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¿Quieren luchar contra el SIDA? Despenalicen el trabajo sexual, dicen los investigadores

La penalización de esta práctica hace que las trabajadoras sexuales tengan más probabilidades de ser acosadas o maltratadas por la policía y menos probabilidades de usar condones, o buscar tratamiento para el Sida y otras enfermedades.
27.7.14

Imagen vía:Flickr

Los esfuerzos para prevenir el VIH por lo general consisten en intervenciones proactivas - pero cuando se trata de trabajadoras sexuales, el abandono pareciera ser la mejor receta de todas. Un estudio presentado por investigadores de la 20 ª Conferencia Internacional sobre el SIDA en Melbourne esta semana determinó que la despenalización del trabajo sexual tendría "el mayor efecto en el curso de la epidemia del VIH" en todo el mundo.

Las trabajadoras sexuales en los países de bajos y medianos ingresos tienen 13 veces más probabilidades de contraer VIH que las mujeres fuera de la industria, y tienen un alto riesgo de transmitir el virus a otras personas. Con el fin de reducir las tasas de VIH en todo el mundo, afirmaron los investigadores en la conferencia, los países deberían poner como una prioridad el mejoramiento de la situación laboral de las trabajadoras sexuales.

El estudio, que fue publicado por la revista médica británica The Lancet como la primera de una serie de publicaciones financiadas en parte por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, encontró que la penalización de esta práctica hace que las trabajadoras sexuales tengan más probabilidades de ser acosadas o maltratadas por la policía y menos probabilidades de usar condones, o buscar tratamiento para el SIDA y otras enfermedades.

Usando un modelo estadístico basado en estudios anteriores, los investigadores calcularon la potencial disminución de infecciones por VIH en los próximos diez años en tres ciudades: Vancouver, Canadá; Mombasa, Kenia y Bellary, India, en caso de que despenalizaran el comercio sexual. Encontraron que esta política reduciría el contagio de VIH entre las trabajadoras sexuales en Vancouver en un 37 por ciento, un 33 por ciento en Mombasa, y en un 46 por ciento en Bellamy.

"Hicimos una revisión sistemática de la literatura al respecto en los últimos cinco años", afirmó Steffanie Strathdee, directora de la Universidad de California en la Iniciativa Global de la Salud de San Diego y una de los autoras del artículo, "Nuestra evidencia apoya plenamente la despenalización".

Los defensores de la salud pública aclamaron la conclusión del estudio.

"En él se destacan, por primera vez, la íntima conexión entre un estado criminalizado y los riesgos que se asocian con él," Marine Buissonniere, director del Programa de Salud Pública de la Sociedad Abierta, afirmó a VICE News.

La Organización Mundial de la Salud a principios de este mes, pidió despenalizar el "comportamiento de las poblaciones más vulnerables" para contraer el virus del VIH.

"En los lugares donde se criminaliza el trabajo sexual, uno tiende a encontrar comunidades extremadamente vulnerables y marginadas, donde los habitantes son objeto de abusos en el sistema de salud, y en general no gozan del mismo conjunto de los derechos humanos", dijo Buissonniere. "Cuando un país criminaliza ya sea el trabajo sexual o el uso de drogas, tiende a enterrar a la gente bajo tierra y lejos de  servicios benéficos."

Aunque países como Holanda y Alemania han legalizado el trabajo sexual en contextos definidos, y naciones como Dinamarca lo han despenalizado en ciertas circunstancias (la práctica en la calle sigue siendo ilegal), los dos únicos lugares en el mundo que han despenalizado por completo la prostitución son Nueva Zelanda y el estado australiano de Gales del Sur. La distinción es importante: la despenalización elimina todas las reglamentaciones específicas impuestas por el estado, mientras que la legalización introduce nuevas leyes y regulaciones que son menos punitivas. En este último marco, las trabajadoras sexuales sin permisos o accesos adecuados siguen obligados a trabajar en la clandestinidad.

"La legalización de hecho replica algunos de los mismos problemas que la penalización hace", dijo Strathdee. "La perspectiva se da sobre los impuestos y el control, y no sobre los derechos humanos. Incluso en entornos legalizados hay represión policial”.

