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El legendario autor Don DeLillo habla sobre el "avance hacia la muerte"

Con "Zero K", su última novela, DeLillo nos invita a reflexionar si la criónica es una panacea más para evitar el terror que genera la muerte.
29.2.16

Don DeLillo lee de "Mao II" en la ciudad de Nueva York el 19 de enero de 2011. Foto vía el usuario de Flickr ADM.

Es la apertura de la Conferencia de Don DeLillo en la Universidad Diderot en París, y el invitado de honor se sitúa en la parte trasera de la sala de conferencias Buffon. Lleva una chamarra de cuero, un suéter color marrón y jeans negros. Tiene 79 años de edad. Le pregunto: "¿No te parece extraño asistir a una conferencia dedicada a ti mismo?".

DeLillo responde: "La verdad sí es muy extraño. No estoy seguro de por qué estoy aquí".

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Murmuro una frase insufrible del estilo: "Bueno, yo estoy feliz de que estés aquí". Es como si estuviéramos en una primera cita incómoda. No le digo que me gasté una suma no insignificante de mi propio dinero para conseguir el primer Eurostar de Londres a París por la mañana sólo para verlo, o que creo que es su claridad de pensamiento y su corazón lo que lo hacen el mejor novelista vivo del mundo. Es un encuentro breve, pero bueno, siempre tendremos París.


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Él se va. Todos lo ven conforme se aproxima hacia la parte delantera de la sala, donde se sienta estoicamente mientras que el maestro de ceremonias habla sobre sus novelas y premios. Ruido de fondo. Libra. Mao II. Submundo. Finalista del Premio Pulitzer por segunda vez. El premio PEN / Faulkner en 1992. El premio PEN/Saul Bellow por logros en la ficción estadounidense en 2010. El premio de narrativa estadounidense de la Biblioteca del Congreso en 2013. Se ve incómodo. Una vez finalizada su presentación, pregunta si puede salir y no estoy seguro si está bromeando o no.

Empieza a leer sus notas preparadas y confiesa que se siente incómodo. "¿Qué estoy haciendo aquí, en París, en compañía de los estudiosos de la literatura de tantos países?", pregunta. "Finjo ser el hombre que se supone que soy".

DeLillo rara vez aparece en público y casi nunca se presenta en conferencias sobre su propio trabajo. En sus primeros años como escritor, solía llevar una tarjeta impresa para los entrevistadores con una simple frase: "No quiero hablar de ello". Incluso en este día está prohibido tomar fotografías. Me acerco a uno de los organizadores y le pregunto por qué cree que vino DeLillo. "Creo que está entrando a esa etapa de su vida donde te vuelves más pensativo", responde. "O tal vez sólo le gusta París". Lo más probable es que sea por su nuevo libro, Zero K, que tiene que promover y que se publica en mayo.

Como no estaba permitido tomar fotografías en la conferencia de Don DeLillo, aquí hay una foto de los carteles exteriores. Cortesía de Kevin Perry EG.

La nueva novela, explica DeLillo, gira en torno a "una estructura construida muy cerca del suelo, hundida en la tierra". Experimento con ambientar la historia en Rub 'al Jali, el vasto desierto en la península arábiga conocido como "cuartel vacío". Además, su sobrino regresó de un viaje a Bishkek, capital de Kirguistán, y DeLillo se sorprendió por el "impacto que pueden ejercer ciertos nombres de lugares". Se convirtió en uno de los dos escenarios centrales de la novela. El otro, lógicamente, era la ciudad de Nueva York.


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DeLillo creció en el Bronx y parece que siempre se remite a su ciudad natal. Podemos verlo en la limusina de Cosmópolis —cuando el protagonista multimillonario Eric Packer conduce por la ciudad en busca de un lugar dónde cortarse el pelo—. También se nota en el fragmento sensacional del estadio Polo Grounds con el que abre Submundo, cuando los Gigantes de Nueva York juegan contra los Dodgers de Brooklyn.

