Historias de acoso en la pista de baile
Ilustraciones: Chacho Grijalva Bustamante

Historias de acoso en la pista de baile

A través de estos cinco relatos planteamos una de las problemáticas más reales de las fiestas en nuestro país.
16.7.16

Las "delgadas líneas" entre una convivencia normal y el acoso parecen ser casi imperceptibles para aquellas personas que a más de uno le han arruinado el viaje en una noche de baile.

Porque ¿quién pensaría que respirarle en el cuello a un desconocido en la pista es acoso? ¿Cuándo nos imaginaríamos que levantarle el vestido amistosamente a una chica cuando se distrae es mal visto por la sociedad? ¿En qué cabeza cabría que está mal acechar e insistir a las personas a que bailen contigo a pesar de su negativa?

Sabemos que el acoso en la pista de baile es un problema real. Particularmente en los países latinos, donde resulta ser una cuestión muy arraigada a la cultura machista que lamentablemente nos sigue afectando como sociedad.

En THUMP soñamos con un mundo mejor donde haya pistas libres de acosadores raros mataviajes, por lo que recopilamos una serie de testimonios de chicas que nos platicaron sus malas experiencias en el dancefloor.

Pasaba ya la media noche en un club en Monterrey, cuando los ánimos incandescentes rugían a todo furor en la pista de baile. Aún lo recuerdo bien. Todos con un objetivo: bailar hasta la última gota de música (bueno.. casi todos). Sacando los mejores pasos de baile, con sonrisas coquetas hacia uno mismo de esas cuando reconoces mágicamente una rolita que puso el DJ. Todo era perfecto. Todos bailábamos, sentíamos y disfrutábamos sabrosamente la música. Hasta que escucho susurrar en mi oído "Bailas bien chilo" mientras sostenía su mano en mi cintura por detrás. ¿¡Es neta!? Que ni ese momento íntimo y musical puedas darte a disfrutar porque siempre están esos acechadores cazando los momentos perfectos para regarla con un "bailas bien chilo". Aunado al toqueteo de cintura. ¡Baja trips! Le hubiera gritado. Hay que saber respetar el espacio ajeno de las personas. Esa intimidad musical que nace en la pista de baile cuando la música está en éxtasis. Y abajo avión. Fue triste y chistoso. No tuve que decir nada más que mis ojos no hayan dicho ese momento. En fin, ese fue el más reciente acoso en la pista de baile. Algo que si sucede y creen que es "normal".

- Isabel Silva (25 años)

Una vez cuando estaba llegando a una fiesta a tocar por Ecatepec, la gente en el dancefloor me empezó a pedir fotos. De repente llega un wey y me preguntó normal si podía tener una foto conmigo y conteste que sí. En eso, ¡que me lame la oreja! Reaccioné gritándole y el amigo que venía conmigo casi se agarra a golpes con él. Eso estuvo demasiado acosador. Que un extraño te lama la oreja con todo y cuello… neta me dio muchísimo asco.

- DJ Pollyfonika (25 años)

El viernes pasado fui con dos amigas al Café Iguanas en Monterrey. Todo era felicidad hasta que un hombre de aproximadamente 40 años tambaleándose en su ebriedad me empujó toscamente en la barra intentando pedir otra cerveza; desde ahí supe que no sería mi persona favorita de la noche. Después estuvo alrededor de una hora viendo e intentando acercarse a mis amigas. Pero el verdadero problema llegó casi cuando ya se me había olvidado su presencia. Sin darme cuenta ya estaba detrás de mí, me tocó una pompi y levantó mi vestido. Me di vuelta inmediatamente y para bien o para mal no dude un segundo en darle el mejor puñetazo de mi vida en su acosadora cara. Después intenté darle otro igual y cayó al suelo, momento en el cual reaccionaron las personas alrededor y me ayudaron inmediatamente a sacarlo. Incluso los guardias, quienes fueron de gran apoyo. A lo que quiero llegar con esto no es a incitar la violencia, sino a que sepan defenderse, no vivir con miedo y actuar cuando es necesario. Entreno desde hace 8 años artes marciales y nunca me había visto involucrada en ningún tipo de pelea fuera de torneos y entrenamientos. De hecho en la mayoría de las academias se inculca usarse solo como defensa y no ataque. Las invito a que tomen alguna clase que las ayude a sentirse más seguras. Casi cualquiera es buena y como están las cosas actualmente en Monterrey, México y el mundo, necesitamos ver por nosotras mismas y las nuestras. Un abrazo a todas

