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Rosa y Luis: Medio siglo de amor y rock

Fueron al Festival de Ancón volados de su casa cuando eran jóvenes, les encantan los sonidos pesados y solo se han perdido una edición del Altavoz.

Foto por Julián Gallo. 

Como en casi todo festival de rock, en el Altavoz lo que más se ve es la cara de la juventud. Masas de jóvenes que vienen a este tipo de eventos a ver a sus artistas favoritos y de paso, desfogarse de todo lo que llevan por dentro con la música. Pero entre ese mar de crestas, mechas largas, chalecos de jean y mucho cuero, hoy estaban Rosa y Luis, una pareja de esposos que ya van en el sexto piso y que no se separan desde que eran unos niños en la Medellín de los cincuenta.

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Siempre con el bichito del rock bien metido, este par de personajes han visto como su género favorito ha evolucionado con el tiempo, pero siempre manteniendo el mismo espíritu de toda la vida ya que como dice Luis: "El punk y el metal de ahora son la evolución de la música y por lo tanto del arte. Uno no se puede quedar en la época que  vivió ya que todo cambia y a la medida que uno sea abierto a esa situación, disfruta las cosas nuevas". Están más que conscientes de que pertenecen a otra generación pero se gozan lo que hay ahora: "Antes había mucho fanatismo. Uno no se imaginaba que pudiera existir un lugar donde por ejemplo el metal y el punk pudieran estar sonando al mismo tiempo. Así es súper rico y uno no se siente con temor porque antes uno no podía llegar a un lugar de metaleros si le gustaba el punk", asegura Rosa.

Aunque sus gustos son más bien clásicos y se metieron en el tema del rock con el auge de bandas como Black Sabbath y Led Zeppelin, no son muy fanáticos de los Beatles porque les parecen "muy suavesitos". Lo de ellos es más bien el sonido pesado y por eso estaban cabeceando mientras Los Suziox, estandartes del Punk Medallo, encendieron el Altavoz con su presentación. Y aunque por momentos pueda parecer que el punk es un sonido muy alejado a sus referentes musicales, para Rosa es muy importante porque "a través de él se puede denunciar muchas de las situaciones sociales que se viven".

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En materia de festivales musicales son unos expertos y es que tuvieron la fortuna de ser unos de los tantos asistentes al Festival de Ancón o "El Woodstock criollo", ese mítico evento que se celebró en un parque a las afueras de Medallo a principios de los setenta en donde se profesó paz, amor y mucho chicharrón. Un concierto que les marcó la vida y que para ellos rompió la historia musical de nuestro país, pero al que, claro, les tocó irse escapados de sus papás porque "así tocaba en esos años".

También son fieles asistentes al Altavoz y han sido testigos de su expansión: "Esto ha crecido demasiado. Afortunadamente nos tocó a nosotros un poquito de esta nueva generación y es que nosotros pertenecimos también a una nueva generación", cuenta Luis. No se lo pierden desde el 2005 por su hijo que no es otro que Jerónimo Álvarez, el guitarrista de la banda de death metal Cromlech y un músico que se ha presentado varias veces en el festival, haciendo que venir con toda la familia se vuelva una tradición. A él lo apoyan a ojo cerrado porque están seguros que se dedica a lo que lo hace feliz.

Según Rosa, el cambio más significativo que hay entre la escena que le tocó a ella en su juventud y la que hay ahora, es que las bandas le han subido al nivel y hay con que competirle a lo de afuera: "Ya se tiene más identidad con la música porque antes era todo como copiado".

Más claro pa' donde.

En total son 49 años de amor, festivales y mucho rock entre estos dos. Que la gloria y la música pesada esté con ellos para siempre.