Hice Couchsurfing con los colonos en Tierra Santa

Por Andy Tenido

Hace un par de meses, una amiga mía se enzarzó en una diatriba (expuesta de forma muy coherente) acerca de cómo la web CouchSurfing apoya el sionismo ya que permite que los colonos israelíes en la Ribera Occidental llamen a su lugar de ubicación "Judea y Samaria", el nombre israelí para la mayor parte de la disputada Ribera Occidental. Desde su punto de vista, CouchSurfing apoya el proyecto israelí de eliminar la identidad palestina. Pero con lo que yo me quedé fue: "Un momento. ¿Puedes hacer CouchSurf en los asentamientos?"

Pues resulta que sí. Envié peticiones a todos los usuarios que encontré en el apartado "Judea y Samaria" omitiendo informar de que actualmente vivo en Palestina. Al poco rato recibí varias respuestas y empecé a hacer preparativos. Mi nivel de ansiedad se disparó sabiendo que se aproximaba mi primer viaje de CouchSurfing. Al fin y al cabo, esta era la gente que bajaba a las aldeas palestinas para disparar salvajemente contra cualquier cosa que se moviera.

Casi cada historia que he oído sobre colonos suena como la descripción de una horrible pesadilla, un mal viaje de mescalina coordinado por el hijo ilegítimo de Charlie Manson y Timothy Leary. Por ejemplo, recordemos aquella vez que un grupo de colonos entró a caballo en un pueblo y pegó fuego a 1.500 olivos en un único ataque. O cuando una mujer colono agarró a un niño palestino de 10 años y le llenó la boca de piedras, luego se la cerró por la fuerza y le rompió los dientes. Y esto mientras se quitaba de encima a un soldado israelí que intentaba intervenir.

Un atisbo de una parcela de tierra en Gush Etzion.

Imaginad a un miembro de un moderno Ku Klux Klan, fuertemente armado y que ni siquiera se preocupara por enmascarar su identidad con un estúpido disfraz. Pues esa es mi impresión de lo que es un colono. Claro que no todos son unos matones racistas sedientos de sangre. Esos son los que reciben la atención de los medios de comunicación. Por razones obvias. La mayoría de los que viven en los asentamientos están ahí porque reciben cuantiosas subvenciones del gobierno israelí. Es un trato bastante bueno si formas parte de la clase media-alta israelí: obtienes vivienda a un precio súper barato en un recién construido barrio de lujo, y como los ayuntamientos locales son los que normalmente aprueban quién puede mudarse al asentamiento, no tienes que preocuparte de que unos árabes monten su chiringuito al lado.

Cuando conocí a Shaul, del asentamiento de Gvaot, mi nerviosismodisminuyó. Vi que era un buen tío desde el momento en que me vino a recoger a Jerusalén. Y no me refiero a que fuera un buen tío en comparación con lo que esperaba de un colono, si no que lo era en todos los aspectos. Shaul y su mujer, Lea, fueron muy gentiles y hospitalarios durante todo el tiempo que estuve en Gvaot. Además de abrir su casa a un completo desconocido, procedente de una cultura extranjera y sin experiencia en su modo de vida, cocinaron para mí, me dieron chocolate y café, me presentaron a su familia y se mostraron muy agradables durante toda mi estancia.

Adoraban a su hija de un mes y a su loro gris africano. Se les veía muy orgullosos de ambos. Puede que vivieran en tierras robadas, pero sus razones para hacerlo complicaron seriamente mis opiniones sobre la situación. Gvaot es una pequeña comunidad de 17 familias dentro del vasto agrupamiento de colonos en Gush Etzion. (El ministerio de defensa israelí acaba, al parecer, de autorizar la construcción de 523 viviendas nuevas en Gvaot, lo cual no creo que nadie en Gvaot piense que sea algo bueno).

Un jardín en Gvaot

La gente de Gvaot vive en casas móviles en condiciones similares a las de aquellos que viven en un parque de caravanas y remolques. Es decir, que la suya no es precisamente una vida de lujos. Shaul se desplaza cada día hasta Jerusalén, donde estudia cine documental en una universidad. Se mudaron a Gvaot para estar cerca de donde trabaja Lea: un colegio para niños con síndrome de down. A mi modo de ver, dedicar tu vida a niños con síndrome de down es algo muy noble. Vi a Shaul y a Lea interactuar con algunos de los niños del colegio, muchos de los cuales viven también en Gvaot, y pude notar cómo se alegraban los niños de verles.

Lo que más me impresionó fueron sus fotos de boda. Cuando se casaron, Shaul y Lea hicieron una gran ceremonia al norte de Israel. Invitaron a todos sus amigos y familiares y a los niños del colegio. En las fotos se aprecia que se lo están pasando mejor que nunca. El problema es que siguen viviendo en tierras usurpadas. Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, se ocuparon 33 acres de tierra del pueblo palestino de Nahhalin para hacer sitio a los colonos de Gvaot.

