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      Cómo ser voluntario en una ONG en África, en 10 pasos

      December 13, 2012

      Por María Ferreira

      Es Navidad, y como ya se han encargado esos anuncios ridículamente caros en El País, es el momento de pensar en otras almas menos afortunadas. Pero eso no es fácil cuando llevas seis meses en el paro a pesar de tener más títulos que experiencias sexuales. Sin oportunidades a la vista de encontrar “algo de lo tuyo”, es comprensible que te sientas deprimido. Todos tus amigos se han largado a Nueva York o Londres, pero a ti tus padres eso no te lo van a pagar. ¡Y entonces todo encaja! Siempre puedes presentarte voluntario en alguna organización benéfica para largarte a África. Qué importa que ni siquiera te gusten los niños. Los niños negros tienen que ser mejores que los niños blancos, ¿no?

      Primer paso: ¡Felicidades! Ya has dado con la ONG adecuada a la que vas a pagar 80 euros semanales por tu estancia. Te has comprado el billete de avión por unos 700 euros. Has contratado un seguro de viaje por 200 euros. Ve a vacunarte, hazle una foto a la cartilla de vacunación internacional y súbela a todas las redes sociales de las que seas esclavo, poniendo: “Me voy a Kenia a ayudar a una ONG”.  Si ya de paso abres un blog, polvo asegurado antes de irte.

      Segundo paso: No olvides que vas a salvar el mundo. Y para salvar el mundo necesitas ropa cómoda y lo más cutre posible. Camisetas anchas. Zapatillas gastadas. Nada de maquillaje. Pantalones sueltos. Ponte a ver pelis como Las minas del Rey Salomón, Las Nieves del Kilimanjaro, Mogambo o Memorias de África. Deja que tu imaginación se empape de escenas idílicas e imagínate paseando entre leones.

      Tercer paso: Llegas a un orfanato. Los niños corren a recibirte gritando: “mzungu, mzungu”, que significa “blanco” en swahili. Coges a alguno de ellos en brazos y te giras buscando a tu colega para que te haga una foto (no olvides subirla a Facebook más tarde). Cuando les has dado toneladas de caramelos a los niños y te sientes lleno porque les has hecho felices, oh-dios-mío, y no tienes palabras para describir lo bello que es el mundo,  conéctate a las redes sociales gracias al maravilloso wifi con el que cuentan las instalaciones, y escribe: “Lección de vida: estos niños que no tienen nada y sonríen tanto…”

      Cuarto paso: Si tienes suerte y la ONG está dentro de algún parque natural, verás animalitos. Si no, confórmate con ver pollos y cucarachas, amigo. Ni cebras, ni leones, ni nada que no puedas ver a las tres de la mañana por algún barrio chungo de Madrid. Pero, ¿quién lo sabe? Haz el favor y cuéntale a alguien porwhatsapp, o escribe en el blog, que mientras meabas en la letrina has encontrado una serpiente híper-mega-venenosa, que no te ha mordido por un segundo. Gracias a Dios sigues vivo y vas a salvar a estos pobres niños de sus miserables vidas.

      Quinto paso: Llevas ya unos días en África y te aburres porque no hay trabajo. Te dicen: “Puedes ayudar en la escuelita”, o: “”Ayuda a hacer la comida”. ¡Ay amigo! Que te has gastado una pasta gansa para acabar preparando arroz u observar como el profesor local enseña a sumar a los niños. Porque resulta que no te necesitan. Pero por supuesto tú te sigues sintiéndote necesario (instinto de supervivencia) y ellos deben hacerte sentir necesario (estás regalándoles 80 pavos a la semana). Decides hacer algo por el mundo, y te vas a Nairobi a comprarles pelotas para jugar. Entonces descubres que Nairobi-oh-yeah está llena de héroes como tú buscando su lugar en el mundo. Y te lo pasas de puta madre. Y los porros cuestan 20 céntimos cada uno. Y todo el mundo está con ese buen rollito que se le queda a uno cuando sabe que está haciendo algo-realmente-bueno. Y follar es mega fácil. Y coño, que resulta que nadie tiene pareja en sus países de origen.

      Sexto paso: La frase “estoy buscando mi lugar en el mundo” es vital. Cuando tu padre te pregunte por teléfono que por qué te has quedado embarazada de un keniano con el que te has casado en un mes, contéstale con voz lánguida: “Es que papi, estaba buscando mi lugar en el mundo…” Y luego pídele dinero para conseguir la visa de tu flamante marido, que no habla ni papa de tu lengua y con el que te comunicas gracias al lenguaje primigenio: folleteo puro y duro. 

      Séptimo paso: Aprende palabras en swahili como: “Hakuna matata” (No hay problema), “Pole pole” (Despacio), “Jambo” (Hola). Pon en Facebook que “hablas el idioma swahili”.

      Octavo paso: Por la noche follas y te emborrachas. De día te haces fotos con niños descalzos (que tú sabes que van descalzos porque van más cómodos, porque zapatos les has comprado para parar un tren.) Comes arroz, pollo y legumbres. El otro día viste una vaca. Basta. Que estás en Kenia. Haz el favor y ve al restaurante “Carnivore” de Nairobi, donde ofrecen a los turistas una increíble selección de carnes exóticas (como de cocodrilo o serpiente). Hazle una foto al plato para que todo el mundo vea lo sacrificado que eres, y la dieta a la que te sometes alegremente por “ayudar”. Gástate 400 euros en un safari de dos días donde puedes fotografiar leones durmiendo o jirafas paseando. Bucólico. Pero jamás digas que has pagado por ello. Que parezca que ese paisaje forma parte del día a día.

      Noveno paso: Selecciona al keniano al que te vas a tirar. Lo que se considera como “lo más de lo más” entre los turistas y voluntarios, es tirarse a un Masaai. Se enamorará de ti. Y el amor durará hasta que dejes de mandarle dinero porque se te haya pasado el calentón o la melancolía de ese amor salvaje.

      Décimo paso: Te vuelves a España. Hazte la última foto con los niños. Promete que volverás. Deja todo el dinero que puedas, para sentir que al menos sirves de algo. Llega a tu país y no olvides hablar de que te ha cambiado la vida,  de las mujeres a las que has conocido y a las que le han practicado la ablación delante de tus narices (si señalas una mancha en tu ropa y aseguras que es de su sangre, da más impresión), habla de lo cerca que estuviste de cogerte el Ébola, si te resfrías di que es Malaria. Y por favor, lo más importante, habla de los niños-con-moscas-en-los-ojos.

       

      María Ferreira trabaja en Karibuni Africa, una ONG en en Makuyu, un poblado Kikuyu a cincuenta kilómetros de Nairobi, y de vez en cuando nos envía sus impresiones sobre Kenia:

      Brujería contra psicoterapia en las aldeas de Kenia

      ¿Qué opinan estos keniatas de las elecciones estadounidenses?

       

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      Temas: Africa, solidaridad, ONG

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