- Laura Burgos (26 años)

Aquí va una en Guadalajara. En una fiesta, me toco ir con varios amigos y nos dividimos en parejas. Éramos puros amigos, nadie quedando con nadie, ni nadie nalga de nadie. En la mañana del domingo un chavo estaba platicando conmigo y con el amigo que era mi "pareja". Bueno total, el vato empezó a platicar con los dos y soltó la pregunta de si éramos novios y mi amigo contesto que no. De inmediato el chavo se cambia de estar al lado de mi amigo y se cambia a mi lado. Empezó a platicar conmigo y yo pues equis, platiqué. Pero ya de rato llegaba y llegaba por atrás según súper buena vibra queriéndome dar masajes. Lo hizo como tres veces hasta que le agarre las manos y se las quite de mis hombros y le dije "Báilale wey, a eso vienes. No a dar masajes". El vato se cagó y se ofendió…me dijo mamona y se fue ja.

- Nuria Harper (26 años)

Estaba bailando súper metida en mi onda en una fiesta en Guanajuato… ojos cerrados y música increíble. Un wey se acercaba continuamente a preguntarme si quería bailar con él a lo que yo respondí varias veces: "no, gracias. A mí me gusta bailar sola". Después de un rato de no ponerle atención (a pesar de que el hombre seguía ahí viéndome fijamente) de repente se acerca súper enojado me toma del brazo y me dice: Si no quieres bailar conmigo ¿entonces porque bailas así, provocándome? ¡Coqueta!" Pero en un tono notoriamente alterado acusándome de "calienta huevos" y "mamona". Eso me sacó mucho de onda porque ¿qué onda con el tipo? O sea, en su mente yo no bailaba para divertirme sino para "provocarlo" y después jugar con él al "rechazarlo". Un verdadero desubicado.

- Marcela Villanueva (25 años)

Viví un tiempo en San Cristobal de las Casas, estuve alrededor de dos meses haciendo servicio social ahí. Y como buena universitaria que no le tiene miedo al pox, salía casi todos los días de fiesta. Estaba acostumbrada a lidiar con extranjeros disque hippies y muy cachondos que "buscan aventura". La mayoría de las veces no pasaba de un pequeño rose en las nalgas o sus bocas muy cerca de mi oreja diciendo alguna tontería. Los mandaba al diablo y ya, no había mayor problema. Pero un jueves por la noche, en una fiesta de psytrance árabe—les juro que así decía el flyer—un vato de casi dos metros y rasgos extremadamente egipcios me empezó a tirar la onda mientras bailábamos. No voy a mentir: el tipo no estaba mal y no me pareció mala idea bailar con él. El problema fue que llegó un punto en que cada vez lo tenía más cerca y sentía que sus manos me apretaban demasiado el cuerpo. Puse la excusa de ir al baño y aprovechar para hacer pipí, ir buscar a mis amigas y escapar, pero el árabe me siguió hasta el baño y antes de que pudiera darme cuenta, entró detrás de mí. Recuerdo que lo primero que hice fue sonreírle y tratar de colocarme a lado de la puerta. Estaba muerta de miedo. "¿No vas hacer pipí? me dijo en un inglés horrible, "Después podemos hacer cosas". Ni siquiera pude contestarle. Salí corriendo de inmediato, con el chorrito de meada a medias y la cara pálida. Afortunadamente la dueña del lugar era una rifada y en cuanto le dije lo que había pasado, mandó a dos encargados para que lo sacaran.

-Gio Franzoni, 24 años

Ya no hay excusa, en caso de que tú seas uno de esos que no entiende la diferencia entre un "si" y un "no", con estos ejemplos puedes darte una idea de lo que estás haciendo mal.