Para contradecir una preocupación común, el número de trabajadoras sexuales en Nueva Zelanda no ha cambiado significativamente desde que la profesión fue despenalizada en 2003. En Nueva Gales del Sur, que despenalizó la prostitución en 2009, las trabajadoras sexuales en realidad tienen una menor prevalencia de VIH que en el resto del país.

Strathdee y sus colegas criticaron no solo las leyes en contra de la prostitución, sino también a las políticas alternativas, como la criminalización de la compra de servicios sexuales a solas -. El llamado "modelo sueco" en contra de los clientes establecidos por Suecia en 1999. Varias naciones europeas han adoptado este tipo de leyes, y los legisladores en Canadá están considerando una ley similar.

Grupos de defensa europeos han afirmado que los clientes en los países que utilizan el modelo sueco son menos propensos a reportar situaciones de peligro o a sospechar que las trabajadoras estén siendo abusadas ​​o siendo víctimas de trata.

"Si algún cliente da con una trabajadora sexual que esté siendo objeto de trata, probablemente no denuncien nada por el riesgo a ser arrestados”, dijo Strathdee. "Solo la completa despenalización traería estos beneficios".

Uno de los temas complicados son las pocas garantías que tienen las trabajadoras sexuales para informar de tratas y abusos en la comisaría. El acoso policial puede desalentar a las trabajadoras sexuales de buscar tratamiento médico o el uso de condones.

Kholi Buthelezi, una ex trabajadora sexual quien es coordinadora nacional de Sisonke, una organización de trabajadoras sexuales de Sudáfrica (donde se cree que el 60 por ciento de las trabajadoras sexuales tienen VIH), describió la policía en su país como una fuente constante de hostigamiento y abuso.

"Las trabajadoras sexuales se ven obligadas a vaciar sus carteras, y si no encuentran preservativos, pueden usar eso como prueba para detenerlas”, dijo Buthelezi a VICE News.

La policía puede mantener capturadas a las trabajadoras sexuales por días bajo acusaciones poco claras o simplemente por estar al aire libre con condones. En algunas situaciones, dijo, los policías destruyen los medicamentos contra el VIH de las trabajadoras, o les niegan la medicina durante su detención, aparentemente solo porque pueden. Al no tomar las dosis consecutivamente se pueden aumentar los síntomas, la probabilidad de transmisión, y podría conducir a la trabajadora sexual a desarrollar resistencia a las drogas.

En el peor de los casos, los oficiales cometen violencia sexual.

"Algunas trabajadoras sexuales se niegan a todo esto y son violadas", dijo Buthelezi, haciendo notable la evidente dificultad de las trabajadoras sexuales para presentar cargos contra la policía. "La despenalización reduciría el tráfico y las tasas de VIH en cualquier país, estoy segura".

El problema no se limita a los países en desarrollo. Hubo que esperar hasta este año para que la policía de Nueva York dejara de utilizar el uso de condones como prueba en los casos de prostitución.

Los defensores de la criminalización y el modelo sueco enfatizan la necesidad de detener el tráfico sexual, pero siguen sin incluir a las trabajadoras sexuales dentro de este concepto.

"Lo que estamos notando es que las mismas trabajadoras sexuales son sin duda el mejor aliado cuando se trata de identificar quien ha sido objeto de trata", dijo Buissonniere. "Si nos fijamos mejor en las situaciones en las que las trabajadoras sexuales son facultadas, en vez de criminalizadas, o donde han trabajado en conjunto con la policía, en vez de ser capturadas por esta, nos vamos a dar cuenta que a la larga están protegiendo la comunidad”.

Aunque fueron aplaudidos los resultados del estudio sobre el trabajo sexual femenino, la escasez de datos sobre los trabajadores sexuales masculinos y los transexuales era evidente. Estos grupos son marginados, incluso dentro del mundo del trabajo sexual.

La conferencia de Melbourne, marcado por la muerte de al menos seis asistentes en el accidente del vuelo de Malasia Airlines  en el este de Ucrania, terminó este viernes.

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