los miembros del partido en los roles de mayor jerarquía recitarán soliloquios extensos y es poco recomendable salirse del guión.

      Prácticamente, Xi Jinping reemplazará a Hu Jintao como líder del Partido Comunista de China y presidente de la República Popular. El politburó reclutará a nuevos miembros y pasarán algunas otras cosas.

      Por más emocionante que sea que el país más poblado y, próximamente, la mayor fuerza económica del mundo esté cambiando de líderes, el proceso en sí es soporífero. Pero frente a un fondo de corrupción, asesinatos y represiones, este Congreso llega en un momento crítico y complicado de la historia del país.

       

      SENTAR LAS BASES

      Ha sido un año difícil para el Partido Comunista. Primero: uno de los activistas de derechos civiles a quien mantenían bajo arresto domiciliario ilegalmente logró escapar a la embajada de Estados Unidos en Beijing, donde él y su familia recibieron asilo. Este hombre debe ser un ninja Houdini, ¿cierto? De hecho, se trata de Chen Guangcheng, un abogado autodidacta y ciego.

      Segundo: uno de sus miembros más importantes del Partido Comunista, Bo Xilai, ex director del partido en Chongqing y uno de los 25 miembros de politburó, fue acusado de conspirar con su esposa para asesinar a un inglés.

      Peor aún, la historia salió a la luz sólo porque el corrupto jefe de policía y vicepresidente de Bo, Wang Lijun, decidió dejar de proteger al loco de su jefe.

      El 6 de febrero, Wang, temiendo por su vida, huyó al consulado estadunidense en la provincia vecina de Sichuan con evidencia de que Bo y su esposa, Gu Kailai, habían conspirado para asesinar a un hombre de negocios inglés llamado Neil Heywood, quien podría haber sido un espía. Estas cosas no se inventan.

      En resumen: Wang fue sentenciado a 15 años por desertor y abuso de poder, entre otras cosas; Gu fue acusado de asesinato y sentenciado a muerte (cosa que sigue pendiente, pues el partido rara vez ejecuta a los suyos por crímenes por los que no pensarían dos veces si se tratara de un ciudadano cualquiera). El juicio de Wang tomó dos días, mientras que el de Gu sólo uno. La justicia en China sí que es pronta y expedita.

      Por su parte, Bo fue relevado de todos sus cargos, incluyendo su participación en el Comité Central y en el politburó, y fue expulsado del partido el 4 de noviembre, cuatro días antes del Congreso Nacional. No se le ha vuelto a ver en público, y se cree que está en una prisión secreta esperando su juicio.

       

      MANTENER LA PAZ

      El escándalo de Bo Xilai fue una crisis para el partido, la más grave desde 1989, porque cuestionaba su legitimidad. Si Bo Xilai era tan corrupto, la gente se preguntaba, ¿cómo llegó a su posición dentro del aparato político?

      Con esto en mente, es fácil entender por qué el partido estaba un poco preocupado por esa transición de poder que ocurre cada diez años.

      Tomaron todas las precauciones imaginables, las cuales, dado su poder casi ilimitado, rayaban en lo absurdo y paranoico. El gobierno prácticamente bloqueó el acceso a Google y a sus servicios por —supongo— permitir el libre acceso a la información, extendiendo así su lista de sitios prohibidos como Facebook, YouTube y Twitter.

      También bloquearon los medios noticiosos que sacaban artículos sobre los jugadores clave. Bloomberg y Businessweek fueron bloqueados por publicar un artículo sobre la riqueza de la familia del próximo presidente Xi Jinping, aunque el artículo no lo acusaba de haber hecho nada malo. The New York Times desapareció luego de publicar un texto similar sobre el presidente saliente, Wen Jiabao, en el que se revelaba que sus parientes tenían 2,700 millones de dólares en bienes.

      La policía en Gansu, una provincia en China occidental, incluso ofreció 50,000 yuanes (ocho mil dólares) por información sobre personas que fueran a inmolarse en forma de protesta por las políticas intervencionistas chinas, un fenómeno que se ha vuelto más común. A pesar de que las noticias sobre estos incidentes son completamente bloqueadas en los medios nacionales, este problema ha alcanzado niveles tan alarmantes que es inevitable que no se sepa en el mundo. Pero ocho mil dólares seguro no fueron suficientes, porque hubo cuatro inmolaciones un día antes del Congreso.

