¿Quién es la señora que aparece en la portada de #12MásPobresMX?

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¿Quién es la señora que aparece en la portada de #12MásPobresMX?

La actitud serena de la mujer más pobre de Yucatán cautivó a fotógrafos, reporteros y editores, lo que terminó siendo un emblema de la dignidad con la que sobreviven millones de mexicanos que padecen pobreza extrema.
14.4.16

Todas las imágenes por Héctor Osnaya.

Claudia Catzín Ake, costurera de 66 años, vive en Tahdziú, el municipio con mayor pobreza extrema de Yucatán. Ella es la persona que aparece en la portada del libro Los doce mexicanos más pobres: el lado B de la lista de millonarios (Editorial Planeta Mexicana). La actitud serena y el carisma de Claudia cautivaron la lente del fotógrafo Héctor Osnaya, quien capturó la fuerza de una mujer que, a pesar de sus carencias, alza la frente y muestra la dignidad con la que sobreviven millones de mexicanos que padecen condiciones de pobreza extrema.

En los días que pasé con ellos, Claudia y su esposo Aureliano me hablaron de su noviazgo, deslizando un tímido vocablo: "Enamoráte". Sí, así, acentuada en la cuarta sílaba, como si fuera una palabra grave, Claudia se atrevió a decirla en medio de una ráfaga de términos mayas.

En Tahdziú las parejas se forman a muy corta edad, pero ellos ya habían pasado los 20 cuando decidieron formalizar su unión por el civil. Aureliano sabía que, si quería casarse con Claudia, tendría que conseguir un pequeño terreno para construir una choza. Su padre tenía una milpa en una ranchería llamada Mocté, y por eso desde niño supo que muy cerca de ahí había un cenote sagrado, esa formación geológica característica de Yucatán, a la que los mayas nombraban dz'onot. Dicen que en esa entidad existen más de 4.000 "hoyos de agua" naturales con interconexiones entre sí, y que a veces van a dar al mar. Vivir cerca de un cenote y rodeados de tierra fértil para sembrar, era cuando menos una garantía de que agua, maíz, frijol, hibes y calabaza nunca les faltarían.

Entonces Aureliano tomó valor y fue a hablar con el comisario para pedirle permiso de construir su casa. Lo consiguió y a partir de ese momento, y así durante medio año, comenzó a subir a diario en las madrugadas al "monte alto", a veces a pie, a veces a caballo y a veces en mula, para conseguir la madera y las palmas necesarias para construir su otoch (casa).

Todas las chozas de la región se construyen bajo la misma técnica. Primero se colocan cuatro horcones, que serán la base de la estructura. Hay que buscar troncos de madera rectos —no vale cualquiera— y luego con cuerdas se van atando los palos hasta que se forma una estructura recia. Para el techo se usa unas palmas llamadas huanos, y para el piso una mezcla de polvo, piedra y cal. Hoy una casa como la de Claudia y Aureliano cuesta entre 6.000 y 7.000 pesos, y sólo hacen falta unas hamacas y un fogón para poder habitarla.

No tardaron casi nada en alumbrar a su primer bebé, y Claudia asegura que se sabe "sobar" antes y durante el parto, una de las prácticas etno-obstétricas más importantes de la zona que al paso del tiempo se ha ido perdiendo; por eso, la presencia única de su esposo le bastó para dar a luz a sus ocho hijos. Pero todavía no llegaban al segundo o tercero, cuando alguna autoridad eclesiástica detectó que no estaban casados por la iglesia, y eso no podía ser. Tenían que legitimar su unión ante Dios, les dijeron. Al poco tiempo planearon todo para casarse en la parroquia de Peto, un pueblo ubicado a 17 kilómetros de Mocté. Claudia se puso hermosa, de huipil blanco, y Aureliano se vistió con su mejor camisa y pantalón para luego celebrar una comida en su casa. Fue una fiesta donde estuvieron "contentos".

Los bebés siguieron llegando, y siempre que estaban recién nacidos, Aureliano hacía todo el quehacer: daba el desayuno a los pequeños, acarreaba el agua del cenote, torteaba (hacer tortillas), cocinaba, y luego iba a la milpa. En aquellos tiempos, a principios de los años 70, los campesinos de la región vendían su cosecha. Había una comercializadora que se encargaba de comprar todo lo que se producía en el campo; y en cambio ahora, cuenta Aureliano, "hay que andar pregonando, y nada se compra; por eso sólo sembramos para nuestro consumo".

Claudia muestra la máquina de coser en la que hace las servilletas que vende. Ella costura casi todo el año, pero acelera el ritmo cuando se acercan las celebraciones del Día de Muertos, pues sólo en esa época baja a vender a Tahdziú. Así que desde finales de octubre y hasta el 2 de noviembre intenta colocar a 50 pesos cada una.

De un par de palos de madera que atraviesan su choza cuelgan unos cinco huipiles. No tiene más ropa. Y en su alacena hay una bolsa de frijol, tres de lentejas, un bote de aceite, sal, leche en polvo y algo de azúcar. Sus dos guajolotes, seis gallinas y dos cerdos están reservados para eventos especiales, como la Navidad o los cumpleaños de sus hijas.

Hoy Claudia tiene 66 años; Aureliano, 69. Ninguno terminó la primaria. Llevan más de 40 años juntos y ahora que los hijos se fueron, han vuelto a vivir solos. Su único ingreso fijo es una pensión gubernamental llamada "65 y más" de 1.160 pesos al bimestre; es decir, 19 pesos al día para cada uno. Todos sus hijos ya formaron sus familias y viven en la cabecera municipal, dice Claudia, mientras con energía da vueltas a la palanca del molino para hacer nixtamal. Da la impresión de ser una mujer casi invencible. Dice que sí, que casi nunca se enferma y sólo recuerda con espanto el Chikungunya. La fiebre que superó los 39 grados la mantuvo tumbada tres días. Era mucho el dolor en los huesos, en la espalda y en las rodillas, por eso su recio cuerpo permaneció encorvado más de 80 horas; sin el más mínimo gesto de queja, narra que se tomó un par de paracetamoles y listo. Porque de bajar a la clínica de Tahdziú, ni hablar. "¿Para qué?, si no hay cura".

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–¿Y es usted feliz?

–Sí. Tengo una vida tranquila y mi marido es bueno… además hay gente con situaciones más drásticas que nosotros –dice Claudia mientras mira por un instante a Aureliano.

Claudia Catzín es la imagen de la portada de Los doce mexicanos más pobres, que se presenta hoy a las 6pm en el Museo Interactivo de Economía, en Tacubaya 17, Col. Centro. La entrada es libre y habrá un brindis de honor.