Diez días de sexo libre en Berlín
Cultură

Diez días de sexo libre en Berlín

Desde hace ya nueve años, un grupo de 150 personas se reúne en una propiedad agrícola al sur de Berlín para celebrar el festival Art of Love, en el que durante diez días van desnudos y practican el sexo libre.
20.9.16

Todas las fotos por Joachym Ettel, a no ser que se indique lo contrario

Este articulo se publicó originalmente en VICE Alemania.

Dos hombres de treinta y tantos años juegan a perseguirse mutuamente alrededor de un grupo de tiendas de campaña, con sus largas melenas ondeando al viento. Una mujer desnuda está tumbada sobre un hombre también desnudo, que a su vez está tumbado en un colchón en mitad del campo. Una pareja de cincuentones se columpia en un balancín. No se miran ni se tocan, simplemente conversan en voz baja. A diferencia de los demás, y pese al calor que hace, ellos van completamente vestidos, con sus pantalones, calcetines, zapatos, camisetas y chaquetas.

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Desde hace ya nueve años, un grupo de 150 personas se reúne en una propiedad agrícola al sur de Berlín para celebrar el festival Art of Love. Los recién llegados deben llevar la ropa puesta hasta llegar al cobertizo, en el centro del recinto, para evitar escandalizar a los vecinos. Detrás del cobertizo, casi todo el mundo va desnudo y practica sexo al aire libre.

Los organizadores del festival han preparado una sala con vestuario variado para fomentar los juegos de género, si bien estos suelen darse más por la noche. Durante el día, los invitados prefieren simplemente ir desnudos o entretenerse con pintura corporal. Por alguna razón, hay gran cantidad de hombres con el cuerpo pintado de azul y el pene de rojo.

El programa del festival, de diez días de duración, está repleto de talleres. Por 600 euros, sus participantes pueden aderezar sus sesiones de sexo con clases de respiración orgásmica, masajes de próstata, potenciación del olfato o una orgía llamada Le Partouze.

Parte del trabajo de los organizadores consiste en estudiar las solicitudes que reciben y contactar con cada uno de los aspirantes para hacerles una serie de preguntas con las que buscan averiguar si su interés por la experiencia es saludable

A Konstantin Stavridis se le ocurrió la idea de organizar un festival de sexo después de que él y su mujer adquirieran la granja, tres años atrás. Para la pareja y los otros tres organizadores, el festival constituye una alternativa al sexo rápido y anónimo que impera en las grandes ciudades y a la monogamia. "La palabra clave aquí es 'libertad'", afirma Konstantin, quien se considera un "líder de la comunidad". "Aquí todo está permitido, siempre que no suponga un perjuicio para los demás", aclara.

Quizá todo esté permitido, pero no todo el mundo es bienvenido. Parte del trabajo de los organizadores consiste en estudiar las solicitudes que reciben y contactar con cada uno de los aspirantes para hacerles una serie de preguntas con las que buscan averiguar si su interés por la experiencia es saludable.

La mitad de los asistentes son miembros de "la comunidad", lo que quiere decir que son amigos o conocidos de los organizadores. Muchos de ellos trabajan en el ámbito de la salud sexual, como instructores tántricos, psicólogos, artistas o masajistas. Los demás suelen ser personas que se han topado con el sitio web y han enviado una solicitud, movidas por el deseo de saltarse las normas sociales o simplemente el de follar mucho.

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El participante más joven es Finn, de 26 años. Lleva el pelo castaño recogido en una cola y las uñas pintadas de rojo. Lo encuentro sentado en la hierba, pintando, y me acerco a él para preguntarle qué le ha traído al festival.

Ayer mismo tuve una experiencia muy sensual con una mujer de 57 años. Estuvimos jugueteando, fue muy bonito

"Mi novia y yo nos estábamos planteando la posibilidad de una relación poliamorosa y dimos con el sitio web del festival. Vimos fotos de la edición del año pasado y nos pareció divertido. Hemos venido en busca de alternativas a la monogamia que no impliquen infidelidades subrepticias", explica.

Remarco el hecho de que los otros participantes son bastante mayores que él. "¿Tienes algún problema con la gente mayor?", me pregunta. "Ayer mismo tuve una experiencia muy sensual con una mujer de 57 años. Estuvimos jugueteando, fue muy bonito. ¿Qué hay de malo en ello?".

Finn. Foto por el autor

En un primer momento, a Finn las clases y las charlas le parecieron demasiado "new age". Según me cuenta, todas las mañanas los invitados se reúnen en una tienda de campaña blanca, se sientan desnudos en círculo y discuten sobre los temas que puedan haber surgido el día anterior: casos de celos en una relación de tres, personas acomplejadas de su cuerpo, etc. Hoy, en el noveno día, Finn se siente totalmente cómodo con todas las actividades que se llevan a cabo en el festival.

Finn asegura que esta experiencia le ha permitido explorar su sexualidad. "Una noche me puse un vestido negro", prosigue, "y al rato estaba junto a Seani Love un tipo corpulento y peludo, que preguntó qué culo debería azotar hoy. No me lo pensé ni un momento, me puse boca abajo sobre su regazo y me azotó". La novia de Finn, que ha permanecido tumbada junto a él durante nuestra conversación, interviene para decir que los experimentos de Finn la ponen nerviosa.

"Al principio me ponía cachonda con los gemidos que se oyen por aquí, pero ya estoy un poco harta", confiesa Nina, que prefiere no revelar su verdadero nombre por miedo a que su jefe se entere de que ha asistido al evento. El primer día, Nina estuvo con Daniel, un hombre con todo el cuerpo pintado de verde. Se conocieron mientras montaban las tiendas de campaña, y desde entonces simplemente se han limitado a dormir juntos. Daniel se ha pasado casi todo el día corriendo por el campo en compañía de otras personas con el cuerpo pintado.

Mi sueño es que en breve haya una comunidad de 20 personas viviendo aquí. Pero el día a día sería mucho más tranquilo

Nina reconoce que esta experiencia le ha servido para reafirmarse como mujer. A continuación me explica que visitó una exposición de vulvas: mujeres con las piernas abiertas, ocultas por una cortina de vientre para arriba y mostrando sus vulvas. Quienes quisieran, podían entrar y sentarse cinco minutos a contemplar la vulva que tenían delante con todo detenimiento. "Me siento más segura de mí misma desde que he venido aquí. Respecto a Daniel, a mis compañeros de trabajo les diré que lo conocí en un festival de música en Berlín", afirma.

Continúo andando hacia la siguiente tienda, en la que se está celebrando un taller de "lenguaje sucio". Los asistentes se pasean por el interior de la tienda, dirigiéndose palabras aleatorias, cada vez más picantes. Frente a la tienda, dos hombres y una mujer están dándose una ducha fría mientras la mujer azota a uno de ellos.

Hoy es la última noche del festival y se espera que la cosa se desmadre bastante. Por lo visto, el programa incluye una performance con un dildo y una fiesta porno. "No sé que voy a hacer cuando esto se acabe, la verdad", se lamenta uno de los hombres, saliendo de la ducha. "A lo mejor me quedo aquí".

A Konstantin parece encantarle esa idea: "Mi sueño es que en breve haya una comunidad de 20 personas viviendo aquí", explica. "Pero el día a día sería mucho más tranquilo. Para muchos, el festival es una forma de desahogarse, más que un estilo de vida. Yo lo veo como un proyecto de investigación sobre el amor libre. Todo el mundo viene preparado para abrirse a los demás. Claro que ya han pasado nueve días y empiezo a sentirme cansado".

Traducción por Mario Abad.