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Dejemos de politizar el partido entre México y Estados Unidos

El partido clasificatorio al Mundial entre México y Estados Unidos está siendo promovido, innecesariamente, con el telón de fondo de las elecciones presidenciales.
9.11.16
Photo by German Alegria-USA TODAY Sports

Este viernes, el choque clasificatorio rumbo a la Copa del Mundo entre México y Estados Unidos tomará lugar en Columbus, Ohio, y de seguro leerás muchísimas cosas sobre el significado del mismo. La importancia deportiva es obvia: será el primer partido entre ambos conjuntos en la ronda final de la clasificación. Una victoria estadounidense en casa postergaría su reciente dominio en contra del eterno rival. Un triunfo de visitante para México le ayudaría a generar confianza a este equipo que sigue intentando ajustarse bajo las órdenes de Juan Carlos Osorio.

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Más allá de esto, lo que el partido signifique depende de lo que quieras creer o la carga simbólica que quieras forzar sobre el evento deportivo. Existen varios artículos que buscan impregnarle una narrativa al juego como una revelación de un problema mayor, es decir, mexicanos contra estadounidense con el telón de fondo de las recientes elecciones presidenciales. Lo que se cree es que ahora que Donald Trump es el presidente electo después de una serie de ataques contra México, el partido del viernes entre estas dos naciones se enredará en esta misma retórica, y que el proceso electoral se reproducirá dentro de la cancha.

Aunque no sabemos todavía lo que significa la victoria de Trump para los mexicanos, mexicoamericanos, o estadounidenses en general, y tal vez no nos enteremos durante mucho tiempo, sí sabemos que no tiene relación alguna con el partido del viernes. Hay que recordar que un juego es un juego, y la vida real es otra; no confundamos las dos. Las vidas y el bienestar de las personas están en juego, y no tiene nada que ver con el autor del gol decisivo, ya sea Christian Pulisic o Javier Hernández. Al creer esto, se le resta importancia a las consecuencias reales y se asume que un partido de futbol importa dentro del alcance político de las cosas. Lo que significa ser mexicano y estadounidense en esta nueva realidad son preguntas de una complejidad filosófica que no pueden ser respondidas al final de 90 minutos. ¿Habrá grupos de fanáticos que se dediquen cánticos ofensivos? Sin duda. ¿Ha pasado algo similar en el pasado sin un contexto político de por medio? Todo el tiempo. A veces es parte de la horrenda naturaleza de esta rivalidad.

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Cualquier nota con una narrativa malintencionada y que haga creer lo contrario es peligrosa; además, juega de manera irresponsable con las emociones de las personas en una época donde la gente suele ejercer todo tipo de opiniones en el panorama político actual. De alguna forma, estas narrativas alimentan el mismo sentir que aseguran ya existe. Si le dices a las personas en repetidas ocasiones que este partido es más que un juego, y que el seguidor del otro equipo sentado a tu lado es en realidad tu enemigo y que puede lastimarte, la gente comenzará a creerlo. ¿Cuál sería el propósito? ¿Para mejorar los niveles de audiencia? ¿Para incrementar el tráfico en redes?

No hay nada malo en emocionarse por un partido con una longeva rivalidad, o descifrar el parado técnico que los equipos usarán sobre la cancha. Disfruta el júbilo o mortifícate por la derrota, sin importar de qué lado estés. Pero dejemos de sugerir que significa algo más que eso. No se trata de un argumento en contra de los deportes como un reflejo de la sociedad. En ocasiones, todos los que trabajamos en medios deportivos nos hemos colgado de esa creencia, la cual sin duda en ocasiones es relevante. Pero en este caso, la gente asegura que los deportes son idénticos a la sociedad, lo cual es erróneo. Sin importar quién resulte ganador, el partido no tendrá un efecto real sobre lo que está pasando en los Estados Unidos o México. Porque nadie sabe a ciencia cierta, y no lo sabrá hasta después del partido del viernes.