Shaul me señaló dónde estaba Nahhalin desde el coche cuando llegábamos a Gvaot, diciendo, "Nos llevamos bien con ellos. Son buena gente". Al día siguiente comprendí por qué me dijo eso cuando vi a unos chicos palestinos haciendo paisajismo fuera de uno de sus remolques. Cuanto más charlaba con Shaul y Lea, más aparecían los detalles abstractos de su visión del mundo. Por ejemplo, mientras cenábamos en mi primera noche en Gvaot, Shaul comenzó a hablar sobre Los caballeros de la mesa cuadrada, de los Monty Python, pontificando sobre la exactitud histórica de la película.

Un roble solitario en Gush Etzion

"Quemaron a muchas mujeres por brujería en la Edad Media, pero la mayoría de las veces era mentira, como en la película", me dijo. Casi tuve que morderme la lengua para no gritarle, "¿La mayoría de las veces?" Después de cenar nos sentamos en el sofá y me preguntó sobre las elecciones en EE.UU, todavía por celebrarse en el momento de la visita. Shaul quería saber si prefería a Obama o a Romney. Yo me niego a votar a cualquiera que apoye una política de guerra interminable, lo que hace que la elección entre Obama y Romney me resulte irrelevante.

Mi hombre era Vermin Supreme, pero como no les iba a decir eso a Shaul y Lea, opté por una respuesta sin compromiso: "Aún no estoy seguro". Shaul dijo que él tampoco lo estaba, ya que creía que Obama era mejor para América y Romney mejor para Israel. Bajo la presidencia de Obama, la financiación estadounidense a Israel ha alcanzado el mayor índice de la historia, pero como me estaba haciendo el ignorante para no levantar sospechas, no mencioné este dato. La conversación sobre las elecciones desembocó en la situación política en Israel y la oposición a los asentamientos. Esto es algo que a Shaul le deja profundamente confundido. No consigue entender cómo alguien puede estar en contra de que los judíos israelíes vivan en esas tierras.

Una piscina natural en Gush Etzion

Me estaba contando un reciente ataque colono a un vehículo palestino cuando Lea le interrumpió para cambiar de tema. "Aquí casi nunca hablamos de política", me confesó Shaul. Yo, personalmente, lanzar un cocktail molotov a un vehículo lo llamo "terrorismo" y no "política".

Al día siguiente comimos shakshouka para desayunar y hablamos de la Ciudad de David. Es un horrible, horrible proyecto colonialista con dos objetivos: promocionar exclusivamente la versión sionista de la historia y erradicar a la comunidad palestina de Silwan, al este de Jerusalén.

Parecía como si todos los habitantes de Gvaot tuvieran alguna conexión con la Ciudad de David. Una mujer que desayunó con nosotros era la hija del director de dicho proyecto, y el padre de Shaul llevaba a cabo excavamientos arqueológicos allí, supuestamente para demostrar que unas ruinas (probablemente situadas debajo de la casa de alguien, con el destino de ser demolida para extraer las pruebas) eran de la fecha exacta del reinado bíblico del Rey David. Todos los que hablaron sobre el proyecto hicieron algunas vagas referencias a estar en contra del proyecto, pero les dejaba muy confundidos que alguien pudiera estar en contra de expulsar a la gente de sus casas a punta de pistola para luego arrasarlas con objeto de encontrar unas rocas de hace miles de años.

Ropa y pistolas de unos soldados israelíes de picnic

Un ejemplo definitivo de la capacidad de los colonos para ignorar esta disonancia cognitiva fue cuando montamos en mountain bike por las colinas de Gush Etzion. Es una tierra preciosa, llena de árboles y piscinas naturales de agua cristalina. No me extraña que los israelíes se la quieran quedar. Nos detuvimos en una de estas piscinas y Shaul se quedó en ropa interior para darse un chapuzón. Había un par de tíos jugando al backgammon, con sus ropas amontonadas al lado de sus armas automáticas. Me sorprendió ver la naturalidad con la que estaban ahí tiradas sus M4, con sus toallas y sus ropas, pero Shaul me explicó que eran soldados y que tenían que llevar sus armas a todas partes.

Y aquí viene la parte de disonancia cognitiva de nuestro viaje: Shaul me estaba contando que a veces algunos hombres nadan en pelotas en la piscina. "Les piden a las mujeres que se vayan, pero las mujeres a veces replican, ‘Tú haz lo que quieras, pero yo me quedo aquí porque este sitio es de todos’” ¿De todos? ¿En serio? Bueno, ¿y qué hay de los palestinos?, pregunté. ¿No vienen aquí a nadar? "No, no vienen muchos", me contestó Shaul. "No hay ningún pueblo árabe por aquí cerca". Así es como se puede robar tierras de una minoría bajo ocupación militar con el objetivo de enseñar a niños con el síndrome de Down en un centro de educación especial: porque para cierta gente es muy sencillo tener dos ideas incompatibles a la vez en la cabeza.

Todo su modo de vida apoya explícitamente un régimen de apartheid que poco a poco se acerca a una genocida solución final a la "cuestión palestina”, pero nunca habláis de política. Pueden pasar cada día por delante de Nahhalin de camino a la universidad proclamando que "os lleváis bien", pero también creyendo que "no hay ningún pueblo árabe cerca de aquí". Supongo que una vez decides dejar de pensar en ello, es bastante sencillo.

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