Manhattan fue el lugar donde DeLillo se convirtió en escritor después de renunciar a su trabajo en la agencia literaria Ogilvy & Mather a los 28 años de edad. Recuerda con cariño esa época: "…trabajaba en un escritorio barato. Había una chimenea que nunca utilicé. No tenían aire acondicionado … el refrigerador estaba en el baño o el inodoro estaba en la cocina, no estoy seguro…"

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El protagonista de Zero K, Jeffrey Lockhart, pasa mucho tiempo en salas pequeñas sin rasgos distintivos. Se encuentra caminando por los pasillos de la estructura –que, en realidad, son las instalaciones de una clínica criónica–, donde la esposa de su padre, que es mucho más joven que él, espera que congelen su cuerpo cuando muera. La esperanza de que algún día "los avances científicos lleguen al punto en el que los organismos sean capaces de volver a la vida" es, según DeLillo, "el corazón" de su nueva novela.

Don DeLillo. Foto por Joyce Ravid.

La muerte nunca está lejos de la obra de DeLillo. "Todas las tramas avanzan hacia la muerte", escribió en Ruido blanco, una novela en la que los personajes están obsesionados con la búsqueda del Dylar, un medicamento que, según dicen, es una cura para el terror de la muerte. Con Zero K, DeLillo nos invita a contemplar si la criónica es una panacea más para evitar el terror que genera la muerte.

Hay una sensación de inquietud al empezar a leer un nuevo libro de DeLillo, un escritor que posee una presciencia extraordinaria. Cuando escribió su novela sobre el atentado del 11 de septiembre, El hombre del salto, los críticos señalaron que ya había previsto la próxima guerra contra el terrorismo con su libro de 1991, Mao II. El multimillonario de Cosmópolis Eric Packer se hizo rico en "la interacción entre la tecnología y el capital" en 2003, una año antes de que se fundara Facebook. En 1982, décadas antes de YouTube, los teléfonos con cámara o las transmisiones en vivo, un personaje dice: "Debes preguntarte si hay algo acerca de nosotros que sea más importante que el hecho de que nos están grabando y vigilando constantemente". No es de extrañar que Joyce Carol Oates lo haya descrito como "un hombre con una percepción alarmante" o que Martin Amis haya escrito "los dioses dotaron a DeLillo con las antenas de un visionario".


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DeLillo parece sorprendido de que le haya tomado casi cuatro años escribir Zero K. Cada frase debe modificarse hasta que capte la luz. En la conferencia menciona una oración de la nueva novela: "Cielo pálido y desnudo. Día que se decolora en el oeste. Si fuera el oeste. Si fuera el cielo….". "Escribí esta frase," dijo, "y luego me le quedé viendo un rato … la curiosa yuxtaposición de las letras dentro de las palabras… Tal vez sea una locura pero lo que veo en la frase sobre la hoja de papel blanco en la máquina de escribir antigua, de alguna manera mística, se asemeja al cielo que describo".

"Después de leer sus notas, DeLillo responde las dudas de los académicos reunidos en la conferencia. Es amable, pero se niega a entablar un análisis de su obra. En más de una ocasión, cuando mencionan algunas de sus citas, responde: "No recuerdo haber escrito eso pero te creo". Me recuerda a su novela La calle Great Jones, cuando Bucky Wunderlick, la estrella de rock protagonista, dice a un reportero: "Invéntalo. Ve a casa, escribe lo que quieras y mándalo a la prensa. Lo que sea que escribas será cierto".

La conferencia se retoma al día siguiente sin la presencia de DeLillo. Los académicos analizan su obra en su ausencia. No sé si haya descubierto qué hacía en ese lugar pero estoy contento que haya ido, aunque fuera por un momento muy breve. Mientras tanto, las pantallas informan sobre la muerte de los escritores Harper Lee y Umberto Eco. Todas las tramas avanzan hacia la muerte. Así son las tramas por naturaleza.