Retratos de las Cholitas escaladoras: si puedes verlo, puedes serlo

El fotógrafo neozelandés Todd Antony viajó hasta Bolivia en busca de estas mujeres que había descubierto en internet. Su viaje fue muy inspirador y la altitud su gran némesis.

08 Junio 2021, 2:25pm

Todd Antony nació en Nueva Zelanda, pero ya hace 16 años que vive en Reino Unido, donde se dedica a la fotografía publicitaria. Una vez al año, sin embargo, intenta llevar a cabo un proyecto personal de fotografía documental. “Me mantiene fresco desde un punto de vista creativo”, me cuenta desde Londres. “Es agradable trabajar bajo tu propio criterio, respondiendo solo ante ti mismo. Los últimos cinco años, más o menos, estos proyectos han consistido en fotografiar subculturas o grupos de todas las partes del mundo. Cuanto menos conocidos, mejor”.

Primer día de ascenso. Cholitas escaladoras. Fotografía de Todd Antony.

A Todd le fascinan las personas que tienen una perspectiva única de la vida y que la abordan desde un punto de vista completamente original. Eso lo ha llevado a conocer a gente tan dispar como un grupo de cheerleaders ancianas de Arizona, la subcultura de los camiones decorados de Japón o un equipo de fútbol de amputados de Sierra Leona.

Hace un tiempo, le tocó dirigir sus pasos hacia Bolivia, tras descubrir en internet a las Cholitas escaladoras, un grupo de mujeres aymaras que desafían las normas del género y escalan las elevadas montañas de Los Andes, siendo ejemplo para mucha gente dentro de su comunidad. “Cuando descubrí a las Cholitas escaladoras, me impactó mucho el contraste entre su ropa de colores brillantes y alegres con la dureza de la roca y del hielo”, explica Todd. “Todo avanzó muy rápido, desde el primer día que supe de ellas hasta que me encontré conduciendo por las calles de La Paz, transcurrieron solo seis semanas. Algo inédito ya que, en ocasiones, tardo más de un año en arrancar un proyecto”. 

Glaciar. Fotografía de Todd Antony.

“De las cholitas me atrapó, más que el atractivo visual obvio de su imagen, su historia de fondo, su activismo y su lucha por los derechos civiles de los indígenas. Su escalada real se convierte en una metáfora de su escalada para huir de la opresión social y la marginación sufrida durante siglos. Así como su ascenso en un campo dominado por los hombres”, nos cuenta Todd.

“Algunas de las mujeres solían ser cocineras de montaña en los campamentos base de los equipos de escalada”, continúa. “Cada día veían a los hombres irse a enfrentarse con las duras condiciones de la ascensión a los picos andinos y finalmente pensaron: ‘¿Por qué no hacemos esto también nosotras?’”. Tras este movimiento, había una intencionalidad política, aunque no era directamente el objetivo de estas mujeres. Ellas querían, sobre todo, romper los estigmas culturales en los que se sentían atrapadas y avanzar hacia un futuro más equitativo. “Estoy seguro”, nos comenta Todd, “de que las cholitas escaladoras son una inspiración para las jóvenes aymaras. Como dice el refrán, ‘si puedes verlo, puedes serlo’. El ejemplo de estas mujeres solo puede tener un impacto positivo en la mentalidad del resto de mujeres aymara”.

Cholitas escaladoras en ascenso. Fotografía de Todd Antony.

“Su escalada real se convierte en una metáfora de su escalada para huir de la opresión social y la marginación sufrida durante siglos”.

 De hecho, varias de las mujeres del grupo actualmente han dejado sus antiguas ocupaciones y se dedican a guiar a escaladores y turistas a la montaña Huayna Potosí y a otros picos de la zona, un trabajo reservado en el pasado a los hombres. Recientemente, el grupo consiguió coronar el Aconcagua, la montaña más alta de todo el continente americano con 6.961 metros. “Es increíble pensar en estas mujeres escalando esas altísimas montañas y además siempre vistiendo sus vestidos tradicionales”, comenta Todd. “No importa a qué altitud se encuentren. Utilizan también el aguayo (su mochila tradicional confeccionada a partir de un paño rectangular) para llevar su equipo de escalada y comida. Solo cuando alcanzan altitudes muy altas, comienzan a usar elementos como chaquetas de escalada modernas, más gruesas. Y una vez que pisan los glaciares y las laderas heladas ya a increíbles altitudes, comienzan a usar crampones en las botas y piolets”.

Escalando el Huayana Potosí. Fotografía de Todd Antony.

Para la sesión en la que tomaron estas fotos, Todd y su asistente acompañaron a las Cholitas escaladoras en una excursión de dos días por la montaña Huayna Potosí. A pesar de haberse aclimatado en La Paz y El Alto durante los cinco días previos a la escalada, la altitud seguía siendo muy difícil de soportar. “La Paz se encuentra a 3.640 metros de altitud”, recuerda Todd, todavía asombrado. “El campamento base de la montaña Huayna Potosí está más de mil metros por encima, a 4.700 metros. Estás a esa altura y ni siquiera has empezado a escalar todavía. El primer día llegamos a unos 5.100 metros, lo que suponía más de lo que deberíamos haber ascendido en un solo día, pero el clima era bueno y había visto algunas grietas de aspecto increíble en el glaciar Zongo, donde quería hacerles algunas fotos. Es la imagen en la que salen las cinco sobre una cornisa helada”.

Fotografía de Todd Antony.

Aunque obtuvieron una imagen impresionante, tanto Todd como su asistente Harry quedaron muy mal físicamente. Tuvieron dolores de cabeza muy intensos y malestar general. Sostener la cámara resultaba un esfuerzo casi insoportable. Sin embargo, fue una experiencia que ninguno de los dos olvidará.

Huayana Potosí. Fotografía de Todd Antony.

“Para mí las imágenes son más especiales debido precisamente a todo lo que tuvimos que hacer para conseguirlas”, nos cuenta Todd. “Cuando trabajo en proyectos como este, obviamente la fotografía es la razón principal para estar allí, pero lo que hace que cada sesión sea especial y memorable, y mantiene el deseo de encontrar el próximo tema, es la gente. Tener la oportunidad privilegiada de pasar tiempo con ellos y echar un vistazo a sus vidas únicas es algo absolutamente inconmensurable, y la fotografía me proporciona la clave para poder abrir esas puertas. En esta sesión compartimos una serie de experiencias que siempre recordaré. El primer día filmando a las escaladoras, nos sentamos al pie del glaciar Zongo, la cima de Huayana se elevaba delante de nosotros, y preparamos un apthapi (una comida comunitaria tradicional aymara). No todos hablábamos el mismo idioma, pero de alguna manera esa experiencia compartida era parte de la comunicación. Al día siguiente, cuando amaneció, con el Huayana Potosí ahí al lado, realizamos una ceremonia de challa (ofrenda) a la Pachamama para que nos ayudara en la escalada de ese día. La última parte de la ceremonia consiste en tomar un generoso trago de alcohol local que era tan fuerte que casi nos voló la cabeza. Las cholitas se rieron de nosotros cuando bebimos. Realmente son un grupo increíble de mujeres y los días que pasamos con ellas los recordaré siempre. En particular a Ana Lia y a su madre Dora, que forman parte del grupo, y que me contaron que cuando escalan juntas son mucho más que madre e hija, son mejores amigas”, concluye.

Fotografía de Todd Antony.

Fotografía de Todd Antony .

Fotografía de Todd Antony.

Fotografía de Todd Antony.

Fotografía de Todd Antony.

Fotografía de Todd Antony.

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