      El nivel de ridiculez llegó a la cima en Beijing, donde el Congreso se lleva a cabo. Los taxistas debían remover las manijas de las ventanas traseras de sus autos para evitar que la gente arrojara volantes por la ventana, aunque el taxi que tomé hace algunos días se negó a acatar la medida. Los hoteles recibieron órdenes de no transmitir canales de noticias extranjeros. Algunos supermercados quitaron los cuchillos y otros objetos filosos de sus estantes.

      Entre los artículos potencialmente peligrosos también estuvieron la pelotas de ping pong, palomas y aviones de control remoto.

       

      ¿CÓMO ES EL EVENTO?

      Con tanta planeación y seguridad, uno pensaría que el Congreso Nacional era una mezcla entre las Olimpiadas y un reunión del G8. Pero, igual que con todos los eventos políticos en China, el Congreso es como una obra de Noh, sólo que mucho más confusa y somnolienta.

      Por ejemplo, tenemos la retórica del discurso de Hu Jintao durante la ceremonia de apertura del Congreso:

      Junto con el marxismo-leninismo, Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y el importante pensamiento de la triple representatividad, el desarrollo con un enfoque científico representa la guía teórica a la que el partido se debe adherir a largo plazo.

      No te preocupes si no entiendes de qué está hablando, los chinos tampoco. “¿Eso qué quiere decir?” fue la reacción de mis colegas chinos. Como dijera otro amigo: “Escuché el discurso durante diez minutos y no escuché una sola oración coherente”.

       

      LA REACCIÓN EN CHINA

      Es casi imposible medir la respuesta del chino promedio al Congreso. Mientras que la televisión y los periódicos, todos propiedad del estado, muestran rostros alegres, la prensa seudolibre en internet cuenta otra historia.

      En Weibo, el microblog chino, aparecieron parodias y fotografías de las restricciones antes mencionadas, pero este grupo de geeks sardónicos es difícilmente representativo de la población china.

      En el periodo previo al Congreso, los internautas desarrollaron el nombre clave "Sparta" para referirse al Congreso y sacarle la vuelta a las restricciones en internet. En chino, el Congreso se conoce como Shibada, que suena como Sparta en chino, Sibada.) "Sparta" es ya un término bloqueado en Weibo.

       

      ¿QUÉ SIGUE?

      No esperes ninguna sorpresa. Como es de esperarse, Xi Jinping fue nombrado secretario general del XIX Congreso Nacional, y se asume que, así como Bo fue perdiendo sus puestos lentamente, Xi heredará, poco a poco, las funciones de Hu Jintao: Secretario General del Partido Comunista, Presidente de la República Popular China, Director del Consejo Militar Central del Partido Comunista Central y Director del Consejo Militar Central de la República Popular China. Como escribiera Shakespeare: “un hombre en su tiempo asume muchos papeles”.

      Algunos analistas predicen que el Comité Permanente del Politburó, el grupo de nueve personas en la cima de la pirámide, podría ser reducido a siete. Es casi seguro que dos de sus miembros permanezcan en sus lugares: Xi Jinping y Li Keqiang, el actual vice primer ministro, pero los otros cinco están por verse. A pesar de todo el revuelo, es poco probable que, Liu Yandong, la única mujer en el Politburó, sea nombrada.

      Aunque Hu Jintao ha defendido el estado de derecho y advertido al partido que la corrupción podría ser su destrucción, es difícil ver cómo las palabras de un hombre que dejará su puesto en tres días resolverán un problema tan generalizado y cambiarán un sistema tan dependiente de patrocinios, corrupción y nepotismo.

      Lo que sea que suceda, el partido y el gobierno seguirán en su búsqueda de la estabilidad. Seguirán comprando deuda estadunidense, intentarán seguir mejorando las vidas de sus ciudadanos y, sobre todo, mantener el poder cualquiera que sea el precio: ambiental, social o de cualquier tipo.

      Pero eso es lo interesante de un país con una historia dinástica tan larga como la de China. No se trata de quién tiene el poder, sino de quien puede conservarlo por más tiempo.

      @dingsanbai

       




      (photos via Xinhua)

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      Temas: china

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