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Apuntes sobre la carrera stoner más fascinante de California

En California, el consumo masivo de marihuana ha creado un mercado absurdamente robusto construido alrededor de un sistema médico quasi-legal. Los 420 Games son prueba viviente de ello.
Photo courtesy of 420 Games

Hoy en día se puede mencionar el tema del cannabis y su carga mainstream en la misma conversación —cosa que antes no se podía hacer con tanta comodidad—. Los festivales a favor de la marihuana y las reuniones públicas para fumar hierba han sido motivo de interés para los humanos desde hace medio siglo desde su prohibición para bien o para mal, pero en los últimos años el panorama se ha nutrido conforme los defensores reconocen la importancia del respeto de los políticos para escuchar su postura sobre la mota como parte de la vida estadounidense (y de todo el mundo).

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Por lo tanto, los 420 Games, cuya carrera de 4.20 millas, alias 5K, en San Francisco es algo que yo, como abogado defensor del cannabis y ávido corredor, no pude resistir.

Los atletas stoner no son particularmente un fenómeno nuevo. Aunque el consumo de marihuana permanece prohibido en casi todos los deportes amateur y profesionales, un gran número (cada vez mayor) de atletas han salido del clóset del cannabis. Como fan de toda la vida de los Red Sox, mi héroe en este ámbito siempre ha sido el franco lanzador Bill "Spaceman" Lee, quien en la década de los 70 espolvoreó sus hot cakes orgánicos con mota antes de correr cinco millas hasta el Fenway Park todos los días. Desde entonces, la evolución de cómo nos referimos al tema de la marihuana en el mundo deportivo ha ido a la par de la aceptación de la dicha droga en general. Las diferentes campañas en pro de la legalización de la mota han inspirado a prominentes atletas, como el jamaiquino velocista Usain Bolt, a aceptar su consumo en el pasado. Sin embargo, con algunas excepciones destacadas, los castigos exagerados y los comentarios sin sentido asociados con la marihuana obligan a los atletas a mantener su consumo en secreto.

En California, el consumo masivo de marihuana ha creado un mercado absurdamente robusto construido alrededor de un sistema médico quasi-legal. Algunos negocios le hacen "ojitos" a los atletas con sus productos, como los dulces de cannabis para la resistencia. Otros como Koma Konfectionz se dieron cuenta que sus productos existentes —caramelos de agua salada con altos niveles de THC y CBD— eran combinados con carbohidratos no complejos por deportistas para aliviar el dolor y la inflamación. "No tenía idea", me dijo Steve Walker de la tienda Koma, "pero tampoco me sorprende lo diversos que son nuestros clientes".

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Cortesía Stefan Borst-Censullo

Antes de entrenar para la carrera, nunca antes había mezclado mi consumo de mota con correr. El running me ayudó a escapar del ciclo autodestructivo del trastorno alimenticio que padecí en la universidad. De igual forma, la marihuana se convirtió en un método para controlar mi ansiedad producida por estudiar leyes. Aunque era consciente que ambos mecanismos me funcionaban, combinarlos me tenían preocupado porque no quería caer en el estereotipo. ¿Podría finalmente revelarme como un junkie de marihuana?

Jim McAlpine, fundador de los 420 Games con el propósito de despojar a la marihuana de sus estigmas anticipó, en menor y mayor medidas, estas dudas. En cualquier fin de semana, el estado de California presume todo tipo de carreras, al igual que todo tipo de conciertos y festivales de mota. A pesar de la tolerancia en aumento por el consumo de cannabis en dichos eventos —quizás no explícita, pero sí por medio de gestos de aprobación— el mensaje de los 420 Games fue decididamente diferente. Drogarse en el evento estuvo explícitamente prohibido, aunque uno que otro individuo en las afueras del Golden Gate Park pudo darse su toque a escondidas. Gracias al montón de correos electrónicos de organizadores y materiales promocionales que atacaron directamente la imagen de los stoners, la mayoría de los participantes se comportó de la mejor forma.

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La carrera fue sorpresivamente difícil. El eslogan de los 420 Games es "Todo con moderación menos el sudor", y por ello se aumentó la distancia y el recorrido de las colinas. Pasada la línea de meta, los patrocinadores del evento recibieron a los corredores en cabinas, y se pudo observar a pesos pesados de la industria como los chocolates Kiva y Eaze, entre otros.

La carrera parece un evento estereotípico "exclusivo de California" y, hasta cierto punto, lo es. Pero como todo lo que tiene que ver con esta droga y este estado, la realidad es más complicada de lo que la pintan los medios tradicionales. El consumo legal de mota puede apropiarse de la descripción como "el negocio con el crecimiento más rápido en los Estados Unidos", gracias a sus ganancias anuales de más de 3 mil millones de dólares. Ahora que los operadores se han apropiado del ideal estadounidense del capitalismo más vil, tiene mucho sentido que comiencen a expandir su legitimidad por medio del ideal estadounidense de la excelencia individual atlética.

Cortesía 420 Games

La vibra en los 420 Games fue totalmente a la Norman Rockwell. Representantes de Eaze estuvieron presentes para alentar a los corredores en el último cuarto de milla. Empleados y vendedores de diferentes negocios platicaban y bromeaban sobre las críticas que recibían. Fue una carrera para el recuerdo, comunal, y motivante como ninguna otra.

Los únicos decepcionados por la carrera, al parecer, fueron los medios que se dieron cita. Se habían presentado para presenciar un evento extraño y se fueron con una impresión totalmente distinta. Mala suerte para ellos, pero motivante para el resto. Esta carrera, con todo y sus diversos participantes, representa el futuro de la legalización de la marihuana, es decir, una completa asimilación cultural.

Mientras cruzaba la línea de meta, me puse a pensar el posible final de la guerra contra esta droga. Ni siquiera me sentía drogado. Me sentí como en cualquier otra carrera. En otras palabras, fue un día perfecto para salir a correr con gente en licras de todo tipo.

McAlpine, el organizador de los 420 Games, parecía sentir lo mismo. "Las personas correctas se dieron cita", me escribió por correo. "Todos entendieron la misión. Fue un evento deportivo con causa, no un evento de cannabis".